Día 5 - Londres

Último día en Londres. Cómo adelanté en el artículo anterior, los platos fuertes del día han sido el Globe Theater y el London Eye.

Empecemos por el Globe Theater, uno de mis lugares favoritos en todo Londres. De hecho, siempre que voy a Londres hago una peregrinación al Globe Theater y me apunto al tour del teatro. Esta costumbre se remonta a mis años en el Colegio Americano de Bilbao, donde descubrí (bueno, me descubrieron) a Shakespeare. La profesora de Literatura Inglesa era de esas personas que disfrutan con la enseñanza, y que sabía cómo enseñar Shakespeare adecuadamente. Realmente, no es algo complicado: simplemente hay que darse cuenta de dos cosas:

  • Shakespeare no escribía novelas, escribía obras de teatro: Es un enorme error enseñar Shakespeare cómo si fuese un autor de novelas, mandando a los estudiantes leer tales capítulos (actos y escenas en la obra) para tal día y luego hacerles preguntas. Shakespeare se enseña actuando y viendo actuar. Aunque evidentemente teníamos que tener leido cada acto antes de analizar en profundidad, esa lectura la complementabamos con videos de la obra de cuestión (algunos eran adaptaciones cinematográficas, y otras eran grabaciones de la Royal Shakespeare Company).
  • Shakespeare escribió en otra época: Esto no se refiere unicamente al hecho de que el inglés que utilizaba Shakespeare tiene diferencias importantes con el inglés que se utiliza ahora, sino que Shakespeare escribía para un tipo de teatro muy especial: el teatro isabelino (durante el reinado de Isabel I). Este tipo de teatro no tiene casi nada que ver con el teatro actual. Cuando pensamos en Shakespeare, muchas veces nos imaginamos un teatro imponente, con el patio a oscuras, y con el escenario lleno de insignes actores hablando una especie de inglés refinadísimo. Sin embargo, en el Londres isabelino, las obras de teatro se interpretaban en playhouses dónde el público principal estaba compuesto por las clases más bajas. El inglés utilizado en las obras, de hecho, no era en absoluto refinado. Era el inglés barriobajero que se hablaba entonces… porque la mayoría del público no le haría mucha gracia el inglés finolis de la aristocracia. Además, los teatros estaban estructurados de una manera un tanto peculiar. El patio del teatro estaba ocupado por gente de pie (no sentada) y nunca estaba a oscuras. De hecho, los playhouses no tenían tejado y las representaciones se realizaban a plena luz del día. El público podía ver a los actores (como ocurre ahora), pero los actores también podían ver claramente al público. Y, muy frecuentemente, los actores interactuaban con el público. Cuando Marco Antonio, en la obra Julio César, clama “Friends, romans, countrymen, lend me your ears! I come to bury Caesar, not to praise him”, no se dirige a un publico ficticio. Se dirige al patio del teatro que, convertido en romanos, responden al discurso de Marco Antonio. La verdad es que con esta breve descripción no le hago justicia a todas las peculiaridades del teatro isabelino… eso sí, cualquier persona que haya visto Shakespeare in Love ya habrá visto que el teatro era una cosa bien distinta a la que es ahora. Bueno, y a lo que iba: es importante tener muy presente este contexto en el que se desarrollaron las obras de Shakespeare.

En fin, destrozadas todas mis preconcepciones de que Shakespeare era un tostón, y gracias a las magistrales clases de mi profesora de Literatura Inglesa, pues acabé aficionandome a Shakespeare. Y en mi primera visita a Londres en 1996 (en el viaje de fin de curso del Colegio Americano), la susodicha profesora me recomendó que visitase el Globe Theater que se estaba construyendo en Londres. El Globe Theater es una reconstrucción del teatro donde Shakespeare escribió la mayoría de sus obras (ojo, el teatro que sale en Shakespeare in Love es un teatro anterior: el Rose Theater). Además, el teatro ha sido construido utilizando los mismos materiales y técnicas utilizados en tiempos isabelinos (vigas de madera de roble, “clavos” de madera, ladrillos fabricados a la antigua usanza, un techo de paja, etc.) Cuando lo visité por primera vez, todavía estaba en construcción, pero me enamoré del teatro inmediatamente. El hecho de que las obras de Shakespeare por fin se interpretasen tal y cómo fueron concebidas, me dejó intrigado y me pareció un proyecto excelente para acercar Shakespeare más al público, demostrando que Shakespeare no tiene que ser algo puramente académico y aburrido, sino una experiencia divertida y emocionante.

Bueno, me estoy enrollando como una persiana. Lo que quería decir basicamente es que, en mi adolescencia quedé impresionado con Shakespeare y eso me ha llevado a hacer una peregrinación obligatoria al Globe Theater siempre que estoy en Londres.

Por cierto, más información sobre el Globe Theater en la web oficial y en Wikipedia.

En cuanto al resto del día, nos montamos en el London Eye. Las vistas la verdad es que son bastante interesantes, pero tampoco me pareció tremendamente impresionante (me parece que entre la Torre Sears de Chicago y otros rascacielos visitados en el resto del mundo, igual ya estoy curado de espanto en esto de las grandes alturas…)

Después del London Eye, nos fuimos de compras, para fusilar el presupuesto que nos quedaba. Tal y como mencioné en un artículo anterior, me volví a pasar por Forbidden Planet y me compré un par de frikadas bastante guapas. Primero, un conjunto de 9 cabezas de Jack Skellington, cada una con una expresión distinta (y que pondré en distintos lugares de mi piso). Segundo, una figura de Gandalf el Gris en una de mis escenas favoritas de El Señor de Los Anillos: el enfrentamiento con el Balrog. La figura, además, grita “You shall not pass!” cuando pulsas un botón. Luego, me pasé por una tienda oficial de Tintin (que descubrí deambulando por Londres) y me compré unos cuantos souvenirs tintinófilos. Y finalmente, nos recorrimos Oxford Street en busca de típicas paridillas Londinenses.

En fin, la verdad es que ha sido un día bastante completito. Ahora sólo queda hacer las maletas, y mañana por la mañana pillar el vuelo a Amsterdam.

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