Murphy todavía me persigue. Después del examen de Matemática Discreta (el miercoles), me dirigí raudo y veloz a casa para empezar a configurar mi nuevo ordenador. Al principio, todo fue de maravilla. Tuve algún problema en conseguir que Knoppix me reconociese todo el hardware, pero cuando superé ese obstaculo, todo fue como la seda. Llegué a un punto en el que ya podía arrancar el ordenador con Debian desde el disco duro (y no desde el CD-ROM con Knoppix). Lo reinicié varias veces según iba haciendo cambios gordos al ordenador (kernel, etc.) y, de repente, en uno de los reinicios (en el que no hice absolutamente nada fuera de lo normal) el ordenador se negó a arrancar. Se quedaba bloqueado en el ‘self-test’ de la BIOS, y ni siquiera me dejaba entrar en el menú de configuración de la BIOS. Vamos, muy mal rollito. Después de intentar varias cosas, me rendí y acepté el hecho de que iba a tener que llevar el ordenador al servicio técnico porque esto claramente era un fallo gordo de hardware.
Así que ya veis… putadón. La Ley de Murphy en toda su gloria y esplendor. Pero, afortunadamente, la Ley de Wheaton (de Wil Wheaton, uno de mis bloggers favoritos) entró en acción. Wil suele decir que el universo siempre tiende a encontrar un equilibrio. Es decir, si el universo te pega un par de leches, más adelante hará algo positivo para compensartelo. Y, afortunadamente, así fue. El jueves a la tarde recibimos un e-mail de la profesora de Matemática Discreta indicándonos que los exámenes ya estaban corregidos, que la nota media era un 66 sobre 100, y que la mediana era un 62 sobre 100. Puesto que en los anteriores dos exámenes mi nota siempre había estado muy cerca de la media, no me esperaba nada mejor que un 66. Mi sorpresa fue superlativa cuando llegue a su despacho, me dió el examen, y vi que tenía…. ¡¡¡un 81!!! :-O Sí, sí, en España eso es un notable alto, pero teniendo en cuenta que la nota media de la clase era un 66, pues mi nota era sorprendentemente buena. Al parecer el examen final compensó mi rendimiento ‘normal’ en los dos parciales, y he aprobado la asignatura de Matemática Discreta con nota y todo (un sobresaliente bajo). OOOO-EEEEEE-OE-OE-OEEEEEE!
Así que rectifico lo que dije en mi anterior artículo. La moraleja es: Si quereis sacar buena nota en un examen, aseguraos de que comprais un ordenador poco antes del examen. La dura competición entre la Ley de Murphy y la Ley de Wheaton hará que el ordenador llegue antes del examen, pero con algún defecto, de tal manera que el universo tendrá que regalarte una buena nota en el examen para compensar el agravio del ordenador defectuoso.
Bueno, ¿y qué pasa con el ordenador? Pues llamé a Dell, y sinceramente he flipado con lo eficiente y bien organizado que está su servicio técnico. Primero atendió mi llamada una operadora que debía ser la ‘operadora de primer nivel’. Es decir, capacitada para responder dudas chorras y poco más. Cuando le expliqué mi problema y vio que no se enteraba de lo que le decía, no intentó tratarme como si fuese un crio (que es lo que suele hacer mucha gente de los servicios técnicos). Me dijo: “Le paso con un técnico”. Inmediatamente, me pasó con una persona que claramente se enteraba de lo que le hablaba. Primero me dijo que probase algunas cosas básicas (como utilizar unas combinaciones de teclas durante el arranque que yo no conocía). Cuando eso no dio resultado, me dijo “Bueno, pues tenemos que abrir el ordenador”. Alucina, vecina. Resulta que Dell te deja abrir el ordenador sin que ello joda tu garantía. Eso sí, siempre y cuando estés siguiendo las instrucciones de un técnico por teléfono. El técnico empezó a darme instrucciones chorras para abrir el ordenador (en plan “Para abrir la carcasa tiene que localizar…”). Cuando le dije que soy informático y que esto ya lo he hecho mil veces, me quedé gratamente sorprendido cuando el técnico me dio instrucciones informáticas. Es decir, me dijo “Prueba a desconectar el cable SATA” en vez de decirme “Ves un cable azul que va de un circuito grande grande (la placa madre) a un dispositivo rectangular (el disco duro). Pues quitalo, majete”. Vamos, eso hizo que la interacción con el técnico fuese mucho más fluida y eficiente. Al final probamos todo tipo de cosas (quitar todo lo esencial: la memoria, la tarjeta grafica, etc.) y aun así la placa madre se quejaba que había un fallo de hardware. Cuando el técnico llegó a la conclusión de que la placa madre estaba fallando, me dijo que me enviarían una placa madre nueva y unos módulos nuevos de memoria. Y no solo eso, el lunes viene un técnico de Dell a instalarlo y a asegurarse de que el ordenador funciona sin problemas. Y no vino el viernes porque llamé el jueves por la tarde/noche y ya era muy tarde para enviar las piezas al técnico (me dijeron que si hubiese llamado el jueves al mediodia, que el viernes a la tarde ya tendría al técnico en mi casa).
Cagate lorito. Vamos, estoy encantado con el funcionamiento del servicio técnico de Dell. Parece que por fin he acertado al escoger una marca…
Bueno, para los más frikis, aquí va una descripción más detallada de los obstaculos que me encontré al intentar configurar el ordenador (antes de que dejase de funcionar).
Mi objetivo era instalar Debian Sid en el ordenador, utilizando un LiveCD (Knoppix) y la utilidad debootstrap (que hace una instalación mínima de Debian). El primer obstaculo fue conseguir que Knoppix arrancase correctamente. Utilizando el kernel 2.4, Knoppix arrancaba pero no reconocía el disco duro (que es SATA). Utilizando el kernel 2.6, Knoppix reconocía el disco duro (/dev/sda) pero curiosamente no me dejaba ni montarlo ni particionarlo (curiosamente, la tarjeta de red tampoco funcionaba con el kernel 2.6). Al final, tuve que entrar en la configuración de la BIOS, y poner el disco duro en “Modo compatibilidad”, de tal manera que podía arrancar con el kernel 2.4 que reconocía el disco duro como /dev/hda. Ahi ya pude particionarlo a mi gusto.
El siguiente obstaculo fue el debootstrap. Seguí las instrucciones que aparecen en muchas webs, pero aun así me encontraba con que la instalación de muchos paquetes fallaba con un error rarisimo: “/dev/null: Permission denied”. Vamos, muy heavy me parece que no se pueda acceder a /dev/null (miré los permisos y estaban en regla). Después de varias rondas de ensayo y error (y consultar al tío Google varias veces), me percaté del error. Al montar la partición root del disco duro, se estaba montando (por defecto) con la opción “nodev”, con lo cual al chrootear a la partición no podía acceder a los ficheros de dispositivo, como /dev/null. (por cierto, si has entendido todo lo que he dicho en la última frase: ¡Enhorabuena, eres un autentico geek!). Fue tan sencillo como remontar la partición con la opción “dev” y todo empezó a funcionar de maravilla.
Cuando por fin conseguí instalar un Debian minimo en el disco duro, me decanté por instalar un kernel 2.6 pre-empaquetado de Debian. Mala elección, pues me encontré con un Kernel Panic bien gordo al intentar arrancar. Intenté con un kernel 2.4 pre-empaquetado (puesto que me habia funcionado bien con Knoppix). Este ya me dejó arrancar sin problemas. No solo eso, todo funcionó correctamente a la primera. Es decir, no sólo arrancó sin soltarme un Kernel Panic, sino que entró directamente a las X con un Gnome totalmente funcional. Vamos, es la primera vez que consigo que las X me funcionen a la primera en un ordenador nuevo.
Siguiente obstaculo: la tarjeta de red no quería funcionar. Es una tarjeta de Intel integrada en la placa madre (modulo “e100″ del kernel). El kernel reconocía la tarjeta, y podía activarla con “ifup”, pero se negaba a funcionar (no podía obtener una IP con DHCP e, incluso configurando la IP manualmente, se negaba a utilizar el gateway para salir de la red… una cosa curiosa es que al ejecutar “route”, se queda colgado cuando debería mostrar la información del gateway de la red) Puesto que no me fiaba mucho de los kernels pre-empaquetados (los hombres de verdad compilan sus propios kernels), me decidí a compilar un kernel 2.6. Pero, como no tenía red, pues tuve que rearrancar desde Knoppix (que sí manejaba bien la tarjeta de red) para bajarme el kernel y recompilarlo. Cuando lo recompilé, no instale el kernel porque prefería hacerlo ‘nativamente’ desde el disco duro (es decir, arrancando desde Debian, no desde Knoppix). Aquí es donde el ordenador decidió irse a la mierda, y sinceramente no me explico por qué porque no hice nada raro en ese reinicio (ni siquiera había instalado el nuevo kernel). Simplemente ejecuté “reboot”, el ordenador se reinició pero se quedó bloqueado en la pantalla de ‘bienvenida’ de la BIOS.
Así que aquí estoy. Compuesto y sin ordenador. Esperando a que venga el técnico. En fin, es parte de la aventura de configurar un nuevo ordenador…
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