No, no es que me haya sacado otro título universitario… es que ya tengo “licencia” para conducir:
Efectivamente, ¡ya me he sacado el carnet de conducir! ¡Albriquias, alegrata, me late el cardiotripa!
Esta mañana (bueno, técnicamente a la hora a la que estoy escribiendo esto debería decir “ayer por la mañana” :-P ) realicé el examen práctico y lo aprobé sin problemas. Sin embargo, antes de hablar sobre el examen práctico, tengo que relatar lo que aconteció antes del examen. Remontémonos a septiembre, cuando empecé las clases prácticas con una academia de conducir que me habían recomendado varias personas. Mi instructor, un tío joven y muy majo, pronto me ayudó a sentir cada vez más confianza en mis habilidades conductoras. En las primeras lecciones me sacaba pegas a casi todo (naturalmente), pero en las siguientes lecciones solamente me ponía pegas al realizar ejercicios “avanzados” (aparcar en paralelo, etc.), mientras que el resto ya se daba por supuesto que lo sabía. Es decir, tras seis lecciones, y bastantes excursiones conduciendo con compañeros de clase que me dejaron conducir sus coches, pues al girar el coche ya no pensaba en términos de “este giro es un giro cerrado en el que tengo que girar el volante de tal manera, acelerar en tal momento, etc.” sino que giraba y punto. Y lo mismo para frenar, cambiar de carril, etc. Llegado un cierto punto, este tipo de cosas ya te salen naturalmente.
En fin, el día del examen práctico me levanto pensando que no voy a tener ningún problema en aprobarlo. Ningún estrés pre-examen. Y no lo digo por ser un creído, sino porque tanto mi instructor como mis amigos me dicen que seguramente estoy demasiado preparado para el examen (que, como describiré más adelante, no es muy complicado). Puesto que tienes que traer tu propio coche para hacer el examen, el plan es sencillo: el instructor me viene a recoger a casa sobre las 10:30 con un coche de la academia, vamos juntos al centro donde te examinan, y listos (el examen no lo imparte la propia academia, la tiene que impartir un empleado del gobierno del Estado de Illinois). Única pega: en la academia me han avisado que mi instructor habitual no está disponible esta semana, y que tengo que ir con otro instructor. En principio, aunque me repatea un poco el no poder ir con mi instructor habitual, tampoco me preocupa demasiado porque, total, lo único que vamos a hacer es ir a que me examinen, hacer el examen, y volver.
Por supuesto, Murphy intervino, y esto resulto ser una putada. Grande.
El instructor que vino a recogerme resultó ser un señor un tanto mayor que, por ponerlo levemente, tenía un toque de cabrón hijoputa. De camino al examen, me puso pegas a todo lo que hacía, e insistió en que “practicásemos giros” antes del examen, como si esta fuese mi primera lección de conducir. Y claro, lo que antes hacía con naturalidad, empecé a hiper-analizar en cada instante, porque si no Matusalén se picaba y me decía que si el giro lo he hecho un pelín ancho, que si he parado en la señal de stop dos segundos, en vez de los tres segundos reglamentarios, o que si tengo que empezar a frenar un poco antes. Que conste que yo no estaba haciendo nada que fuese imprudente (ni mucho menos peligroso o ilegal). Yo simplemente estaba conduciendo como he estado conduciendo estas últimas semanas con mi instructor habitual o con mis amigos. Pero claro, este instructor se empeñó en que tenía que volver a conducir ultracorrectamente. Ese estilo de conducción me parece adecuado para las primeras lecciones, pero poco apropiado cuando ya tienes más experiencia. Joder, a estas alturas me toca un poco las narices que me insista en que tengo que empezar a girar exactamente cuando el salpicadero de mi coche esté alineado con la calle a la que quiero girar, o que me diga que soy poco previsor por no ponerme en el carril izquierdo con dos bloques de antelación a un giro a la izquierda (y no olvidemos que un bloque de edificios aquí en EEUU es bastante grande). No señor, no es que sea poco previsor: es que no soy gilipollas y ya sé cambiar de carril con solo medio bloque de antelación, sobre todo cuando apenas había otros coches en la carretera.
El problema de todo esto es que el tener que sobreanalizar todo lo que hago empezó a incrementar mi antes inexistente nivel de ansiedad, y los nervios empezaron a jugarme malas pasadas, y sí acabé haciendo giros y frenadas bastante lamentables que no había perpetrado desde mi primera lección de conducir. El instructor incluso me pregunta “Oye, ¿seguro que tu instructor habitual te dijo que estabas listo para hacer el examen práctico?”. Yo le digo que sí, y le explico que llevaba ya dos meses entre lecciones con instructor y conduciendo con amigos y, aun así, cuando llegamos al centro donde te hacen el examen práctico, va y me suelta la siguiente perla en cuanto aparcamos:
Pues no me parece que tú estés listo para hacer el examen práctico.
Cagate lorito. Mi primer instinto es responderle “Mira, especie de ciruela motorizada, si no me hubieses tratado como un conductor principiante, dándome la brasa con detalles insignificantes durante una hora seguida, no estaría tan nervioso. Mi instructor habitual, que me conoce bastante mejor que tú, me ha dicho que estoy listo, y yo aquí he venido a hacer el examen práctico y lo voy a hacer”, pero me conformé con algo mucho más diplomático: “Uy, es que yo me pongo muy nervioso siempre antes de un examen, debe ser eso, la culpa es mía y solo mía, jijiji”. Claro, la putada es que a esas alturas estaba nervioso (y de semejante mala leche) que empecé a preguntarme si por culpa del este mamarracho iba a acabar suspendiendo el examen práctico.
En fin, tras un poco de papeleo, al final me encontré en el coche yo solito con un examinador (no puede haber nadie más en el coche, lo que significa que el abuelo no puede venir conmigo durante el examen). En ese momento, se partieron los cielos. Sin la voz de un carcamal de fondo, y con una examinadora cordial y educada, todo cambió. Salimos del aparcamiento, conducimos un poco por el barrio. Dejé de sobreanalizar lo que hacía (porque la examinadora no puede darte ningún feedback, únicamente puede darte instrucciones), y conduje como siempre. En tan solo 10-15 minutos, la examinadora me dijo que había aprobado. Hubo un mini-momento de pánico porque pensaba que un examen tan corto sin duda significaría que había metido una gamba tremendisima y había suspendido (y la única gamba que cometí fue que en un stop no paré exactamente en la linea blanca, sino cruzandola un poco, algo que la examinadora observó). Más adelante, un amigo me comentó que lo que más valoran los examinadores es que conduzcas con confianza. Si te notan que le has pillado el tranquillo, el examen es breve y ni se molestan en hacerte aparcar (yo no tuve que hacerlo) ni a realizar otras maniobras más complicadas. Sin embargo, si ven que andas perdido, que pides clarificaciones cada dos por tres, etc. pues entonces es cuando se ceban y acaban examinándote durante media hora.
Cuando regresamos al aparcamiento, entré en unas oficinas y me dieron in situ mi carnet de conducir. El retorno a mi barrio (unos 20-30 minutos en coche) fue un pelín incomodo, porque yo estaba conduciendo, y el instructor seguía dándome la brasa con pequeños detalles, a pesar de que había aprobado el examen. Fue también durante este viaje cuando el instructor perdió puntos cuando (no sé exactamente cómo) acabamos hablando sobre Japón, y yo hice un comentario anodino sobre la cantidad de gente que vive “en unas isla relativamente pequeña”, a lo que él responde “¿Japón está en una isla?”. Inicialmente, pensé que se refería a que Japón está situado en unas islas, y me corregí rápidamente. Sin embargo, el puntualizó “Vaya, no sabía que Japón eran una serie de islas”. Im. Presionante. Y cuando nos despedimos, me soltó la “enhorabuena” más falsa que he oído en mucho tiempo. En serio, he visto a gente mostrar más entusiasmo tras una patada en los mismisimos.
Pero bueno, si olvidamos al “Driving Instructor from Hell”, toda la experiencia de sacarse el carnet ha sido bastante entretenida. Ahora, a conseguir coche propio.
P.D.- Como podéis observar a la izquierda de mi foto, estoy registrado como donante de organos en Illinois. Al parecer, en Illinois hay que registrarse previamente como donante, a diferencia de otras regiones donde todo el mundo es donante por defecto, salvo que se oponga la familia o el propio fallecido antes de morir (mirando por Internés, veo que este es el caso en España, si bien uno puede sacarse un “carnet de donante” para que la familia del fallecido no pueda oponerse a la donación). En fin, si vivís en un país o región donde no te registran por defecto como donante, os animo a que os apuntéis. De poco van a servir vuestros órganos pudriéndose en un ataúd, o tostándose en una incineradora :-)
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