Monthly Archive for Agosto, 2003

Australia, Día 17 - Byron Bay

Trouble in paradise… Esta mañana me he levantado, me he asomado a la ventana y, para mi horror, he visto que el cielo estaba totalmente nublado y que estaba lloviendo. Joer, ¿que ha pasado con el apacible y paradisiaco pueblecito al que llegué ayer? Afortunadamente, la lluvia cesó rapidamente, aunque las nubes y el viento persistieron. Cuando salí a la calle, comprobé sorprendido que la temperatura era (a pesar de las nubes y el viento) simplemente perfecta: ni muy fria ni muy caliente. Emprendí el camino hacia el faro de Byron Bay, y en el proceso pasé toda la mañana paseando.

Las vistas de camino al faro, y desde el faro, son simplemente impresionantes. Playas que llegan hasta donde alcanza el ojo, montañas en la distancia, y un mar azul e impoluto. Hice bastantes fotos, pero dudo mucho que puedan capturar toda la fuerza visual de lo que vi. Al menos me quedarán los recuerdos :-)

De camino al faro pasé por “Australia’s most easterly point” (es decir, el punto más al este de todo el continente australiano), desde donde las vistas eran igualmente impresionantes. Desde ese punto se supone que pueden verse las ballenas que migran de la Antartida al norte (y viceversa), pero solamente en días con mar tranquilo y, claro, con el viento que hacia, no habia manera de divisar ninguna ballena entre tantas olas.

Después del paseo, descanso en el hotel, compritas por el pueblo y, finalmente, me fui al cine de Byron Bay para ver The Italian Job (con Mark Wahlberg). Ni idea del título en castellano, pero va de robos, persecuciones, etc. La verdad es que es bastante entretenida. Eso sí, es acojonante lo caro que es el cine aquí en Australia. Solamente la entrada sale casi 1500 pesetas (errr, perdón, 9 euros :-P ), y las palomitas y bebida ya ni te cuento… Por lo menos en este caso fue dinero bien invertido (aunque 1500 pelas me parece pasarse un poco…)

En definitiva, Byron Bay es verdaderamente un lugar que mola mazo. Como dije en el artículo de ayer, este es uno de esos lugares alejados del mundanal ruido donde uno puede desconectar absolutamente de todo. Que pena que tenga que irme mañana :-( Eso es, mañana toca autobus a Brisbane y vuelo a Sydney. Y después de eso, día y medio en Sydney antes de volver definitivamente a casa…

Australia, Día 16 - Byron Bay

¡¡¡Siiiiiiiii!!! Tras un vuelo de Melbourne a Brisbane, y unas cuantas horas en un autobus…¡Ya estoy en Byron Bay! ¡Ya puedo salir a la calle sin llevar jersey, chamarra, y bufanda! Ufff, me hacía mucha falta esto, especialmente después del frio que hacía en Melbourne. Joer, que calorcillo más majete hace aquí. Byron Bay es un agradable y tranquilo pueblo costero, lejos del mundanal ruido (está a unas 3 horas al sur de Brisbane, y un porrón de kilometros al norte de Sydney). Es uno de esos pueblos pequeños y hogareños llenos de tiendas pequeñas y restaurantes entrañables…vamos, uno de esos lugares dónde poder desconectar de todo. También es el paraiso de cualquier surfista, porque tiene unas playas enormes con unas olas considerables (de hecho, a varios kilometros de Byron Bay hay un pueblo llamado Surfer’s Paradise…en serio, ¡no es coña!).

Hoy no he podido hacer mucho, porque he llegado a Byron Bay a las 4 de la tarde (2 horas antes de que anochezca…que aquí haga calor no quita para que siga anocheciendo en horario de invierno). He paseado por el pueblo, y me he acercado a una de las playas. Al igual que en Jervis Bay, me parece que las playas Australianas son acojonantes…de las que creía que sólo existían en las películas. No he podido evitar la tentación de quitarme los zapatos, remangarme los pantalones, y mojarme un poco los pies. Como dije en el artículo de Jervis Bay (día 9), yo evito las playas como la peste, pero sinceramente en estas playas no me importaría nada pasar un día y pegarme un buen chapuzón (bueno, igual un chapuzón no, que por aquí hay tiburones y medusas con muy mala leche). En fin, después del paseillo por la playa ha anochecido, con lo cual no he tenido más remedio que volver al hotel, porque aquí (al igual que en Melbourne) estoy solo ante el peligro y salir a disfrutar de la vida nocturna de Byron Bay en solitario me parece un poco triste…

En un artículo anterior comentaba que uno de los aspectos negativos (de los pocos, porque insisto que en general el viaje está siendo una caña, y me lo estoy pasando muy muy muy bien) es el haber venido en el invierno del hemisferio sur. En Melbourne, y de nuevo en Byron Bay, me doy cuenta que este viaje es la repera, pero que habría sido 200% mejor si hubiese podido engañar a alguien…errr….quiero decir…hubiese podido animar a alguien para venirse a Australia conmigo. En Sydney no me rayaba mucho porque está David y más gente, pero en Melbourne y Byron Bay estoy más solo que la una y se echa en falta alguien con quien poder comentar lo que ves en un museo, para entusiasmarse juntos después de ese peazo musical We Will Rock You, pasa salir a cenar, o simplemente para pasear por las playas de Byron Bay. Vaaaaaaale, se me está empezando a ir la olla, así que voy a cambiar rapidamente de tema :-)

Estoy en un hotel simplemente acojonante, de esos en los que las habitaciones tienen terraza y todo. Siendo la última escala del viaje, la verdad es que he querido mimarme y en la agencia de viajes escogí un hotel de los buenos :-) Lo unico que lamento es pasar sólo un día y medio en Byron Bay… En fin, voy a intentar aprovechar bien el tiempo que voy a pasar aquí. Mañana voy a pegarme un buen paseo hasta un faro que hay aquí que debe ser mu bonito, y también hasta un punto que debe ser el ‘punto más oriental de Australia’ (vamos, el punto que está más al este de todo Australia y que debe tener unas vistas impresionantes). En definitiva, en Byron Bay toca RELAX :-)

Australia, Día 15 - Melbourne

Último día en Melbourne. Menos mal, el frio ya estaba empezando a afectar mi salud mental. Ya se que ahora mismo en Bilbao, al igual que en buena parte de Europa, sigue habiendo una ola de calor con temperaturas hasta 50 grados (eso me dijo alguien el otro día), pero la verdad es que no sé si prefiero eso antes que tener que salir a la calle con chamarra y bufanda… brrrrrrr.

En fin, Queen sigue en mi cabeza. En serio que el musical We Will Rock You es una pasada. Lo mejor de todo es que hoy en un cybercafé me puse a buscar información sobre el musical y me encontré con la grata sorpresa de que…¡¡¡lo van a estrenar en Madrid!!! ¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiii!!! Bueno, en cuanto lo estrenen (comienzos de Octubre) voy a ir a verlo de cabeza :-D Venga, ¿alguién se anima a venir a Madrid a ver We Will Rock You? Además, como bonus adicional, también pueden caer El Fantasma de la Opera y My Fair Lady (sí, me vuelven locos los musicales :-D )

El último día en Melbourne ha transcurrido sin novedad. A la mañana he ido al zoo, que ha estado bastante bien (yo diría que incluso mejor que el de Sydney). No tenian más animales que en Sydney, pero podias acercarte más, y la mayoría estaban haciendo algo, a diferencia de los de Sydney, que parecia que se habian dopado recientemente. Entre las cosas más interesantes, vi un ornitorrinco por cuarta vez en toda mi vida, un grupo bastante animado de babuinos (si, los del enorme trasero rojo…por cierto, la mitad de ellos estaban, para horror de los turistas con niños pequeños, dedicandose a ‘perpetuar la especie’: “Papa, papa, porque el babuino pega por detras a la babuina?” :-D ), y unos mandriles un poco guarros (habia leido lo de que algunos simios comen sus propios excrementos, pero hasta ahora no lo habia visto…puajjj).

Del zoo fui al Queen Victoria Market, un mercadillo con todo tipo de cosas, donde aproveché para comprar los habituales souvenirs para que luego no me acusen de volver con las manos vacías. Y, desde ahí, directo al hotel. Mañana me toca un madrugón bastante guapo porque el vuelo a Brisbane sale a las 7 de la mañana. Ufff, que bien, Brisbane, en el norte, calorcillo… estoy hasta las narices del mal tiempo, necesito un poco de calor tropical YA :-P

Australia, Día 14 - Melbourne

¡Olvidaos de lo que he hecho el resto del día! El evento del día ha sido ir a ver We Will Rock You, el musical producido por Queen. ¡Que peazo musical! Han sido unas tres horas de pura diversión rockera con las mejores canciones de Queen, interpretadas con la colorida coreografía propia de un musical. Ha estado muy muy muy pero que muy bien. Lo mejor de todo ha sido que las canciones están perfectamente integradas con el argumento del musical. Basicamente, el musical está ambientado en el futuro (año 2300 y pico) en el que la música ya no existe (bueno, sólo está permitida una blanda música pop autorizada por Globalsoft, una organización que controla la Tierra, ahora llamada “planeta Centro Comercial”). El musical trata sobre las aventuras del protagonista Galileo Figaró, que descubre que es El Soñador que devolverá la música al planeta. El comienzo del musical es genial, en el que un hippie explica cómo desapareció la música y aclara que “el comienzo del fin fue la aparición de un programa llamado Operación Triunfo” (conocido como ‘Australian Idol’ por estos lares). ¡Que mofas! Me parece que con eso ya se pilla el feeling general del musical: estamos invadidos por pseudoartistas que nos bombardean constantemente con pop blando y barato, y ya va siendo hora de que volvamos a la música de verdad…¡como el Rock & Roll!

El musical entremezcla todas estas puñaladas a la música contemporanea con unas veinte canciones de Queen. El ritmo del musical no decae en ningún momento, aunque lo mejor, sin duda, es la traca final. Galileo Figaró ha llegado a las ruinas de Wembley Stadium, donde ha encontrado el legado que dejó Queen a los músicos del futuro, e interpreta We Will Rock You. Acojonante. Luego terminan el musical con We Are The Champions, una de las pocas canciones que hace que se me pongan los pelos de punta (y no veais como te quedas cuando lo oyes en directo en un teatro, con unos altavoces ENORMES a todo trapo). Y cuando creemos que todo ha acabado, en la pantalla aparece el texto: “Want to hear Bohemian Rhapsody?”. Griterio, alaridos, aplausos, un unánime “YEEEEEAAAAAHHHHH!” por parte del público. Los actores interpretan Bohemian Rhapsody. Que momento. Increible, muy increible. Genuino momento pletórico. Y cuando los interpretes salieron, no hubo simplemente griterio y aplausos, sino una ovación. El espectaculo estuvo de p*** madre, y os aseguro que hace muuuuucho tiempo que no voy a una función que recibe una ovación al final del espectaculo.

Bueno, pues eso, que un musical increible. Si os encontrais en cualquier momento en una ciudad donde se representa We Will Rock You, y os gusta la música de Queen, o el Rock, o los musicales, entonces no dudeis en ir a verlo. Os aseguro que, por mucho que os cobren en la taquilla, merecerá la pena.

P.D.-Bueno, vale, el resto del día he hecho otras cosas, como visitar la antigua Prisión de Melbourne y el Observatorio (un edificio de 250 metros con observatorio en el ultimo piso). <sarcasmo>Oooh, aaah, que emocionante</sarcasmo>. No, en serio, la prisión estuvo bastante bien, pero es que en este momento no puedo quitarme el musical de la cabeza. No paro de tararear Bohemian Rhapsody…any way the wind blows…

Australia, Día 13 - Melbourne

Bueno, ¡que dia más acojonante! La excursión a Phillip Island ha sido sinceramente una pasada. Quizás no vimos tantas cosas como en la excursión a Jervis Bay, pero me parece que las cosas que vimos fueron más intensas. Tengo que empezar por lo que a mi más me impresionó: ¡HE DADO DE COMER A UN CANGURO! No, no, un momento, me corrijo: canguroS en plural. Nos han llevado a una reserva natural donde tienen en una campa un montón de canguros sueltos. Nos acercamos con un cubo lleno de ¿comida de canguro? y les hemos dado de comer a varios canguros. Y no estoy hablando de canguritos, sino canguros que me llegaban a la barbilla. Y hemos podido estar con ellos, acariciarlos, mimarlos, etc, etc. Increible, sinceramente increible. Esto deja a cualquier zoo a la altura del barro. Una cosa es poder ver un animal desde lejos o en una jaula, y otra cosa bien distinta es poder acercarte a él, tocarlo, y sentir como recoge la comida de tu mano con su boca. Eso sí, estos canguros evidentemente estaban bastante domesticados. El guía nos dijo que si un humano intentara acercarse a un canguro salvaje, recibiría una fuerte patada…

En general, todo lo que habia en la reserva natural estuvo bastante bien. Supongo que es lo bueno de ir a un lugar que, a diferencia de un zoo, no está hipermasificado y puedes acercarte más a los animales. También he tenido en mis brazos a un wombat (su aspecto es el de un extraño cruce entre un oso y un cerdo…ya sabeis, otro de los animales raros de Australia :-) Sinceramente, el wombat no es precisamente mono, pero tener uno en tus brazos sigue siendo una experiencia. También vimos dingos domesticados, que son una monada pero que, al igual que los canguros, pueden facilmente sacarte las tripas si te encuentras con uno en plena naturaleza. Otro animal curioso que vimos fue una especie de llama cuyo nombre no recuerdo, pero que era la mar de graciosa. Me parece que se llamaban alpacas o algo así…¡Ah! Y eso de que las llamas escupen es estrictamente cierto (a mi no me escupieron, pero al guía le soltaron un buen escupitajo cuando se negó repetidas veces a darles comida).

Pero bueno, el proposito de la excursión no era esa reserva natural (aunque a mi sinceramente me habría bastando y sobrado con el lugar ese) sino visitar Phillip Island, un parque natural con bastantes pingüinos. Eso sí, antes de llegar a los pingüinos hicimos varias paradas. Algunas de ellas pasaron sin pena ni gloria (una visita a una bodega australiana y una playa muy grande pero no tan paradisiaca como la de Jervis Bay) y otras estuvieron bastante bien. Por ejemplo, paramos en unos acantilados desde los cuales se pueden ver focas. Sin embargo, no estabamos ‘en temporada de focas’ con lo cual los acantilados estaban llenos a rebosar de gaviotas. En serio que no os podeis imaginar la cantidad de gaviotas que había ahí (ni el ruido que hacen todas juntas). Un espectaculo digno de una película de Hitchcock :-) Lo más divertido es que debiamos de estar en plena epoca de apareamiento, con lo cual la mitad de las gaviotas estaban…jejeje…bueno, ya sabeis…”perpetuando la especie” :-D

En fin, al anochecer llegamos a la zona de los pingüinos. El cuento es el siguiente: los pingüinos salen al amanecer de sus guaridas (unos agujeros excavados cerca de la playa) para adentrarse en el mar y pasarse el día buscando comida. Al anochecer, vuelven a la playa y, desde ahí, a sus guaridas. Pues bien, desde unas plataformas estrategicamente situadas se puede observar de cerca el retorno de los pingüinos a sus guaridas. Y, efectivamente, justo al anochecer, vimos a los primeros pingüinos emerger del agua para andar, de esa manera tan divertida, hasta sus guaridas. Eso sí, estos no eran pingüinos de los grandes, sino fairy penguins (¿pingüinos hada?), una especie de pinguino de unos 30cms de altura. La verdad es que son una monada, y ver como un grupo de 20 o 30 pingüinos de esos pasa a tan solo un metro de tus narices es una pasada. Eso sí, no dejaban bajo ninguna circumstancia tomar fotos :-( Joer, y yo que quería hacerme una foto con un pingüino y titularla “Yo y Tux”… :-) La prohibición se debe al hecho de que el flash de las camaras los deja ciegos (en serio, para siempre), y aunque hace años prohibieron unicamente el flash, la gente seguia flasheando a los pobres pingüinos, así que prohibieron por completo cualquier artefacto fotográfico.

Los pingüinos fueron todo un espectaculo, pero estando en una isla en plena noche y a una considerable distancia de cualquier gran ciudad, la verdad es que hubo algo que me impresionó tanto (o más) que los pingüinos: el cielo. En serio, nunca he visto un cielo con tantas estrellas y tan…tan…¡bonito! Me quedé mirando como un bobo durante varios minutos, para aprovechar al máximo tan celeste espectaculo. Era realmente increible, incluso podía verse la Vía Lactea, algo que me parece que nunca he podido distinguir en ‘otros cielos’ (generalmente llenos de nubes, o contaminación, o simplemente luces de la ciudad). Además, Marte está ahora en su punto más cercano a la Tierra (algo que sólo debe ocurrir cada varios miles de años) con lo cual también vimos claramente a Marte (un gran punto rojo y luminoso en el cielo).

En definitiva, una excursión memorable, aunque me costaría decidir si es mejor o no que la de Jervis Bay. Eso sí, estoy empezando a darme cuenta que cuando mejor me lo paso en Australia no es cuando veo algún monumento o museo, sino cuando tengo ocasión de maravillarme de las extrañas criaturas que deambulan por este continente, o cuando veo algún espectaculo de la Naturaleza que dificilmente puedo encontrar en cualquier otro rincón de la Tierra (como ver a docenas de pingüinos paseandose por una playa, o ese maravilloso cielo estrellado).

P.D.-Ah, casi se me olvidaba…merece mención aparte el guía de la excursión, un neocelandés un pelín tronado que nos ponía música muy ‘temática’ en el minibus. Después de visitar la bodega, nos puso canciones que hablaban del vino. Después de la reserva natural, canciones infantiles sobre koalas, canguros, wombats, etc. Incluso nos puso la canción de Skippy, the bush kangaroo, que todavía recuerdo de mi infancia :-D Y al volver a casa nos puso canciones lentas que hablan sobre el retorno al hogar, etc, etc. Y como la compañía que organiza el tour se llama “Go West”, pues la última canción que oimos fue “Go West” de los Village People. Muy fuerte :-D