Monthly Archive for noviembre, 2007

:-O :-O :-O

En un post anterior, comenté que se me quedó cara de :-O al enterarme de que un estudiante de doctorado de la Universidad de Chicago murió tras ser disparado durante un atraco. Ahora se me ha quedado cara de :-O :-O :-O tras leer que, tras una investigación bastante intensa, han encontrado al presunto homicida (y, de hecho, cuando le han pillado, ha confesado ser el autor del crimen), y ha resultado ser un chaval de 16 años.

Por si acaso pensáis que ha sido un error al teclear, lo repito: 16 años. Dieciséis. Al parecer, proviene de uno de los barrios pobres al sur del barrio universitario, y decidió subir a nuestro barrio, con unos cuantos amigotes de su misma edad, para atracar a unas cuantas personas “porque necesitaban dinero”. De hecho, les han implicado en otros atracos que tuvieron lugar esa misma noche. La prometedora vida de un estudiante de doctorado sesgada porque un crío subnormal, con acceso a una pistola, necesitaba dinero. Increíble. Sencillamente increíble. Me da exactamente igual los que dicen que “es que las condiciones sociales de su barrio le impulsaron a cometer un crimen”. No me entra en la cabeza que alguien tenga tan poco respeto por la vida humana y mate a otra persona por algo tan nimio como un poco de dinero. Afortunadamente, el hecho de ser menor no le va a salvar el pescuezo. El estado ya ha dicho que le van a juzgar como adulto por homicidio en primer grado.

Licenciado

No, no es que me haya sacado otro título universitario… es que ya tengo “licencia” para conducir:

carnet.jpg

Efectivamente, ¡ya me he sacado el carnet de conducir! ¡Albriquias, alegrata, me late el cardiotripa!

Esta mañana (bueno, técnicamente a la hora a la que estoy escribiendo esto debería decir “ayer por la mañana” :-P ) realicé el examen práctico y lo aprobé sin problemas. Sin embargo, antes de hablar sobre el examen práctico, tengo que relatar lo que aconteció antes del examen. Remontémonos a septiembre, cuando empecé las clases prácticas con una academia de conducir que me habían recomendado varias personas. Mi instructor, un tío joven y muy majo, pronto me ayudó a sentir cada vez más confianza en mis habilidades conductoras. En las primeras lecciones me sacaba pegas a casi todo (naturalmente), pero en las siguientes lecciones solamente me ponía pegas al realizar ejercicios “avanzados” (aparcar en paralelo, etc.), mientras que el resto ya se daba por supuesto que lo sabía. Es decir, tras seis lecciones, y bastantes excursiones conduciendo con compañeros de clase que me dejaron conducir sus coches, pues al girar el coche ya no pensaba en términos de “este giro es un giro cerrado en el que tengo que girar el volante de tal manera, acelerar en tal momento, etc.” sino que giraba y punto. Y lo mismo para frenar, cambiar de carril, etc. Llegado un cierto punto, este tipo de cosas ya te salen naturalmente.

En fin, el día del examen práctico me levanto pensando que no voy a tener ningún problema en aprobarlo. Ningún estrés pre-examen. Y no lo digo por ser un creído, sino porque tanto mi instructor como mis amigos me dicen que seguramente estoy demasiado preparado para el examen (que, como describiré más adelante, no es muy complicado). Puesto que tienes que traer tu propio coche para hacer el examen, el plan es sencillo: el instructor me viene a recoger a casa sobre las 10:30 con un coche de la academia, vamos juntos al centro donde te examinan, y listos (el examen no lo imparte la propia academia, la tiene que impartir un empleado del gobierno del Estado de Illinois). Única pega: en la academia me han avisado que mi instructor habitual no está disponible esta semana, y que tengo que ir con otro instructor. En principio, aunque me repatea un poco el no poder ir con mi instructor habitual, tampoco me preocupa demasiado porque, total, lo único que vamos a hacer es ir a que me examinen, hacer el examen, y volver.

Por supuesto, Murphy intervino, y esto resulto ser una putada. Grande.

El instructor que vino a recogerme resultó ser un señor un tanto mayor que, por ponerlo levemente, tenía un toque de cabrón hijoputa. De camino al examen, me puso pegas a todo lo que hacía, e insistió en que “practicásemos giros” antes del examen, como si esta fuese mi primera lección de conducir. Y claro, lo que antes hacía con naturalidad, empecé a hiper-analizar en cada instante, porque si no Matusalén se picaba y me decía que si el giro lo he hecho un pelín ancho, que si he parado en la señal de stop dos segundos, en vez de los tres segundos reglamentarios, o que si tengo que empezar a frenar un poco antes. Que conste que yo no estaba haciendo nada que fuese imprudente (ni mucho menos peligroso o ilegal). Yo simplemente estaba conduciendo como he estado conduciendo estas últimas semanas con mi instructor habitual o con mis amigos. Pero claro, este instructor se empeñó en que tenía que volver a conducir ultracorrectamente. Ese estilo de conducción me parece adecuado para las primeras lecciones, pero poco apropiado cuando ya tienes más experiencia. Joder, a estas alturas me toca un poco las narices que me insista en que tengo que empezar a girar exactamente cuando el salpicadero de mi coche esté alineado con la calle a la que quiero girar, o que me diga que soy poco previsor por no ponerme en el carril izquierdo con dos bloques de antelación a un giro a la izquierda (y no olvidemos que un bloque de edificios aquí en EEUU es bastante grande). No señor, no es que sea poco previsor: es que no soy gilipollas y ya sé cambiar de carril con solo medio bloque de antelación, sobre todo cuando apenas había otros coches en la carretera.

El problema de todo esto es que el tener que sobreanalizar todo lo que hago empezó a incrementar mi antes inexistente nivel de ansiedad, y los nervios empezaron a jugarme malas pasadas, y sí acabé haciendo giros y frenadas bastante lamentables que no había perpetrado desde mi primera lección de conducir. El instructor incluso me pregunta “Oye, ¿seguro que tu instructor habitual te dijo que estabas listo para hacer el examen práctico?”. Yo le digo que sí, y le explico que llevaba ya dos meses entre lecciones con instructor y conduciendo con amigos y, aun así, cuando llegamos al centro donde te hacen el examen práctico, va y me suelta la siguiente perla en cuanto aparcamos:

Pues no me parece que tú estés listo para hacer el examen práctico.

Cagate lorito. Mi primer instinto es responderle “Mira, especie de ciruela motorizada, si no me hubieses tratado como un conductor principiante, dándome la brasa con detalles insignificantes durante una hora seguida, no estaría tan nervioso. Mi instructor habitual, que me conoce bastante mejor que tú, me ha dicho que estoy listo, y yo aquí he venido a hacer el examen práctico y lo voy a hacer”, pero me conformé con algo mucho más diplomático: “Uy, es que yo me pongo muy nervioso siempre antes de un examen, debe ser eso, la culpa es mía y solo mía, jijiji”. Claro, la putada es que a esas alturas estaba nervioso (y de semejante mala leche) que empecé a preguntarme si por culpa del este mamarracho iba a acabar suspendiendo el examen práctico.

En fin, tras un poco de papeleo, al final me encontré en el coche yo solito con un examinador (no puede haber nadie más en el coche, lo que significa que el abuelo no puede venir conmigo durante el examen). En ese momento, se partieron los cielos. Sin la voz de un carcamal de fondo, y con una examinadora cordial y educada, todo cambió. Salimos del aparcamiento, conducimos un poco por el barrio. Dejé de sobreanalizar lo que hacía (porque la examinadora no puede darte ningún feedback, únicamente puede darte instrucciones), y conduje como siempre. En tan solo 10-15 minutos, la examinadora me dijo que había aprobado. Hubo un mini-momento de pánico porque pensaba que un examen tan corto sin duda significaría que había metido una gamba tremendisima y había suspendido (y la única gamba que cometí fue que en un stop no paré exactamente en la linea blanca, sino cruzandola un poco, algo que la examinadora observó). Más adelante, un amigo me comentó que lo que más valoran los examinadores es que conduzcas con confianza. Si te notan que le has pillado el tranquillo, el examen es breve y ni se molestan en hacerte aparcar (yo no tuve que hacerlo) ni a realizar otras maniobras más complicadas. Sin embargo, si ven que andas perdido, que pides clarificaciones cada dos por tres, etc. pues entonces es cuando se ceban y acaban examinándote durante media hora.

Cuando regresamos al aparcamiento, entré en unas oficinas y me dieron in situ mi carnet de conducir. El retorno a mi barrio (unos 20-30 minutos en coche) fue un pelín incomodo, porque yo estaba conduciendo, y el instructor seguía dándome la brasa con pequeños detalles, a pesar de que había aprobado el examen. Fue también durante este viaje cuando el instructor perdió puntos cuando (no sé exactamente cómo) acabamos hablando sobre Japón, y yo hice un comentario anodino sobre la cantidad de gente que vive “en unas isla relativamente pequeña”, a lo que él responde “¿Japón está en una isla?”. Inicialmente, pensé que se refería a que Japón está situado en unas islas, y me corregí rápidamente. Sin embargo, el puntualizó “Vaya, no sabía que Japón eran una serie de islas”. Im. Presionante. Y cuando nos despedimos, me soltó la “enhorabuena” más falsa que he oído en mucho tiempo. En serio, he visto a gente mostrar más entusiasmo tras una patada en los mismisimos.

Pero bueno, si olvidamos al “Driving Instructor from Hell”, toda la experiencia de sacarse el carnet ha sido bastante entretenida. Ahora, a conseguir coche propio.

P.D.- Como podéis observar a la izquierda de mi foto, estoy registrado como donante de organos en Illinois. Al parecer, en Illinois hay que registrarse previamente como donante, a diferencia de otras regiones donde todo el mundo es donante por defecto, salvo que se oponga la familia o el propio fallecido antes de morir (mirando por Internés, veo que este es el caso en España, si bien uno puede sacarse un “carnet de donante” para que la familia del fallecido no pueda oponerse a la donación). En fin, si vivís en un país o región donde no te registran por defecto como donante, os animo a que os apuntéis. De poco van a servir vuestros órganos pudriéndose en un ataúd, o tostándose en una incineradora :-)

Thanksgiving

El día de Thanksgiving (o Día de Acción de Gracias), que este año tuvo lugar el pasado jueves, tiene sus orígenes en los primeros colonizadores ingleses del continente norteamericano, que decidieron observar un día anual en el que dar gracias a su deidad por haber sobrevivido su primer año en una tierra extraña. De hecho, la historia que suele relatarse es que estos colonizadores, los Pilgrims, celebraron una cena con ingentes cantidades de comida (provenientes de la primera cosecha) que compartieron con los “indios” sin cuya ayuda habría sido imposible sobrevivir, ya que ellos ya estaban familiarizados con los cultivos americanos, como el maíz. Por supuesto, hay mil historias sobre los orígenes sobre Thanksgiving, pero la simbología basada en Pilgrims e indios suele ser la más habitual, aunque en España la mayoría conocemos Thanksgiving como “ese día en el que se reune toda la familia para comerse un pavo gigante”.

Puesto que estuve en un colegio americano hasta los 16 añitos, pues ya estaba familiarizado con Thanksgiving, aunque evidentemente nunca lo celebrábamos en casa (eso sí, algún año en el colegio nos organizaban una comilona con pavo). Mi primer Thanksgiving “de verdad” fue en 1992, cuando pasé medio Noviembre con una familia americana en California como parte de un intercambio de estudiantes. No recuerdo los detalles, pero sí recuerdo que fue exactamente como lo pintan en las películas. Estaba reunida toda la familia (padre, madre, hijos, tíos, primos, y abuelos; algo que en España solo presenciaba en Nochebuena), y en el centro de la mesa había un pavo de proporciones superlativas. Antes de comer, todo el mundo dio gracias por algo, y el Gran Momento Americano fue cuando el abuelo se echó a llorar mientras daba gracias por tener una familia tan chachilerendi.

Hasta que me mudé a Chicago, no hubo más cenas de Thanksgiving. Mi primer año en Chicago, Thankgiving tuvo lugar apenas dos meses desde que mudé aquí y, puesto que no conocía a nadie, no tuve donde pasar el Día de Acción de Gracias. Si mal no recuerdo, me los pasé en casa estudiando la temida Matemática Discreta, y haciendo un poco el vago ya que, al fin y al cabo, eran días de vacaciones. Al año siguiente, pasé Thanksgiving en casa de un compañero de clase, y el tercer año lo pasé en casa de un amigo chicaguense. En ambos casos, hubo pavo para dar tomar y regalar, junto con otros platos típicos de este día: puré de patatas, el relleno del pavo (el pavo se rellena con migas de pan, pasas, y almendras, aunque esto varía de receta en receta), maíz, habichuelas, salsa de arándanos, y muchos otros.

Este año, por primera vez, he participado en otro ritual típico de Thanksgiving: viajar. Como puede verse en muchas películas americanas, el Día de Acción de Gracias es un día en el que tiene que reunirse toda la familia y, puesto que unos pueden estar en Nueva York, otros en Chicago, y otros en Los Angeles, pues reunir a toda la familia no es moco de pavo. De hecho, el día antes de Thanksgiving es el día con el mayor tráfico aéreo en EEUU, algo que resulta especialmente problemático cuando en ciertas regiones ya empieza el mal tiempo (especialmente las nevadas). Los retrasos que se producen en todos los medios de transporte (avión, tren, o coche) suelen ser absolutamente épicos, y no es raro pasarse varias horas esperando a que salga tu vuelo o atascado en una autopista. Aunque generalmente me gusta vivir todo tipos de experiencias típicamente americanas, pues esta es una que no me emocionaba demasiado… pero no podía librarme porque este año había hecho planes para pasar Thanksgiving en Washington DC con unos amigos de mi familia.

Afortunadamente, mi apretado presupuesto de estudiante de doctorado me salvó el pescuezo. Los únicos vuelos baratos que pude encontrar eran aquellos que salían muy pronto (sobre las 7 de la mañana, lo que implica levantarse a las 4 para llegar al aeropuerto a tiempo). Aunque esto implica un madrugón tremendo, a esa hora la red de aeropuertos de EEUU todavía no se ha congestionado. Los vuelos salen a la hora y, en caso de que cancelen tu vuelo, hay muchos otros en los que pueden reasignarte. Un billete a una hora más conveniente (p.ej. a las 17:00) me habría costado entre $200 y $300 más, y seguramente habría resultado en un retraso de varias horas, sobre todo teniendo en cuenta que el día que salí de Chicago estaba nevando.

La visita a Washington DC, la tercera desde que me mudé a Chicago (ver Washington DC y The Magical World of Grid!), fue muy placentera. No hice nada de turismo (ya hice bastante durante mi primera visita), y me concentré en descansar, en pasarlo bien con mis huéspedes, y en disfrutar de la cena de Thanksgiving.

Durante mi estancia, también tuve ocasión de hacer algo un poco fuera de lo ordinario. El padre de la familia con la que pasé Thanksgiving trabaja en el Departamento de Defensa, y se ofreció a darme un tour del Pentágono el día después de Thanksgiving. Por supuesto, acepté sin pensarlo dos veces. Esta era una oportunidad bastante especial porque, a diferencia de muchos otros edificios emblemáticos de Washington DC, el acceso al Pentágono está muy restringido y, aunque aceptan visitantes, no puedes simplemente presentarte ahí, comprar un billete, y apuntarte al tour de las cuatro. O lo coordinas con muchísima antelación, o consigues que alguien que trabaje ahí se ofrezca a enseñarte el interior. Y, una vez dentro, siempre tienes que ir acompañado de la persona con quién accediste. Así que fuimos el día después de Thanksgiving, un día en el que el Pentágono estaba prácticamente vacío (porque mucha gente se pilla puente el día después de Thanksgiving) y era fácil moverse por ahí sin estorbar.

El Pentágono, todo hay que decirlo, no es más que un edificio de oficinas. Su interior básicamente se puede resumir en lo siguiente: pasillos y puertas. Pero, joder, ¡qué pasillos y qué puertas!. Cuando entras en un pasillo en el que solo hay una puerta, y esa puerta tiene una placa en la que puede leerse “Secretario de Defensa“, pues no puedes evitar sentirte un poco sobrecogido al darte cuenta de donde estás. Otro momento tipo “Joer, que pasada” es cuando fuimos al patio del Pentagono, en cuyo centro hay un restaurante cuyo nombre exacto no recuerdo (algo inocuo, como “Pentagon Café” o algo así), pero que era conocido por todo el mundo como “Ground Zero Café”, porque durante la Guerra Fría los rusos tenían apuntados una buena cantidad de misiles intercontinentales al centro exacto del Pentágono, donde se sitúa el restaurante. Y no pude evitar sentir escalofríos cuando pasamos por los pasillos, ya reconstruidos, que fueron destruidos durante el 11-S.

Para los más frikis: En el Pentágono se toman muy en serio la seguridad informática. En uno de los despachos, había dos ordenadores idénticos, cada uno con un disco duro removible. Uno de los discos llevaba una etiqueta verde indicando que los contenidos del disco eran “Unclassified“, mientras que el otro disco llevaba una etiqueta roja indicando que “This medium is classified as SECRET“. El router de la oficina tenía dos puertos, uno con la etiqueta verde y otro con la etiqueta roja. También había dos impresoras idénticas, excepto por las dos etiquetas. Además, había dos teléfonos, uno con etiqueta verde, y otro con una etiqueta naranja indicando que “This medium is classified as TOP SECRET“. Este teléfono era bastante más grande que el otro, con lo que no me extrañaría que estuviese lleno a rebosar de hardware propietario para encriptación de conversaciones. Por cierto, para los que se estén preguntando si la CIA va a aparecer en mi apartamento para “hacerme unas preguntas” por describir todo esto en mi blog, la respuesta es bien sencilla: entramos al despacho con nuestro huésped, que nos habría impedido entrar si los contenidos del despacho fuesen secretos (ya que yo no dispongo de ningún “security clearance”). Además, la manera en la que se maneja información a distintos niveles es información pública, así que no estoy contando nada que no aparezca ya en el equivalente americano del BOE. Eso sí, si hubiese intentado utilizar el teléfono Top Secret, seguramente habría aparecido el séptimo de caballería al instante.

:-O

La verdad es que no se me ocurre un título mejor para este post, ya que esa es la cara que se me quedó cuando recibimos ayer el siguiente e-mail del presidente de la universidad:

To:  University Community
From:  President Robert Zimmer
Subject:  Shooting on South Ellis

It is with the greatest possible sadness that I write to inform you of the tragic
killing of one of our graduate students last night. Amadou Cisse, an international
student completing his Ph.D. degree in chemistry, was shot and killed at 1:26 a.m.
in the street near 6120 S. Ellis Ave.

Al parecer, el pobre chaval se dirigía a su casa cuando intentaron atracarle y acabaron pegandole un tiro (esta es la hipótesis que baraja la policía, y todavía no se sabe nada definitivo). Evidentemente, cuando vives en una ciudad como Chicago, hay que enfrentarse a la realidad de que se van a cometer crímenes. Yo conozco a varias personas que han sido atracadas en el barrio universitario (aunque nunca dentro del campus propiamente), pero nunca ha sido nada más grave que perder la cartera y el móvil, con la ocasional paliza (algo que, en perspectiva, no es nada). Y aunque también ha habido homicidios en este barrio (pocos, pero los ha habido), nunca han sido contra miembros de la comunidad universitaria, sino por temas de rivalidad entre “street gangs” o por temas de drogas. Cuando te enteras de estos homicidios, te sientes un poco inmune porque no estás metido en temas escabrosos (y es que si le debes $1000 a tu camello, pues no hay que extrañarse si una noche acabas con una bala entre ceja y ceja). Este evento es, pues, bastante importante ya que ningún miembro de la universidad ha sido asesinado en el barrio universitario en más de 30 años. La universidad pone un esfuerzo enorme en garantizar la seguridad de la comunidad universitaria (la policía de la Universidad de Chicago, de hecho, es la fuerza policial privada más grande del mundo, después de la del Vaticano), con lo cual este crimen es una ocurrencia insólita.

No voy a negar que esto acojona. Bastante. Primero, porque, a diferencia de España, por estos lares todo hijo de vecino puede comprarse una pistola. Y cuando esa persona es un criminal cobarde e inepto, pues un simple atraco puede acabar convirtiéndose en un homicidio. Segundo, porque esto le ha pasado a un estudiante de doctorado como yo (para más inri, había defendido su tesis el 1 de noviembre) que estaba volviendo a casa tranquilamente a las 1:30 de la mañana sin buscar jaleo. Es un sinsentido totalmente arbitrario. Joder, hay días en los que no salgo de la oficina hasta las 2 o 3 de la madrugada y tengo que volver a casa a esas horas (aunque procuro utilizar mi bicicleta o, en su defecto, los autobuses nocturnos proporcionados por la universidad).

Que mal rollo.

Guitar Hero

Mi auto-regalo de cumpleaños fue, nada más y nada menos, que Guitar Hero III: Legends of Rock para la Nintendo Wii (que compré a comienzos de año). Ayer organicé una fiesta de cumpleaños en la que nos juntamos varios compañeros del programa de doctorado para jugar a Guitar Hero (uno de ellos también se compró Guitar Hero, con lo cual pudimos jugar con dos guitarras). La fiesta también involucró ingentes cantidades de comida que trajeron los ‘apañeros, incluyendo buffalo hot wings… mmm…

En fin, aquí tenéis una foto mía, durante el cumpleaños, en plan \,,/(>_<)\,,/

Cumpleaños 2007