Archive for Abril, 2004

Richard Stallman en Bilbao

Me llena de orgullo y satisfacción (como diría Juancar) poder dar la siguiente noticia en mi humilde weblog: Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre, gurú entre gurús, estará en Bilbao el 26 de abril. Stallman viene a dar la ponencia inaugural del congreso Ciber@RT-Bilbao 2004 y, gracias a las gestiones del grupo de software libre de Deusto (el e-GHOST, grupo al que pertenezco), también se dejará caer por la Universidad de Deusto. Ambos eventos tendrán lugar en auditorios de gran aforo, y el acceso será libre para todo el mundo (aunque en CiberART se priorizará a la gente matriculada en el congreso, lo que no creo que suponga un problema porque tienen un aforo de 600 sitios :-P).

Si os resulta posible acudir a a uno de los dos eventos (o a ambos - el contenido de ambos eventos es distinto), os animo a que lo hagais. Richard Stallman es un orador excelente (lo pude comprobar en el CERN), y sabe transmitir perfectamente su pasión por el software libre, y por la posibilidad de que algún día seamos libres del yugo del software propietario y de las patentes del software. Mediante su visita, espero que más y más gente en Euskadi se percate de las enormes ventajas que conlleva el uso del software libre, no solo a un nivel técnico sino también a un nivel ético. Por la parte de Deusto, espero que la visita de Stallman contribuya a que empiecen a caer los bastiones del software propietario que se han afianzado en la universidad (sí, los que seais de Deusto ya sabeis que esto es un poco utópico, pero no por ello hay que dejar de luchar).

En fin, un evento de proporciones épicas que en Deusto seguramente recordaremos durante muuucho tiempo ;-) Para los detalles, aquí os copiopego la nota de prensa oficial:

Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre y del proyecto GNU, estará en Bilbao el dia 26 de abril para dar una ponencia magistral titulada "Un software libre, una cultura libre" en el Festival y Congreso Internacional Ciber@RT-Bilbao 2004.

La ponencia tendrá lugar en la Sala A1 del Palacio de Euskalduna a las 9:40h (en inglés). La entrada para su conferencia será libre aunque la entrada estará limitada por el aforo a la sala que es de 600 personas y se priorizará a todas aquellas personas que se hayan matriculado en el congreso y pagado la correspondiente matrícula que da derecho a la asistencia a la totalidad del congreso y a la posibilidad de oir 96 comunicaciones de todo el mundo. El Festival Comenzará el día 23 de abril a las 20:00h en el Mercado del Ensanche y durará hasta el día 30 de abril.

Según la web de Ciber@ART, "El Congreso Internacional del Festival (que dura del 26 al 29 de abril) tiene un caracter bianual y es un espacio de debate y reflexión. Bajo el nombre Desafíos para la Identidad Ubicua se trabajará en torno a los desafíos que plantea la Cibercultura y las nuevas prácticas artísticas que utilizan las tecnologías digitales y las tecnologías emergentes para su desarrollo."

Aprovechando su estancia en Bilbao, Stallman mantendrá a las 17:30 un encuentro con la comunidad académica y hacker de Euskadi en el Paraninfo de la Universidad de Deusto, donde dará su clásica charla "The Free Software Movement and the GNU/Linux Operating System" (en castellano). El acceso a esta charla será libre y unicamente limitado por el aforo del Paraninfo (400 personas). La Universidad de Deusto cuenta con un grupo de software libre, el e-GHOST, que, junto a Ciber@RT, ha ayudado a organizar la visita a la Universidad de Deusto.

Visita de un lector

Ayer tuve la ocasión de conocer en persona a uno de los lectores más ‘lejanos’ de BorjaNet: a Mikel, el unico lector (que yo sepa) residente en Dubai.

No, no es que me haya ido de vacaciones a Dubai ;-) Mikel es de Bilbao de toda la vida (cagüendioslahostiajoder!) y lleva ya varios años estudiando en el American School of Dubai. Se ha dejado caer por su tierra natal y, aprovechando su estancia, pues que menos que quedar para vernos las caras. Hombre, que conste que, fuera del weblog, Mikel y yo hemos mantenido una larga correspondencia sobre la Universidad de Deusto, dónde esperamos verle el año que viene. Vamos, que no es que quede con todo el que me deja un comentario en el weblog ;-)

De todas maneras, es una experiencia interesante el poder conocer en persona a alguien que ya conoces ‘virtualmente’, sobre todo porque te comunicas hablando en un par de horas lo que te costaría por e-mail varias docenas de mensajes.

A raiz de todo esto, voy a ver si inauguro una sección en la galeria titulada Fotos con Lectores. Como ahora solo tengo una foto (con Mikel), no voy a inaugurar la sección todavía porque quedaría un poco sosa. Sin embargo, voy a ver si en breve puedo agenciarme fotos con lectores que me pillan más cerca (eso va por vosotros, Joseba y Pablo :-D )

Todo el día en pijama

Hay días en los que sencillamente no te apetece hacer nada. Absolutamente nada. Ni siquiera quitarte el pijama a la mañana y vestirte. El primer día de cualquier periodo vacacional (por muy corto que sea) siempre suele ser así para mi. Pereza absoluta. Deambulo por la casa en pijama como un zombi, alternando entre el ordenador, la tele (cuando está libre), y la cama.

Este tipo de días son los que realmente me permiten recuperarme después de varias semanas de trabajo. Y la verdad es que no es por la escasa actividad física, sino por la total y absoluta falta de responsabilidades. La decisión más importante que tengo que tomar a lo largo del día no tiene que ver con la estructura y redacción de un tutorial de programación ni con planificar algún viaje a algún congreso. No me paso el día comiendome el tarro sobre los desafios de ser profesor ni sobre lo que hay que hacer el 14-M. Nada de eso. Mi actividad mental este día ha rozado el encefalograma plano. La pregunta más importante que he tenido que hacerme hoy ha sido: “¿Me hago un sandwich de jamón…o de chorizo? ¿Jamón o chorizo? ¿Jamón o chorizo?”

Eso es lo que realmente relaja, despeja, y reconstituye. El hecho de no tener absolutamente ninguna preocupación durante un día entero, hasta el punto de que quitarte el pijama y ponerte la ropa te parece una tarea innecesaria (total, me tengo que poner el pijama de nuevo a la noche, ¿no?) Incluso he dejado pasar la oportunidad de ir a ver Peter Pan (que me han dicho que está muy bien) porque me resultaba más atractiva la horizontalidad.

Eso sí, tampoco he dedicado el día entero a vegetar. Me he leido el último libro de Michael Moore, Dude, where’s my country?. Está bastante bien. Haría un analisis más profundo, pero me da pereza :-) También he empezado a ver el DVD de Queen Live in Wembley ‘86, que recibí el otro día de Amazon. Y a la hora de cenar he sucumbido escandalosamente al pecado de la gula (los ateos celebramos la Semana Santa pecando :-P ) gracias a una oferta de 2×1 a domicilio que tiene Telepizza por estas fechas (que conste que no tenia ni idea de la oferta cuando llamé… pero cuando me dijeron que podía llevarme una segunda pizza gratis, no lo dude ni un instante…)

En definitiva, una gozada. Pero bueno, mañana ya empezaré a hacer cosas un pelin más productivas (como vestirme y tal). Ah, y por si alguien se pregunta como he resuelto La Pregunta del Día (la del sandwich de chorizo…o jamón) pues muy sencillo: al final me he decantado por no hacerme un sandwich. Me daba pereza :-)

Crónica de un día en el CERN

Ahora que ya me quedan unas pocas horas -laborables- en el CERN (vuelvo a Bilbao el domingo), voy a dedicar un poco de tiempo al weblog. Bastantes personas me han comentado antes del viaje, o durante el viaje, que no se imaginan como debe ser el día a día en un lugar en el CERN. ¿Te pasas el día entero acelerando particulas? ¿Venden tarros de neutrinos en la tienda de regalos? ¿Están las distorsiones en el espacio/tiempo al orden del día? La verdad es que el CERN es un lugar increible, pero la rutina cotidiana tampoco es de ciencia-ficción. Para aclarar todo esto, voy a realizar una crónica de lo que es (para mí) un día normal en el CERN, con abundancia de enlaces y fotos.

El día comienza más o menos sobre las 7:30. No me he traido despertador ni aprovecho la alarma del móvil. Realmente no me hace falta porque sobre esa hora es cuando mi reloj biológico pone en marcha toda la maquinaria. Además, no tengo que ‘fichar’ a ninguna hora concreta. Siempre y cuando realice diligentemente mi trabajo, puedo entrar a las 10:00 si me da la gana.

Me levanto. Miro por la ventana. Desde mi habitación en el hostal del CERN (edificio 39 del CERN) tengo una vista bastante buena de las montañas Jura. Una ducha rápida. Sin prisa pero si pausa, voy a desayunar al Restaurante 1 (edificio 501 del CERN), a escasos metros del hostel. Un croissant y una napolitana después, subo rapidamente al hostal, cojo el portatil, y emprendo el camino hacia mi puesto de trabajo, pasando por varias calles con nombre de físicos famosos (como la Calle Albert Einstein o la Calle Isaac Newton).

Lo bueno de hospedarte dentro del CERN es que puedes ir andando a trabajar. En unos diez minutos puedo plantarme en el edificio 600, mi base de operaciones durante estas tres semanas. Además, en el paseo hasta el susodicho edificio tengo unas vistas aun más impresionantes de la montañas Jura. En esta epoca del año todos los picos están nevados, a diferencia de septiembre, cuando no había nieve por ningun lado. Me doy cuenta en esos momento que la Suiza que vi en septiembre fue una Suiza descafeinada y sin nieve, y me alegro de poder contemplar estas impresionantes montañas en toda su gloria y esplendor. De hecho, el primer día que las vi cubiertas de nieve, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “Joder, parecen las almenaras de Gondor“. Algunas mañanas casi te esperas ver una hogera en alguno de los picos (momento en el cual, por supuesto, ¡acudiría al auxilio de Gondor!)

Llego al edificio 600, que más que un edificio es más bien un barracón situado al lado del edificio 31 (uno de los principales edificios de la división de Information Technologies del CERN). Entro en mi despacho, compartido con varias personas. Me siento en mi sitio y enchufo el portatil. Primera tarea todas las mañanas: “apt-get update” seguido de un “apt-get dist-upgrade -u”, todo ello a unos 300KB/s, una velocidad bastante normalilla teniendo en cuenta que he llegado a bajarme cosas a 800KB/s por estos lares. Miro el correo. Leo EL CORREO DIGITAL para ver si pasa algo interesante en el distante hogar. Y me pongo a trabajar, por ejemplo, en la nueva version de The Globus Toolkit 3 Programmer’s Tutorial.

La mañana transcurre sin muchas novedades y, además, termina pronto, porque aquí se come a las 12:30. Estos helvecios están majaretas, como diría Obelix. Pero bueno, “While in Rome, do as the Romans”. Suelo ir a comer con dos programadores del CERN de mi edad, uno portugues y otro austriaco, al Restaurante 2 (edificio 504), convenientemente situado a 60 segundos del edificio 600. Curiosamente, la frontera franco-suiza pasa por la carretera que hay que cruzar desde el edificio 600 al edificio 504. Puedo alardear de cruzar la frontera todos los días para comer “porque sirven mejor comida en el pais de al lado”. La comida del Restaurante 2 está bien, pero se echa de menos un poco de variedad. En este restaurante tienen mucha afición por los platos rimbombantes y, siendo una persona de gustos sencillos (eufemismo para ‘quisquilloso a la hora de comer’), opto por platos más estandares (salchichas, pizzas, lasagna, etc.). Después de comer, un cafelito. Desgraciadamente, aquí no saben lo que es el ‘café con leche’, y siempre acabo tomando algo con demasiado café o demasiada leche. Menos mal que un día estuve en la cafetería del edificio Atlas y pude degustar un café con leche hecho y derecho, gracias a la presencia de camareras españolas que saben la proporción exacta de café y leche (¡y de espuma, muy importante!) que debe tener el café con leche.

Tras el cafelito, vuelta al trabajo sobre las 13:30. Joder, a esa hora estaría yendo a comer en Deusto, y no volvería hasta las 15:30. Es verdad que lo que se echa de menos siempre son las cosas pequeñas… En fin, la tarde también transcurre sin muchas novedades. Eso sí, poco después de volver de comer suelo notar como mi mente empieza a proyectarse hacia dimensiones alternativas. A mi cuerpo no le ha bastado con el horrible brebaje que han intentado colarme como café y pide cafeina. Ni corto ni perezoso, me dirijo a la máquina de Coca-Cola más cercana, situada en el Centro de Calculo del CERN (edificio 513). En el pasillo que une el edificio 31 y el edificio 513 me encuentro siempre con una curiosa broma que han colocado los informáticos. Aprovechando que estoy en el Centro de Cálculo, a veces me paso por la galería de visitantes, desde la que se puede ver la impresionante sala principal del centro de cálculo, lleno de clusters, supercomputadores, y routers y switches.

Como he dicho, la tarde no da mucho sobre lo que hablar. Sigo trabajando hasta que me de la gana. El edificio está abierto hasta muy tarde, y tengo llave del despacho (y, si lo solicitase, podria utilizar mi tarjeta del CERN para acceder al edificio en horas intempestivas). A veces me vuelvo pronto al hostal, y a veces me quedo en el despacho hasta muy tarde porque no quiero irme sin antes haber terminado lo que estaba haciendo. Al no afrontar una vuelta a casa en metro, puedes plantearte volver cuando te dé la gana.

Cuando estoy plenamente satisfecho con lo que he echo ese día, o sencillamente he acabado hasta los cojones y quiero irme, recojo mis cosas y, antes de irme, compruebo que la papelera siempre está llena de Coca-Colas y de vasos de café… ¿por qué será? Me dirijo al hostal, dejo las cosas en mi habitación, y bajo al Restaurante 1 para cenar. Me toca cenar sólo, porque no conozco a nadie que se quede a cenar en el CERN. Por lo menos este restaurante me gusta más que el Restaurante 2. Hay más variedad, tienen yogures de limón, y además tienen ’semanas temáticas’ (durante la semana texmex me forré a pollo a la barbacoa y a chili con carne). En el Restaurante 1, durante la cena, puedes ver a todo tipo de curiosos personajes. Gente con pinta de haber estudiado bachillerato con Einstein, al típico novato que no sabe como funciona el restaurante del CERN y no encuentra dónde dejar la bandeja (me recuerda a mi primer día en septiembre), a un tipo que parece sacado de Matrix (gabardina negra de cuero incluida), etc., etc. Una de las cosas que más presencio durante la cena es a físicos discutiendo (a veces acaloradamente) sobre Física, dibujando improvisados diagramas en servilletas para apoyar su punto de vista.

Concluida la cena, me dejo caer brevemente por el User’s Office (edificio 61) para utilizar uno de los terminales públicos y navegar un poco por Internet, visitar weblogs, y mirar el correo una última vez antes de ir a dormir. Concluida la sobremesa en Internet, me dirijo a mi habitación. A veces me meto directamente al sobre. A veces me veo un episodio o dos de Futurama (tuve la previsión de traerme unos cuantos episodios en DVD para combatir el aburrimiento). Y tras dormir un mínimo de ocho horas (bastante profundamente, por cierto), comienza un nuevo día en el CERN…

Evidentemente, no todos los días son exactamente así. Casi todos los días hay alguna novedad, alguna particularidad, que diferencia el día un poco de los demás. Por ejemplo, la primera semana estuvo aquí la inefable Lisa Childers, una de las máximas autoridades del Globus Toolkit. Tuve ocasión de reunirme varias veces con ella, e incluso de ir a cenar al exclusivo Café de Paris en Ginebra. Esa misma semana también pululaban por el CERN gente que conozco del CSIC, por lo que por lo menos tuve alguien con quien hablar en castellano. La segunda semana iba a venir Ian Foster (”el padre de la Grid”), con quien ya tenía acordado reunirme para hablar sobre la Universidad de Chicago (Ian Foster es catedrático ahí). Sin embargo, se puso malito en el último momento y no pudo venir. Bueno, por lo menos vino más gente del CSIC y pude seguir ejercitando el castellano. La tercera semana no ha tenido ninguna novedad espectacular, aunque fue la semana en la que aprendí DocBook y lancé una nueva versión de The Globus Toolkit 3 Programmer’s Tutorial basada en DocBook (un lenguaje que mola, mola mazo).

Así que, ya veis, estar en el CERN tampoco es como vivir entre las páginas de una novela de Asimov, pero sigue siendo una experiencia increible que no dudaría en repetir en cuanto se me presentase la oportunidad. Y eso a pesar de que no me dejan jugar con los neutrinos del acelerador de particulas