Archive for Enero, 2008

Jurando en hebreo

A mi siempre me ha parecido que por muy bilingüe, trilingüe, o plurilingüe que uno sea, la lengua nativa es la que impera en reacción a un daño físico inesperado. Sin embargo, esto es algo que únicamente he podido verificar en privado. Estando sólo en casa, si me pego una leche contra algo, o me quemo al sacar algo del horno, etc. mi reacción instintiva es utilizar lenguaje soez, en castellano, que haría sonrojar al Capitán Haddock. Sin embargo, nunca había tenido ocasión de comprobar que ocurriría si, en lugar de estar yo sólo, estuviese rodeado por angloparlantes. Es posible que, a un nivel subconsciente, esto resultase en la utilización de un “fuck!” en lugar de un “¡joder!”.

Pues bien, ayer pude comprobarlo empíricamente. Como todos los días, unos cuantos compañeros de clase (todos americanos) y yo nos dirigimos a uno de los comedores universitarios para comer. Uno de mis compañeros compró un vaso de café (que, aquí en los EEUU, se sirve en grandes vasos de plástico, como si te compras un refresco grande en el McDonalds). Una vez sentados, y debido a una serie de eventos fortuitos, dicho compañero acabo derramando los contenidos de dicho vaso sobre mi persona. Y, por si no lo sabíais, aquí el café se sirve a temperaturas exageradas (hace unos años, de hecho, hubo un caso muy famoso en el que McDonalds fue demandado cuando su café causó quemaduras de tercer grado a una anciana). Evidentemente, ser rociado con un líquido casi hirviendo genera un instante de dolor considerable, y mi reacción fue soltar un sonoro expletivo en medio del comedor. Y, a pesar de estar rodeado por angloparlantes, lo hice en castellano.

Hipótesis confirmada. Science. It works, bitches.

Sin novedad en el frente

Llevo casi un mes sin escribir en el blog, y este suele ser el punto en el que la gente me empieza a preguntar a ver si me ha pasado algo. Más bien todo lo contrario: no pasa nada digno de mención. Estas últimas semanas he estado totalmente consumido por mi trabajo, a cuenta de una publicación que hemos estado preparando para una conferencia, y no ha pasado nada interesante desde que volví de mi road trip navideño. Bueno, sí han pasado cosas interesantes a mi alrededor, como las elecciones primarias de EEUU, pero no he tenido tiempo para sentarme tranquilamente para escribir sobre ello. Como ya conté en “La vida del grad student”, la vida del estudiante de doctorado en EEUU a veces resulta un poco sobrecogedora. Pero bueno, ya enviamos la dichosa publicación (a ver si hay suerte y nos la aceptan) y ahora ya ando un poco más tranquilo.

Bueno, y tampoco es del todo cierto que no haya pasado nada. Tras el road trip, por fin me he puesto a aprender a conducir con un coche con marchas (ya que, hasta ahora, unicamente he tenido ocasión de conducir coches automáticos, incluido el coche de la autoescuela, y yo tengo intención de comprarme un coche con marchas). Estoy quedando todos los fines de semana con una amiga que amablemente me permite conducir su coche para familiarizarme con la transmisión manual. La primera hora fue la más “interesante”, con el coche calándose cada dos por tres, y pegando el ocasional acelerón de película, con olor a goma quemada incluido. Pero, pasado el periodo de aclimatamiento, ya consigo conducir sin que se me cale el coche (salvo en contadas excepciones), aunque todavía no le he pillado el punto justo al embrague. Pero bueno, simplemente hay que seguir practicando. Por lo menos he llegado al punto en el que puedo ir a un concesionario y probar un coche sin parecer un conductor inepto. De hecho, espero tener coche propio a mediados o finales de Febrero.