Ya hemos llegado a mediados de agosto y me enorgullece decir que no he hecho absolutamente nada durante los últimos 14 días. Digo ‘nada’ en el sentido productivo de la palabra. Evidentemente sí he hecho ‘algo’, pero como ese ‘algo’ ha consistido basicamente en practicar el tumbing y el rasquing, aparte de las habituales actividades veraniegas como quedar con amigos que hace la porra de tiempo que no ves, pasear por Bilbao, visitar el Guggenheim, y (dentro de nada) salir de fiestuki durante el Aste Nagusia! Y no, no he ido ni un día a la playa porque no me gusta la playa. El poco ‘algo’ productivo que sí he hecho ha sido puramente por amor al arte (como trabajar un poco en el diseño definitivo de BorjaNet, a ver si lo termino pronto). Pero vamos, en definitiva, como practicamente todos los agostos, he sucumbido de manera espectacular a la vagancia y a la pereza.
Como ya he dicho en múltiples ocasiones (tanto en el weblog, como a la gente que me pregunta “¿Qué tal el verano?”) esto es precisamente lo que me encanta de agosto: la total y absoluta exención de responsabilidades. La decisión más importante que tengo que tomar a lo largo del día es decidir si veo la tele en el sillón (sentado) o en el sofá (tumbado). Esta, claramente, es la época del año en el que mi cerebro más se aproxima al encefalograma plano. Buena prueba de ello es que llevo 14 días sin escribir en el weblog porque, sinceramente, me daba hasta pereza pensar en qué escribir (hasta que hoy por fin me he dado cuenta de que debería escribir sobre lo que más domino y controlo estos días: la vagancia)
Para mejorar aun más la situación, se da la feliz circumstancia de que llevo varios días solo en casa (y todavía me quedan unos cuantos). Teniendo padre, madre, dos hermanos, y dos perros, me quedo solo en casa en muy raras ocasiones (me parece que la última vez fue hace tres años), y la verdad es que es una gozada. Vives la vida al ritmo que te da la gana. Si llegan las 13:00 y no me apetece comer… ¡no problem! Espero hasta las 14:00 y… ¡Diantres! ¡Todavía no quiero comer! Hasta que finalmente acabo comiendo a las 15:00. Además, veo la tele cuando me da la gana, y veo las pelis que me dan la gana cuando me da la gana.
Pero bueno, estar solo en casa evidentemente también tiene sus inconvenientes. El principal inconveniente es el hecho de que vivo en una casa ‘ruidosa’. Ya sabeis, de esas casas donde múltiples elementos (el suelo de madera, ventanas viejas, etc.) conspiran para soltar ruidos sospechosos en medio de la noche. Pero bueno, como hasta me da pereza estar paranoico, pues tampoco me molesta tanto.
Eso sí, dentro de nada ya tengo que ponerme las pilas. El jueves ya marcho para Chicago, lo que será sin duda una aventura interesante. Si me veo con ganas y fuerzas, intentaré escribir un artículo diario como hice el año pasado cuando fui a Australia.
Joer, que pereza me da seguir escribiendo :-P Voy a visitar a mi buen amigo el sofá…
A mi me pasa todo lo contrario, si estoy solo en casa y tengo la comida preparada, para las 13:30 ya he acabado de comer.
Otra cosa, como cuesta escribir un comentario, las letras se pierden debajo de la franja de la derecha. Es como escribir con una cinta tapándote los ojos.
Ya me han comentado varias personas que tienen problemas con el formulario para escribir comentarios. Yo con mi navegador (Mozilla Firefox 0.9) lo veo bien, pero es posible que navegadores que no sean totalmente compatibles con los estándares XHTML y CSS (como el Internet Explorer) tengan problemas… voy a ver si en el nuevo diseño de BorjaNet consigo poner un formulario que funcione igual de bien con Explorer que con Mozilla. Aunque mientras tanto hay una solución bastante fácil: pasarse a Mozilla, que le da mil vueltas al Explorer :-D