NOTA: Al mismo tiempo que subo este artículo, también he subido todas las fotos que he hecho durante los últimos días. Podeis verlas en la galeria.
Otro día más de turismo. De nuevo me he dirigido hacía el centro de Chicago y me he hartado a ver edificios, lugares destacables, etc, etc. Sin embargo, puesto que tampoco ha ocurrido nada tremendamente emocionante, y espero que mañana ya pueda colgar las fotos (que valen más de mil palabras), pues voy a dedicar el post a un tema que hace tiempo que quería abordar. Me gustaría hablar sobre un tema que ya abordó Vincent Vega en una de las mejores películas jamas hechas. Evidentemente, hay diferencias culturales muy grandes entre Europa y los Estados Unidos, pero lo que al final te afecta y te choca en el día a día son la pequeñas diferencias. Durante la última semana, he ido anotando las pequeñas diferencias con las que me he ido topando, y aquí van mis observaciones.
Algo de lo que te das cuenta inmediatamente aquí en EEUU es lo del café. El café que se sirve aquí es malo con ganas. En serio, yo pensaba que en España había tomado cafés malos, pero lo de aquí es increible. Me recuerda a una cosa que decían sobre la cerveza americana los Monty Python en un sketch, pero que es fácilmente trasladable al café americano:
Frankly, we find that your american coffee is much like making love in a canoe. It’s fucking close to water.
En serio, aquí no sirven café… sirven una especie de agua manchada que, además, sirven en vasos tan grandes como los del McDonalds. Además, parece que los americanos le tienen pánico a la leche, porque conseguir que te echen leche al café es poco menos que imposible. Como mucho, te echan unos polvitos sucedaneos de leche. La verdad es que no soy muy cafetero, pero de vez en cuando me gusta tomar café (sobre todo después de la comida), y me desespera no poder encontrar por aquí ningún lugar donde sirvan un café en una taza normal y corriente y con un poco de leche ligeramente espumosa.
Siguiendo con todo lo referente a los alimentos, uno también se encuentra cosas curiosas en el supermercado. Una cosa que me chocó el primer día que fui a hacer la compra fue que era casi imposible encontrar aceite de girasol. En España generalmente tenemos dos opciones: aceite de girasol y aceite de oliva. Aquí sí tienen aceite de oliva, pero carísimo (algo que ya me habían advertido de antemano), así que mi reacción inmediata fue buscar aceite de girasol. Pues nada, que solo tienen aceite de maiz, de soja, y de una cosa llamada canola que ni quiero saber lo que es. Al final, después de mucho rebuscar, encontré una única marca de aceite (de entre las casi 20 que habia en el supermercado) que ofrecía aceite de girasol.
También llama un poco la atención lo de la leche. Aquí la leche entera tiene tanta grasa como la leche desnatada de España. Pues nada, al final gracias a las obsesiones sobre obesidad que tienen los americanos, acabaré perdiendo peso…
Y, en general, el horario que tienen aquí para comer es un tanto raro raro raro. La comida suele ser sobre las 12:00 o 12:30 y, además, ¡Aquí solo te dan media hora para comer! En España generalmente te dejan una hora y media (o incluso dos horas) durante la cual te tomas tu primer plato, tu segundo plato, tu postrecito, y el cafelito post-comida. Aquí te dan media hora para que te tomes malamente un sandwich, un bocata, o algo así. Y la cena suele ser sobre las 18:00 o (como muy tarde) las 19:00. Cuando le dije a un americano por primera vez que yo suelo cenar sobre las 21:00, me miró con cara de “¡Eres un animal de la noche!”. Lamentablemente, poco a poco me está absorbiendo el horario americano y, efectivamente, ya estoy cenando sobre las 19:30 y metiendome a la cama hacia las 21:30…
Bueno, abandonemos el terreno de lo alimenticio. Otra diferencia más: las persianas. Por no haber, me parece que no hay ni palabra en inglés para “persiana”. Las ventanas tienen cortina transparente y cortina opaca, pero nada más. Pero claro, las cortinas opacas no son perfectas y siempre dejan entrar un poco de luz por los costados. El resultado es que a las 6 de la mañana ya me está entrando la luz del sol por la ventana, tanto si me gusta como si no.
Una diferencia que me atañe personalmente: a los americanos no les entra en la cabeza que las personas hispanoparlantes tenemos dos apellidos. Aquí la gente tiene nombre, middle name (¿nombre medio?), y apellido (el del padre). Y claro, cuando les dices que eres Borja Sotomayor Basilio, pues inmediatamente asumen que Sotomayor es el middle name y Basilio el apellido, con lo cual ya aparezco en más de un papel como “Borja S. Basilio”. Cuando les dices “Oye, que ‘Sotomayor Basilio’ es el apellido, yo no tengo middle name”, entonces te miran como si acabases de decir una obscenidad. Como no les entra en la cabeza lo del apellido compuesto, pues al final tienes que resignarte a escribir el apellido con guión: Borja Sotomayor-Basilio, lo cual me jode enormemente porque yo no soy Borja Sotomayor-Basilio, soy Borja Sotomayor Basilio. Y eso solo es la punta del iceberg. Como muchos de vosotros ya sabreis, en EEUU la mujer pierde su apellido al casarse y los hijos siempre llevan el apellido del padre. Si una mujer dedice no renunciar a su apellido, es porque es tope liberal y super feminista. Menos mal que todavía no le he dicho a nadie por aquí que en España la mujer no renuncia a su apellido al casarse y los hijos llevan tanto el apellido de la padre y de la madre, porque igual me parten la cara. Lo que sí me ha pasado es que, al abrir la cuenta bancaria, me pidieron como “pregunta de seguridad” el ‘apellido de soltera’ de mi madre. Yo logicamente respondí ‘Basilio’. El tio del banco me miró extrañado y me dijo “Pero si ese es parte de tu apellido…”. Yo respondí “Sí.” El me miró extrañado y me dijo “Bueno, casi mejor te ponemos otra pregunta de seguridad….”.
Bueno, esas son todas las diferencias que tengo anotadas de momento. Si me voy topando con más, ya os las iré comentando.
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