Esta semana me ha tocado viajar, aunque afortunadamente no demasiado lejos. Ha sido a Valladolid, con lo que he podido ir tranquilamente en autobús. El proposito del viaje: el 4º workshop del proyecto CRAC, un proyecto que está explorando las posibilidades de aplicar tecnologías Grid al aprendizaje colaborativo. Fui invitado por uno de los miembros del proyecto, Luismi Vaquero (lector del BorjaNet y de mi tutorial de Globus), a dar una charla en el workshop. Bueno, inicialmente pensaba que iba a consistir en dar una charla normal y corriente, pero cuando me llegó la primera copia del horario del workshop… ¡resulta que yo iba a ser uno de los keynote speakers! Para los que no están familiarizados con ese termino, el ‘keynote speaker’ es algo así como el ‘orador distinguido’ en una serie de charlas. Los keynote speakers se suelen distinguir porque son personas muy importantes en su area de conocimiento y porque lo que dicen en su charla suele sentar cátedra. Vamos, que no estoy muy seguro de que a la tierna edad de 23 años ya tenga suficiente estatus como para ser keynote speaker, pero bueno… preparé una charla titulada “Towards a service-oriented Grid” y parece que gustó…
Valladolid ha resultado ser una ciudad bastante… uhm… regular. Pero vamos, no lo digo yo, lo dicen sus propios habitantes. Me ha sorprendido el poco apego que le tenian a su ciudad todos los vallisoletanos con los que hablaba. “Bueno, Valladolid te habrá defraudado, ¿no?, con lo poco que tiene…”, me solian decir. Y cuando me preguntaban si ya había estado en Valladolid y les respondía que lo más cerca fue Salamanca, me decían “Jo, pues es que Salamanca es mucho mejor que Valladolid, seguro que Valladolid te parece una mierda en comparación”. No sé, me pareció un poco chocante esta actitud, sobre todo viniendo de Bilbao, donde el orgullo por el botxo es algo que se lleva practicamente en los genes. Mecagüenlahostiaputa, a ver si ahora me vais a decir que hay alguna ciudad mejor que Bilbao…
Aun así, procuré reservar un poco de tiempo para perderme por la ciudad y ver los lugares más típicos. Hombre, vale, admito que no es espectacular, y que quizás incluso tampoco es demasiado paseable, pero por lo menos hay algunos lugares agradables a la vista, aunque la mayoría de ellos entran en la categoría de ‘piedras viejas’. Eso sí, durante mi paseo por Valladolid me pasó algo bastante curioso que está bastante relacionado con lo que expuse en el artículo Estupidos niñatos (es decir, que la juventud se está agilipollando).
Durante mi paseo por la ciudad, entré en uno de esos centros comerciales pequeños que son como unas galerias pero tienen varios pisos. Estaba yo tan tranquilamente mirando los escaparates cuando, al acercarme a la zona del supermercado, se aproximan unas cinco chavalas de unos 14-15 años. No sé si me verían cara de pringao, o si por el hecho de que tengo el pelo un poco largo se creerian que soy un ‘tio enrollado’, pero la cuestión es que me dicen: “Señor, señor, ¿nos compra unos briks de vino en el supermercado?”. Mi respuesta no se hace esperar: “NO”. Por supuesto, no esperaba quitarmelas de encima con eso, y prosiguieron: “Jooo, señor, ¡por favor!”. En ese momento empezaron a lanzarme excusas, algo que no debieron consensuar de antemano, porque una decía “Es que es para la abuela, que no puede bajar al supermercado” y otra decía “Señor, ¡que es fin de curso!”. Yo sencillamente paso, no digo ni una palabra más, y sigo mirando escaparates. Al ver que me alejo, las crias desisten. Sin embargo, la ruta de salida me llevaba de nuevo junto a ellas, y me insisten: “Jooo, señor, venga, ¡que sólo son unos briks de vino!”. En ese momento, yo les miro una cara entre lástima y extrañeza y les digo: “¿Pero de que vais?” mientras me alejo de ellas. A mi espalda oigo primero “¡De Bitter Kas!”. Pobrecitas, su afán por privar les ha hecho olvidar que eso rima con “¿De que vas?”, no con “¿De que vais?”. Pero bueno, eso se puede excusar. Lo que ya me toco las narices es que despues del Bitter Kas, una de las chavalas profirió un sonoro: “¡GILIPOLLAS!”. Mi mitad más violenta quiso en ese momento darse la vuelta y propinarle una buena leche a esa chavala impertiente, seguido de una lectura de la ley que prohibe la venta de alcohol a menores (que tambien penaliza a los que consiguen alcohol a menores), pero afortunadamente prevaleció la otra mitad que me decía que no merecía la pena meterse en semejante berenjenal con unas chavalas pubescentes y oligofrenicas.
La razón por la que esto enlaza con el artículo Estupidos niñatos no es tanto por el hecho de que unos menores intenten conseguir alcohol. Eso ha existido desde tiempos inmemoriables. Yo nunca he intentado conseguir alcohol siendo menor, principalmente porque no bebo alcohol, pero sé perfectamente que es algo bastante habitual. No estoy de acuerdo con ello, y (al igual que hice en Valladolid) nunca conseguiría alcohol para un menor. A lo que voy es que esto no es algo nuevo y mi queja en Estupidos niñatos era con las nuevas generaciones… Lo que me tocó las narices es que, tras dejarles bien claro (y con educación), que yo no iba a conseguirles bebercio, me propinaron un “¡GILIPOLLAS!” a mis espaldas. No sé, vamos, me da la impresión de que ellas piensan que una persona que cumple la ley es, por definición, gilipollas. Intento imaginarme lo que debe ser pedir a un mayor (¡a un completo desconocido!) que te consiga alcohol y yo sinceramente estaría acojonado, y si alguien me dice que “no” pues no insistiría, esperaría a que viniese alguien ‘enrollado’ que sí estuviese dispuesto a hacerme el favor.
Pero bueno, aparte del incidente con las estupidas niñatas, todo fue bastante bien. El workshop no fue emocionante pero, claro, tampoco era de mi tema, excepto cuando hablaban de Computación Grid. En las charlas que eran de educación pura y dura (vamos, pedagogía teorica 100%), llegué a niveles de inconsciencia que no sabía que se podían alcanzar estando despierto. También me esperaba que iba a ser un workshop bastante light, dejando tiempo para descansar tranquilamente por las mañanas y por las noches. Pues todo lo contrario: nos sacaron a cenar todas las noches hasta la 1 o 2 de la madrugada a los más variopintos lugares (un restaurante francés, un asturiano, y un griego). Cuando regresé a Bilbao el sabado me pasé casi todo el día durmiendo… Pero vamos, en general, todo muy bien. Gente maja y agradable (que, al final, es de las cosas más importantes) y permanente buen rollito.
Y, en total, junio está resultando ser un mes bastante más ajetreado de lo que me esperaba. Julio promete ser más tranquilo, aunque ultimamente no termino de fiarme de mis previsiones de ‘tranquilidad’… habrá que ver…
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