Monthly Archive for septiembre, 2009

Coda

Ultima noche en Madrid. Dentro de menos de nueve horas me embarco de vuelta a Chicago. Pero este último día, y los últimos cuatros meses, han concluido con una nota tan inesperada como agradable. Chicos y chicas, aquí teneis la más reciente adición a la galería de Lectores de BorjaNet:

Kirai

Efectiviwonder, el único e inimitable Kirai, a quien conozco electronicamente desde 2004 (que se dice pronto, señora), cuando contactó conmigo porque iba a pasar el verano en el CERN, al poco de haber estado yo ahí (de hecho, acabó ocupando el mismo despacho que yo). También tuve ocasión de entrevistarle para el ABC, pero nunca había tenido ocasión de conocerle en persona… hasta esta noche cuando, junto con otros diez comensales, tuvimos una cena repleta de buen rollo.

Vamos, un memorable final para mi estancia veraniega. El siguiente post, desde Chicago.

Nos lo merezcamos o no

Dada la proximidad de la reunión de COI en Copenhagen, donde se decidirá la ciudad que organizará los Juegos Olímpicos de 2016, me parece que es un buen momento para reproducir este artículo mío que aparece en el último número de la Revista UD (la revista trimestral de la Universidad de Deusto). Ojo que el artículo lo escribí en julio, antes de que se publicase el último informe oficial del COI y antes de que se supiese que Obama iba a acudir en persona a Copenhagen.

*   *   *

Este año, por motivos de trabajo, he tenido la ocasión de dejar mi habitual residencia Chicaguense para pasar el verano entero en Madrid. Puesto que Chicago y Madrid son las claras favoritas para los Juegos Olímpicos de 2016, ha resultado interesante poder ver como ambas ciudades afrontan sus candidaturas. Vaya por delante que mi favorita para los Juegos Olímpicos es Chicago. Sin mucho entusiasmo y sin ser un gran fan de los Juegos Olímpicos. Simplemente porque es donde he vivido los últimos cinco años, y me identifico más con Chicago que con Madrid (y porque la candidatura de Madrid me parece un brindis al Sol, pero a eso ya llegaremos). Otro gallo cantaría, por supuesto, si la ciudad candidata fuese Bilbao.

Antes de empezar mi residencia estival en Madrid, decidí comprarme una camiseta de Chicago 2016. Sin embargo, al escribir este artículo, todavía no me he atrevido a ponermela en público ya que, tal y como me han advertido varios madrileños, los habitantes de la villa se toman su candidatura olímpica muy en serio. Efectivamente, hablando con madrileños detecto un entusiasmo genuino y, a veces, desaforado por la candidatura. No se puede encontrar ningún rincón de Madrid en el que no haya algún cartel de apoyo a la candidatura y la amplia mayoría de sus ciudadanos quieren que las olimpiadas vengan a la ciudad y muchos trabajan activamente por este fin.

En Chicago, en cambio, el ciudadano de a pie afronta la candidatura con indiferencia y apatía, o incluso se opone abiertamente a ella. Todos los chicaguenses con los que he hablado describen la Olimpiadas como algo que le interesa más a la clase política que a los habitantes de la ciudad. Incluso andando por la ciudad se percibe que, aunque hay bastante apoyo institucional, con algún que otro cartel colgado en las zonas más turistas, no se respira el mismo aire de optimismo y entusiasmo que en Madrid. Y luego hay una cantidad nada desdeñable de gente que hace campaña publicamente en contra de la candidatura, citando el impacto que tendrá sobre la ciudad (el alcalde quiere construir el estadio olímpico en uno de los principales parques de Chicago), el incierto uso que se le dará a la villa olímpica tras los juegos, y lo que le costará a la ciudad (y, por tanto, a los contribuyentes) la organización de semejante evento.

Eso sí, Chicago tienen muchos e incuestionables méritos que la convierten en una ciudad olímpica ideal. Ya dispone de infraestructura para practicamente todos los deportes olímpicos -lo que significa que apenas sería necesario depender de sedes secundarias-, tiene amplia experiencia en la organización de grandes eventos, dispone de una conexión excelente con el resto del mundo a través del aeropuerto O’Hare, y para dorar la pildora, es una ciudad con una larga tradición deportiva (¿quién no ha oido hablar de los Chicago Bulls, los White Sox, los Cubs, los Bears, etc.?) De hecho, en los últimos informes oficiosos sobre las ciudades candidatas, Chicago y Madrid aparecen practicamente empatadas en todos los baremos técnicos. No obstante, no puedo evitar sentir que Chicago no merece llevarse las olimpiadas porque, a pesar de todos sus méritos, la ciudad de los vientos no le ha puesto el mismo entusiasmo ni ha involucrado tanto a la ciudadanía como Madrid. Parece más justo que las olimpiadas se las lleve una ciudad cuyos habitantes, a diferencia de los de Chicago, han demostrado un enorme entusiasmo por convertirse en la ciudad olímpica de 2016.

Pero, a pesar de todo esto, estoy convencido de que las olimpiadas se las llevará Chicago. Primero, porque EEUU tiene los mejores lobbyists del mundo. Da lo mismo cuanto se esté esforzado Madrid en causar una buena impresión al COI; Chicago y su ejercito de lobbyists lo harán diez veces mejor. Segundo, porque por mucho que el COI repita que no tiene una política oficial de rotación geográfica, sería iluso negar que no es un factor importante. En 2016 habrán pasado 20 años desde la última olimpiada en el continente américano, pero se habrán celebrado dos olímpiadas recientes en el continente europeo (Atenas en el 2004 y Londres en el 2012). Volver a presentar la candidatura de Madrid tras haber sido elegida Londres para el 2012 me parece una apuesta arriesgadisima. En ese sentido, Chicago tiene más que temer a Rio de Janeiro (que, a pesar de su infraestructura inferior, sería la primera olimpiada en Sudámerica) que a Madrid. Tercero, y finalmente, una palabra: Obama. Chicago tiene el apoyo del popular presidente, que vivio varios años en Chicago antes de mudarse a la Casa Blanca. De hecho, se rumorea que Obama se dejará caer por la reunión del COI en la que se decidirá la ciudad olímpica, y su carismatica presencia puede servir para que unos cuantos votos cruciales caigan del lado de Chicago. Por ello, sospecho que, nos lo merezcamos o no, las olimpiadas se vienen a Chicago.

¿Pero tú te vuelves a España o no?

Los dos primeros años en Chicago, la pregunta más habitual cuando venía de visita a España era “¿Qué tal por EEUU?”. Poco a poco, esa pregunta transicionó a “¿Pero cuanto te queda en EEUU?”, que se convirtió en la pregunta dominante durante mi tercer y cuarto año. Ya en mi quinto año de expatriación, la pregunta más común ahora parece ser “¿Pero tú te vuelves a España o no?”. Tras haberla respondido una y otra vez, me parece que merece la pena ponerla por escrito. La respuesta corta, por cierto, es “No lo sé”. Pero como me imagino que no os conformareis con eso, aquí va la respuesta larga…

Muchos de los españoles que me encuentro en EEUU suelen pertenecer a una de dos categorías: los que tienen decidido que van a volver raudos y veloces a España tras terminar sus estudios de postgrado (muchos alegando que no aguantan a los yankis, que echan de menos España, etc, etc.) o los que no conciben volver a España (generalmente echando pestes contra lo mal que está el patio a España). Lo que me suele sorprender es que, en casi todos los casos, estos españoles lo tienen decidido desde el primer día que pisan EEUU. España o es la Tierra Prometida que nos llama y a la que habremos de volver, o es el país tercermundista del que tuvimos la suerte de escapar.

Comento todo esto porque estoy seguro que todos conocéis al menos a una persona en cada categoría: el amigo que en su día hizo “algo” en EEUU (un master, un doctorado, una estancia, un curso, etc.) pero que ahora vive en España, o el amigo que se fue a EEUU y del que nunca más se supo. Y, naturalmente, mucha gente con la que hablo supone que yo también caigo en una de esas dos categorías.

Pues no. A mi sinceramente me atrae igualmente la opción de quedarme en EEUU que la de volverme a España. Ambas tienen sus pros y sus contras. Por simplificar mucho: en EEUU hay más facilidad para la investigación y la docencia, pero en España la calidad de vida es mucho mejor. Cuando digo esto en EEUU, los americanos más orgullosos se enervan; a ver que es eso de que en España se viva mejor que en “the greatest nation on the face of the Earth”. Pues porque es verdad: España tiene una cultura más relajada, con menos énfasis en el trabajo, más vacaciones, sanidad pública, etc. EEUU, en cambio, tiene una cultura mucho más orientada al trabajo donde ser un “workaholic” es algo bueno, no una patología. Se entiende que, con esa cultura, EEUU haya llegado a donde está pero, tras cinco años en EEUU, la verdad es que esa cultura te acaba tocando un poco las narices. Pero lo dicho: por otro lado, en pocos sitios se investiga tan bien ni da tanto gusto ser docente.

Vale, así que estoy dejando mis opciones abiertas… lo que pasa es que el momento en el que tendré que escoger una opción se aproxima sin prisa pero sin pausa, con lo cual ya debería tener respuesta para la pregunta del millón.

O igual no.

He aquí mi dilema: yo sé que quiero hacer carrera académica. Lo que pasa es que la carrera académica en EEUU supone un compromiso inicial de siete años: el famoso tenure track. Me explico: en EEUU, una vez te sacas el doctorado, tienes que pasarte siete años de Profesor Ayudante, al cabo de los cuales evalúan tu trabajo durante esos siete años y deciden si hacerte un contrato indefinido (para que nos entendamos: es como tener un periodo de prueba o un contrato de prácticas… de siete años). Es decir, reemplazas la tensión de la tesis por la tensión de que tienes que cumplir las expectativas del comité de contratación (que generalmente incluye publicar lo máximo posible, realizar docencia si es que te lo van a valorar, etc.). Saltas de la sartén al fuego.

Por otro lado, si vuelvo a España, seguramente no tendría problema en conseguir un contrato indefinido (y la seguridad laboral que ello conlleva) al poco de volver. Eso sí, aunque no hay un compromiso de siete años como en EEUU, sí hay un compromiso de facto: si vuelvo a España, ya tendría que ser para quedarme (especialmente porque si luego me arrepiento, volver a EEUU sería complicado).

Por lo tanto, hace tiempo decidí que ese compromiso no lo iba a hacer recién salido del doctorado. La razón principal es que quiero necesito un cambio de ritmo después del doctorado. No tengo ningún problema per se con lo de pasarme siete años haciendo el “tenure track”, o con comprometerme a volver a la nave nodriza, pero tampoco quiero meterme en semejante berenjenal después de seis arduos años de doctorado.

Mi plan, por lo tanto, es quedarme dos o tres años en EEUU después de terminar el doctorado. Evidentemente, hasta que no me ponga a mandar curriculums, pues no sabré dónde estaré exactamente esos dos o tres años, pero a priori me atrae el acceder a algún puesto universitario que sea “non-tenure track”, donde pueda combinar investigación y docencia pero sin la presión de que haya empezado la cuenta atrás de los siete años, o incluso meterme en el mundo de la empresa durante un par de años, para poder contar con esa experiencia (que, al final, desde el mundo académico lo vemos todo de una manera que no necesariamente se corresponde con lo que ocurre en el campo de batalla). También está la opción de hacer un postdoctorado, aunque esa opción me atrae menos, ya que supondría dedicarme al 100% a la investigación (es decir, sin docencia).

Pasados esos dos o tres años, habiendo visto cómo está el patio y evaluando todas las opciones que se me presenten, decidiré si me quedo en EEUU a largo plazo, o si me vuelvo a España. Así que resumiendo… ¿Volveré a España? No lo sé. Preguntádmelo en dos o tres años :-)

OpenNebula por las redes sociales

Para los que os movais más por las redes sociales, hoy hemos inaugurado presencia de OpenNebula en Twitter y Facebook. Para recibir noticias y avisos sobre OpenNebula, suscribase a este Twitter, señora:

O hágase fan de OpenNebula en el Caralibro:

Y para los que todavía no sepan que también me pueden seguir en Twitter, aquí va esta URL: http://www.twitter.com/borjasotomayor

Artículo en IEEE Internet Computing

IEEE Internet Computing es una de las principales revistas que publica la IEEE y trata concretamente sobre los últimos avances en tecnologías de Internet (aunque muchas veces la revista abarca más generalmente el área de Sistemas Distribuidos). El número que sale ahora en Septiembre/Octubre está dedicado al emergente campo del Cloud Computing, y uno de los cuatros artículos sobre Cloud en la revista es un artículo mío, co-escrito con Rubén Santiago Montero e Ignacio Martín Llorente (de la Universidad Complutense de Madrid) e Ian Foster (mi director de tesis, de la Universidad de Chicago):

Borja Sotomayor, Rubén S. Montero, Ignacio M. Llorente, Ian Foster, “Virtual Infrastructure Management in Private and Hybrid Clouds,” IEEE Internet Computing, vol. 13, no. 5, pp. 14-22, Sep./Oct. 2009

El artículo describe el problema de la gestión de infraestructuras virtuales en sistemas cloud, y la solución que proponemos nosotros: OpenNebula y Haizea. Para los que en muchas ocasiones me habeis preguntado “¿Pero tú a qué te dedicas?” (y habeis recibido la habitual respuesta “Ufffffffffff, ¿por donde empiezo?”) os recomiendo que le echeis un vistazo al artículo, ya que presenta un resumen de mi trabajo y mi investigación que debería ser inteligible para personas con conocimientos de informática (a nivel universitario).

Para acceder al artículo es necesario tener una suscripción a la IEEE. Si os conectais desde una universidad, es muy posible que vuestra universidad esté suscrita. De lo contrario, podeis bajaros un “preprint” del artículo aquí: http://www.mcs.anl.gov/uploads/cels/papers/P1649.pdf. El “preprint” es la versión antes de que la IEEE le pegase un repaso, lo maquetase bien, etc. En términos de contenidos técnicos, es casi idéntico a la versión que sale en la revista.