Ultimamente oigo a muchos amigos Chicaguenses quejarse del tremendo calor que hace por aquí. Me cuentan lo dificil que les resulta dormir por la noche, de lo agobiante que es el calor, que prefieren pasar el máximo tiempo posible en la uni (con aire acondicionado) para retrasar el regreso a casa. Muchos de ellos andan a la busqueda de alguna máquina de aire acondicionado para instalar en casa. Y yo, mientras tanto, no termino de sentir el calor por ninguna parte.
Bueno, seamos cuantitativos. Estas últimas semanas, las temperaturas han oscilado entre los 25 y los 30 grados centigrados, con ocasionales rachas de 30-35 grados, pero muy raramente sobrepasando los 35 (y nunca llegando a los 40). El clima en verano por estos lares es curiosamente similar al clima estival de Bilbao: calor húmedo con el ocasional día de bochorno. Cuando vivia en Bilbao, nunca tuvimos aire acondicionado en casa. Cuando hacía calor, pues abriamos las ventanas para que pasase una agradable brisilla por la casa. Como mucho, teníamos algún que otro ventilador por la casa.
Por lo tanto, en ningún momento se me pasó por la cabeza comprarme una (ridiculamente cara) máquina de aire acondicionado aquí en Chicago, porque hace exactamente el mismo calor al que estoy acostumbrado. Eso sí, mi apartamento tiene una importante desventaja: todas las ventanas dan hacia el norte con lo cual nunca se forma una corriente, por mucho que abra las ventanas. Así que lo único que he hecho es comprar un ventilador (muy cuco, es una torre que se puede mover facilmente) que pongo al lado de mi mesa de trabajo y que ocasionalmente muevo al dormitorio para las noches especialmente cálidas. Y así me las arreglo de maravilla.
Claro, me resultó muy extraño que todos mis compañeros de clase estén al borde de sufrir síncopes por el calor, y yo esté paseandome tan alegremente como si nada (cuando en teoría, yo y mis compañeros Chicaguenses deberíamos estar acostumbrados al mismo tipo de calor). Después de indagar un poco, descubrí la razón (y otra interesante diferencia cultural). Aquí en EEUU, el negocio del aire acondicionado es enorme. Practicamente todo el mundo tiene aire acondicionado en casa. No es considerado un lujo, sino un electrodoméstico fundamental como puede serlo la nevera o el horno. Vamos, tampoco digo que en España el aire acondicionado sea un lujo, pero evidentemente no es algo que encuentres en todos los hogares. El resultado es que la gente por aquí se acostumbra (desde muy pequeños) a vivir con aire acondicionado. En cuanto les expones a temperaturas ligeramente más calidas, pues les da algo.
Evidentemente, todo esto tiene que ver con nuestro aclimatamiento. El tiempo de Chicago (tanto el frio en invierno como el calor en verano) no me resulta muy chocante porque es similar en muchos respectos al tiempo en Bilbao (al que estoy aclimatado). Sin embargo, hay muchos climas que no consigo tragar. Por ejemplo, siempre que voy a Madrid, el calor seco de la capital siempre me resulta insoportable. A mi lo que me gusta es el calor húmedo, como en Bilbao. Curiosamente, a más de un madrileño le he oido quejarse de lo contrario: que el calor húmedo de Bilbao les parece insoportable.
Pues nada… otra ventaja de ser un chicarrón del norte… tolerancia al calor húmedo. Me lo apunto en el curriculum bajo “Habilidades especiales”.
Pues yo precisamente es el calor húmedo el que no soporto. Tanto el frío como el calor de la meseta (seco, secarro) son los que mejor llevo. Aqui en el sureste francés me ahogo con tanta humedad.
Menor sin aire acondicionado que luego asi se cogen los resfriados, el ventilador un poco de musiquita, darle un poco de descansos al ordenador que ellos tambien notan estos calores y ale, vida normal.
Jeje, justamente lo mismo pasa en Japón. Todos diciendo q hace un calor terrible porque tienen aire acondicionado en el 100% de las casas y yo tan pancho. Lo único q lo paso mal porque ponen el aire acondicionado muy fuerte y me enfrío!!!