Hoy se ha producido un importante evento en mi vida Chicaguense. He recibido la primera visita de un amigo en Chicago, y (casi) totalmente por sorpresa! El mismisimo día de nochebuena recibí un e-mail de Miranda anunciandome que (por razones que no vienen a cuento) iba a estar una semana en Chicago, y que a ver si aprovechabamos para vernos (aclaración: Miranda es un tío y su nombre es Miguel, lo que pasa es que todos le llamamos por su apellido). Miranda y yo nos conocemos de cuando eramos becarios en la Universidad de Deusto y a más de un lector igual le suena su nombre porque deja comentarios en BorjaNet de vez en cuando. En fin, le di mi número de teléfono y le dije que me llamase para quedar. La verdad es que después de la nochebuena (y el hecho de que el 26 de diciembre estuve jodido con una gastroenteritis porque el día 25 no hice más que comer chucherias) se me fue el santo al cielo, y cuando Miranda me llamó esta mañana me sentí genuinamente sorprendido.
Así que quedamos en el centro de Chicago para comer algo y ponernos al día. Tras deambular un rato por Chicago, nos decidimos por un restaurante italiano que tenía bastante buena pinta. Fue una decisión acertada, pues dio pie a una anecdota que seguramente voy a contar hasta la saciedad cada vez que me pregunten “a ver que tal por Chicago”. Una vez sentados, nos decidimos por pedir un entrante de pan de ajo y una pizza de pepperoni. Al pedir la pizza, el camarero nos pregunta “¿el (ininteligible) lo quereis en la pizza o aparte?” Por el contexto me imagino que se refiere a algún condimento o algo así (era un palabro italiano), así que por si acaso le decimos que “aparte”. El mosqueo empieza cuando el “pan de ajo” que nos traen tiene el tamaño de una pizza mediana de Telepizza. Pero bueno, lo de las raciones grandes en EEUU no es nada nuevo. El descojono llegó cuando, antes de la pizza, el camarero nos trae dos latas enormes de pimientos rojos con un peso total de 3 kilos!!! (ver foto). Joder, una cosa son las ‘raciones grandes’ pero esto es un poco exagerado… Naturalmente, lo primero que se nos pasa por la cabeza es que este es el condimento ininteligible que pedimos “aparte”. Joder, pues si el condimento son 3 kilos no queriamos ni imaginarnos el tamaño de la pizza. Mientras que el camarero iba a por la pizza, Miranda y yo nos estabamos descojonando bastante, sobre todo cuando Miranda remarcó “Joder, tío, si ayer estabas con gastroenteritis, después de esto ni te cuento como vas a estar.” xDDD Afortunadamente, resultó que las dichosas latas de pimientos no eran el condimento “aparte” sino que… ahhh, coooño, si es que sirven para otra cosa (notese que en la foto aparece el dichoso condimento ininteligible ese).
Eso sí, latas de pimiento aparte, la verdad es que el pan de ajo y la pizza estaban de putisima madre. Después de comer, nos fuimos a tomar algo al bar de la Hancock Tower (uno de los edificios más altos de Chicago). Yo todavía no había estado, y la verdad es que está muy bien. Subes gratis hasta el piso 96, y puedes sentarte en un bar con unas vistas acojonantes de Chicago y el lago Michigan. Eso sí, luego la clavada que te meten por las bebidas es de espanto, pero bueno…
En fin, una jornada muy divertida y gratificante. Siempre da gusto ver una cara conocida por estos lares. ¿Y tú… cuando vienes a visitarme a Chicago?

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