(08:40, domingo 27 de julio)
El dolor de cabeza ya se me ha pasado, aunque sigo teniendo la garganta algo irritada (intentad dar de 4 a 7 horas de clase al día -en los cursillos de julio- y ya vereis como acaba vuestra garganta :-) Eso si, ya tengo las pilas cargadas, asi que vamos a repasar como ha sido el maravilloso viaje desde Madrid hasta Poznan.
Como evidencia mi anterior artículo, primero cogimos un avión de Madrid a Berlín. Ninguna novedad. Los aviones son aburridos. Punto. Una vez en Berlín, habia que decidirse entre ir a Poznan en tren o ir en un coche alquilado. Al final nos decantamos por un coche alquilado porque así teniamos más libertad de movimiento. Y precisamente con nuestra recién adquirida libertad de movimiento (en forma de un enorme coche cuya marca y modelo no recuerdo…esto de los coches nunca se me ha dado bien) le echamos un vistazo a Berlín.
He de reconocer que Berlín tampoco me pareció una ciudad muy impresionante. Vale, solo estuvimos ahi un par de horas, pero lo poco que vi no terminó de convencerme…eso sí, el Reichstag me pareció un edificio impresionante, especialmente con la cúpula que ha añadido Norman Foster (sí, el del Metro de Bilbao). La puerta de Brandenburgo me decepcionó un poco… yo me esperaba algo mucho más grande y…errr…alemán. La verdad es que, puestos a comparar, es más impresionante la Puerta de Alcalá (”Miralá, miralá, miralá, miralá,…”).
Tras comer (en un restaurante italiano, claro…globalización a tope… :-) empredimos el viaje hacia Polonia. El trayecto desde Berlín hasta la frontera con Polonia fue bastante ‘normal’. Luego llegamos a la frontera, con la consiguiente cola de media hora en la aduana, y dos agentes de aduana (una alemana y una polaca) que nos miraban como si llevasemos sacos de cocaina en el maletero. Pero bueno, tras pasar la aduana, primer choque cultural.
Yo antes pensaba que habia tres maneras de conducir: normal, temeraria, y suicida. Pues bien, esa lista ahora queda ampliada a: normal, temeraria, suicida, y polaca. Todo el trayecto desde la frontera hasta Poznan fue en una autovia de un solo carril, con un generoso arcén. Pues bien, en Polonia al parecer es habitual que vayas comiendote el arcén para dejar que te adelante (esto lo hacen sobre todo los camiones). Pero claro, el arcén no da para el coche o el camión entero, asi que cuando adelantas siempre te comes un poco de carril de la otra dirección. Y claro, tienes que estar siempre pendiente por si alguien del otro carril va a adelantar, por que dan por supuesto que te vas a tragar el arcén en cuanto les veas venir de frente con mirada suicida. Lo más divertido es cuando (en el otro carril) ves a un camión tragandose el arcén, un coche adelantandole, y otro coche adelantando al primer coche (ni recuerdo como salimos de esa, aunque creo recordar que involucró comerse más arcén de lo recomendable). También es muy divertido adelantar un camión cuando viene otro camión de frente (pasas justo justo entre los dos camiones, porque el otro camión también invade parte de su arcén). Bueno, esto último no lo hicimos, pero lo vimos, junto con otro montón de temeridades. Sobra decir que en un tramo de 100 kilometros vimos como 2 o 3 accidentes de trafico (no los presenciamos directamente, pero ahi estaba la policja enfrentandose a coches severamente desfigurados).
En definitiva, un sistema cojonudo para adelantar (por lo menos para adelantar más que en España), pero también un sistema cojonudo para pegarse la leche del siglo. Por no hablar de la cantidad de ciclistas que puedes comerte…
En fin, después de eso, ya llegamos al hotel, que está bastante bien, y fue cuando escribí el anterior artículo (el del dolor de cabeza). Así que de momento no tengo mucho más que contar. Mañana empieza ya la conferencia, con lo cual por fin podré conectarme a Internet, colgar los artículos, y mirar el correo (joder, llevo desde el jueves sin mirar el correo…voy a tener como 400 mensajes de SPAM)
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