Archive for Septiembre, 2007

¡Brum brum!

Retomo un tema que empezó hace varios meses, y que he tenido bastante abandonado: conseguir un carnet de conducir aquí en EEUU. En resumidas cuentas, nunca he tenido carnet de conducir (ni aprendí a conducir en España a los 18 años) y me lo quiero sacar aquí en EEUU. Empecé el proceso en marzo de este año, y ese mismo mes aprobé el examen teórico. Lo siguiente, evidentemente, era practicar con un coche y aprobar el examen práctico, una tarea que he estado retrasando y retrasando… hasta ayer.

Ayer fue la primera vez, en toda mi vida, que he conducido un coche. En concreto, fueron dos horas al volante con un instructor de una autoescuela. Vino a recogerme sobre la una de la tarde, y me pidió que me sentase en el asiento del pasajero. «Estupendo,» pensé, «seguramente me va a llevar a algún parking o a algun lugar apartado para que primero pueda acostumbrarme a manejar el coche». Una vez en el coche, el instructor empieza a explicarme los distintos componentes del coche: como señalizar, como ajustar los retrovisores, etc. «Vale, en cuanto termine de explicar esto nos iremos a un parking o algo así.». Entonces me dice que me siente en el asiento del conductor. «¿Ein?» Me pide que le repita todo lo que acaba de explicarme, para verificar que lo he entendido. «Ah, es que simplemente quiere que pueda decírselo desde el asiento del conductor. Seguro que en seguida nos vamos al parking.» En fin, tras repetir como se encienden las luces, cómo señalizar a la derecha, etc. me dice «Vale, pues vamos a conducir un poco por el barrio. Pon el coche en marcha.»

«¿Lo cualo?»

Así, sin ninguna experiencia al volante, sin nunca haber manejado un trasto de semejante envergadura, el instructor quería que me pusiese a conducir en el alocado tráfico de Chicago (aunque en nuestro barrio, afortunadamente, es un poco menos alocado). Me tranquilizó diciéndome que él tenía su propio pedal para frenar, por si acaso, y que si me iba por donde no debía, que el agarraría el volante. Aun así, la idea de compartir la carretera con otros vehículos, sin ninguna práctica previa en algún entorno más aséptico, me acojonaba bastante. Pero, qué diantres, a veces hay que lanzarse y, si algo sale mal, el instructor estaba ahí para prevenir cualquier estropicio.

La primera media hora fue la más peliaguda, principalmente porque había muchas cosas sobre conducir un coche que, evidentemente, no sabía, ni te explican en los manuales de conducir. De entrada, no tenía ni idea que el acelerador era tan sensible. Yo me imaginaba que había que presionarlo con ganas para empezar a moverse y no, resulta que es bastante sensible. Y tampoco me imaginaba que el freno también era tan sensible… yo me imaginaba que el freno era algo binario: o frenas o no frenas, y punto. Con esa idea preconcebida, pues la primera vez que llegué a una señal de STOP, los frenazos fueron de película… Poco a poco ya me acostumbré a acariciar el freno, incrementando la fuerza con la que se presiona poco a poco hasta llegar a una parada suave.

Pasado el acojone con tareas tan sencillas como acelerar y frenar, pues ya pudimos practicar con todo tipo de giros, a ir por carreteras principales, entrar en callejones y luego retroceder marcha atrás, etc. Y la verdad es que, durante la segunda hora, ya me sentía bastante a gusto conduciendo, aunque todavía pegaba de vez en cuando unos acelerones y unos frenazos bastante guapos :-) Al final el instructor dijo que todavía tengo que mejorar mis giros y estar más al loro de todo lo que pasa a mi alrededor pero que, teniendo en cuenta que nunca he conducido un coche en mi vida, que lo hice bastante bien.

En fin, lo siguiente es recibir unas cuantas lecciones más al volante (aparcar en paralelo, conducir en autopista, conducir en el centro de la ciudad, etc.) y luego hacer el examen práctico. Varios amigos chicaguenses me han comentado que con 8-10 horas de lecciones con un instructor, y practicando luego por libre con amigos, fácilmente se puede sacar uno el examen práctico. A este ritmo, tendré mi carnet de conducir dentro de nada :-)

Por cierto, seguro que más de uno se está preguntando si el coche era automatico o manual. Era automático, ya que la autoescuela unicamente ofrece clases con coches automáticos. Sin embargo, mi objetivo es aprender a conducir primero con un automático, y sacarme el carnet con un automático, pero luego aprender a conducir con marchas antes de comprarme un coche. De hecho, quiero comprarme un coche con marchas, para que luego cuando visite España no sea un cateto al volante.

¡Feliz Cumpleaños, BorjaNet!

Me cuesta un poco creerlo, pero hace cinco años nació BorjaNet. Un googol de gracias a todos los que me leéis, desde el principio o desde hace unos días, a los que comentáis y a los que lurkeais, a los que acudís raudos y veloces a BorjaNet en cuanto hay un nuevo post y a los que visitáis cada dos meses, a los navegantes errantes que acabáis en mi blog buscando una receta para magdalenas, a mis camaradas de la blogosfera, a los amigos de toda la vida y a las nuevas amistades que he hecho a través del blog… a todos vosotros, mi más sincero agradecimiento por permitirme disfrutar de vuestra compañía estos cinco años.

Alabama

Este pasado fin de semana ha sido un fin de semana largo, pues el lunes fue Labor Day (en EEUU, para distanciarse de “esos sucios socialistas”, el Día del Trabajador no se celebra el 1 de mayo). Puesto que hace una semana terminé con las asignatura que imparto en Chicago durante el verano, decidí aprovechar el fin de semana para concederme un capricho: viajar. Un amigo y yo nos fuimos a Huntsville (Alabama) y nos quedamos en casa de un amigo común. Es la primera vez que visito un estado sureño (esto no es del todo cierto; cuando tenía 7 años estuve en Texas y en Florida, pero no conservo casi ningún recuerdo), y la experiencia fue muy interesante y, además, me lo pasé pipa.

En algún post anterior seguro que ya he comentado (y si no, lo digo por si acaso) que, cuando viajo, lo que más me gusta es participar en el día-a-día local, perderme por las calles de una ciudad sin ningún objetivo concreto, hablar con la gente, etc. y no tanto visitar los sitios más turísticos (que también disfruto, pero en su justa medida). Este viaje lo he disfrutado precisamente porque he podido vivir la América Profunda ultraconservadora que solo conocía mediante estereotipos y películas.

En fin, empecemos por lo más light. Nuestro huesped, Mark, tiene un terrenito en el que nos pasamos bastante tiempo conduciendo ATVs (All-Terrain Vehicles, lo que en España solemos llamar quads). En la galería podéis ver un video en el que conduzco mi quad intrépidamente. Mis amigos Chicaguenses me aseguran que conducir quads (o “going four-wheeling”) es algo muy estereotípico de los estados sureños.

También fuimos de excursión a una cueva. Sin embargo, esto no era una cueva comercial, con iluminación en todos lados y pasarelas para moverse fácilmente. Esto era una cueva-cueva en las afueras de Huntsville, donde tenías que traerte tu propia iluminación y comerte todas las subidas y bajadas tu solito. La verdad es que fue bastante divertido (cuando era un crío me encantaba saltar de roca en roca, escalar, etc. y me imagino que sencillamente despertó mi “inner child”), aunque al no ser una cueva comercial, no realizan ningún mantenimiento en ella y el interior está llena de graffiti. Aquí tenéis una foto en la que aparezco en pose de intrepido escalador:

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Notese la oscuridad en el fondo. Cuando estábamos bien adentrados en la cueva, se nos ocurrió apagar todas nuestra luces, y la verdad es que la oscuridad imponía respeto. Era una oscuridad absoluta, a la que tus ojos no pueden acostumbrarse, y que daba un poco de yuyu.

En el Sur también podemos encontrar una gran variedad culinaria, desde comida tipicamente americana (sobre todo comida barbacoa) hasta comida cajún. Comí como un cerdo, y aun me quedé con las ganas de probar más platos sureños. Además, fuimos a sitios poco refinados, donde te sirven la comida auténtica y genuina del lugar (los llamados “greasy spoon” o “hole in the wall” restaurants) y, además, puedes observar a gente bastante pintoresca.

En fin, dicho todo esto, llegamos a la pièce de résistance. ¿Qué encontramos a tutiplen en el Sur de los EEUU? Todo tipo de armas. La siguiente foto, no es coña, es del exterior de una gasolinera:

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La tienda de la gasolinera era una combinación de mini-supermercado, casa de empeños, y tienda de armas y munición. Efectivamente, a diferencia de Chicago, donde la venta de armas está bastante restringida, Alabama es uno de esos sitios donde, literalmente, puedes ir al supermercado (o, en este caso, a la gasolinera) y comprarte un revolver y ochocientas balas:

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Pero, por supuesto, eso no es todo. El plan del lunes por la tarde consistió en quedar en el terrenito de Mark para liarse a balazos contra unas dianas y unas latas vacías. Y esto no era algo extraordinario en Alabama: era un plan muy típico, como si yo quedo con unos amigos para ver una peli o para jugar con mi Wii. Pero… ¿participé yo en este americanísimo plan? Pues… sí. Llegados a este punto, tengo que poner un disclaimer bien gordo:

  1. Yo soy totalmente anti-armas. Me parece que la facilidad con la que se pueden conseguir armas en EEUU es absolutamente escandalosa y yo nunca me compraré un arma (a pesar de que, como habeis visto, puedo ir a la gasolinera a comprarme una). Sin embargo, como he dicho antes, lo que más disfruto en estos viajes es participar en las costumbres locales… y no me podéis negarme que no hay nada más americano que ejercitar las libertades garantizadas por la Segunda Enmienda. Como dicen por aquí, “When in Rome, do as the Romans do”.
  2. Nuestra seguridad estuvo garantizada en todo momento. Esto no fue un plan en el que, a lo tonto, nos compramos un revolver y un montón de balas. Las armas las proporcionaron dos amigos de Mark que eran expertos en su manejo, y que nos supervisaron en todo momento.

Dicho todo esto, no puedo negar que disparar contra una diana y unas latas fue entretenido. Sin embargo, tener una 9mm en tus manos impone mucho respeto. Lo entretenido es el acto de apuntar, disparar, ver cuantas veces das en la diana, etc. pero preferiría hacerlo con algún dispositivo, ahem, incapaz de matar a otro ser humano. En fin, aquí podéis ver como acabó una de las latas y la diana:

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Para los más morbosos, en la galería podéis encontrar una foto en la que apunto con un revolver y un video en el que disparo unas cuantas veces.

Lo que también fue muy curioso fue la conversación que tuvo lugar después del tiroteo. Le comenté a los amigos de Mark que, en España, es practicamente imposible comprar armas para uso personal y que, aunque las armas de fuego son técnicamente legales para uso recreacional y deportivo, la compra-venta está altamente controlada y su uso restringido a ciertos sitios autorizados (como campos de tiro). Su reacción fue básicamente: “Joer, tío, menuda putada… ya lo siento”. Y, más adelante, estuvieron hablando de armas (las armas que quieren comprarse, qué munición utilizar, etc.) con el mismo tono que yo utilizaría al hablar de un nuevo ordenador, de la tarjeta gráfica que quiero comprarme, etc. En esta parte de EEUU, el tema de las armas de fuego es parte de la cultura general y, mirándolo fríamente, pues me acojona que alguien pueda hablar sobre sobre armas letales con semejante informalidad. En fin, países distintos, culturas distintas…