El lunes pasado volví de Boston. La conferencia fue muy interesante, y mi charla fue bastante bien (después de la charla se acercaron unas cuantas personas para decirme que les había gustado; siempre es una buena señal). Pero voy a dejar los temas académicos a un lado, ya que tengo pensado escribir sobre ellos la semana que viene, coincidiendo con algo que pasará entonces (ahhhhh… tendréis que esperar al post para saber lo que es…) En este post lo que me concierne es lo que pasó después de la conferencia.
La conferencia terminó el viernes y, como mi vuelo no salía hasta el domingo, pues reservé el sábado para hacer turismo. Otro asistente a la conferencia, que también se quedaba en Boston hasta el domingo, se unió junto con otra persona que el susodicho conoció en el hostal donde se hospedaba. Siguiendo los consejos de Arkaitz y R nos aventuramos a seguir el Freedom Trail (un paseo por las zonas historias de Boston) e ir a ver ballenas. Lo de las ballenas básicamente consiste en un viaje de tres horas en el que te pasas una hora yendo a la zona donde suelen estar las ballenas, una hora observándolas, y otra hora volviendo. Y si no ves ballenas, te dan un billete gratis para otro viaje. Afortunadamente, tuvimos suerte y no vimos una sino tres ballenas. Y no sólo eso, eran ballenas jorobadas (humpback whales), unos ballenones de unos 15 metros de largo. Y, nada más llegar, una de las ballenas hizo esta pirueta:

La foto, evidentemente, no es mía. Pero eso es exactamente lo que hizo la ballena. La bióloga que venía en el viaje para narrar la excursión y responder preguntas nos dijo que no era habitual que las ballenas hiciesen esa pirueta, y que en estos viajes generalmente solo les ves aletear, expulsar aire, nadar cerca del barco, etc. Pero vamos, la hora viendo las ballenas fue impresionante. Una de ellas incluso llego a nadar debajo de nuestro barco, con lo cual la vimos muy muy cerca. Si vais a Boston, recomiendo el plan de ir a ver ballenas.
El resto del día lo dedicamos al Freedom Trail. No nos lo hicimos entero, pero si tuvimos ocasión de ver unas cuantos sitios interesantes. Habiendo estudiado en un colegio americano, me parece que lo disfruté un poco más que mis compañeros turísticos porque sabía que significado tenían muchos de los sitios (como la iglesia donde se colgaron las linternas que le indicaron a Paul Revere por donde avanzaban las tropas británicas).
Por cierto, las pocas fotos que hice en Boston están disponibles en la galería.
El domingo, como mi vuelo no salía hasta las seis de la tarde, aproveché para ir a una matinal de Wall·E, la nueva película de Pixar. Im. Presionante. No le falla nada y la animación, como siempre, es una gozada. Lo más sorprendente de la película es que apenas tiene dialogo humano, y casi todas las emociones se comunican, con sorprendente efectividad, a través de ruidos de robots (el protagonista de la película, Wall·E, es un robot). Como dijo el director de la película, es como si hubiese hecho “R2-D2, la película” (de hecho, el editor de sonidos es la misma persona que diseñó los ruidos de R2-D2).
Tras la película, me fui al aeropuerto, donde pude “ver” la final de la Eurocopa. Y por “ver” quiero decir que estaba siguiéndola a través de Internet, porque en el aeropuerto de Boston evidentemente no tenían ninguna razón para ponerlo en la tele. Eso sí, como el vuelo era un vuelo directo a Madrid, la puerta de embarque estaba llena de españoles que, al terminar el partido, pegaron un grito de alegría que pilló por sorpresa a muchos otros pasajeros (que ni siquiera sabían lo que es la Eurocopa). Por cierto, la vuelta la hice con Iberia. Sinceramente, no sé por qué sigo volando con ellos… ha llegado a tal punto que me resulta más atractivo hacer escala en Londres simplemente por poder volar con American Airlines o British Airways. En la clase turista más barriobajera, American y British te ofrecen una pantalla individual en tu asiendo con video-sobre-demanda con una selección más que suficiente para mantenerse entretenido durante siete horas. Los asientos son bastante cómodos (un invento que me encanta es que la parte superior tiene partes móviles que lo convierten en un reposa-cabezas para evitar que tu cabeza se mueva al dormir). Incluso la comida es sorprendentemente buena. En Iberia sigue habiendo un único “canal” de entretenimiento, así que si no te gusta la película que ponen, pues vas listo. Los asientos son claustrofóbicos, y la comida lamentable. Toda la experiencia es de vergüenza ajena, vamos. Menos mal que el retorno a Chicago en septiembre lo hago con British Airways…
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