Wanderlust

Mi abuela, la última que me quedaba, ha fallecido hoy. No escribo estas palabras en búsqueda de simpatía o condolencias; mi abuela vivió una vida muy completa, disfrutó con los suyos hasta el último momento, y hace ya unas semanas que sabíamos que su fallecimiento era inminente. Siento algo, pero no es tristeza. Simplemente, su momento había llegado.

Escribo estas palabras a modo de tributo, porque gran parte de lo que soy hoy en día se lo debo, en cierta manera, a ella.

Mi abuela fue farmacéutica, y se licenció en Farmacia en una época en la que pocas mujeres obtenían estudios universitarios, y mucho menos en campos científicos como Farmacia. Además, tener una farmacia en la época de mi abuela era un negocio muy lucrativo, porque (por ley) no podía haber otras farmacias a cierta distancia de la tuya, dándote un monopolio sobre un barrio entero. Es decir, mi abuela estaba fo-rra-da.

¿Y que hacía mi abuela con todos esos fabulosos ingresos? Se los gastaba casi todos en sus nietos. Sin embargo, no se lo gastaba en regalos o “pagas” a los nietos. Se lo gastaba en viajes: mi abuela sostenía que era muy importante que, desde una edad temprana, sus nietos tenían que ver el mundo y conocer otras culturas. Gracias a mi abuela, tuve la oportunidad de recorrer Europa y de visitar Egipto, Israel y Turquía. Como también le impartió ese valor a sus hijos, mi abuela también fue indirectamente responsable de varios viajes que hice con mis padres, sobre todo múltiples viajes a EEUU.

¿Y qué efecto han tenido esos viajes en mi? Hace casi diez años decidí iniciar una nueva etapa de mi vida, mudándome a Chicago, una nueva ciudad donde no conocía a nadie, para realizar mis estudios de doctorado. Podría haberme quedado tranquilamente en Bilbao; ya tenia un buen empleo, y podía estar con todos mis amigos y mi familia. Mudarme a Chicago sería un cambio enorme.

Sin embargo, mi abuela me impartió la importancia de no conformarte con la comodidad de lo conocido y lo permanente. Esos viajes en mi infancia y adolescencia me abrieron los ojos al mundo y las culturas que hay fuera de nuestras fronteras y despertaron un interés -casi una necesidad- por zambullirme en lo desconocido. Levantar raíces para venir a Chicago no fue una decisión difícil. Era otra aventura más. Y, hoy en día, sigo realizando viajes épicos donde lo principal no es “hacerse la foto” sino conocer la historia y la cultura de los sitios que visito, y estos viajes enriquecen mi vida sobremanera.

Pero, más importante aun, mi abuela me impartió que el propósito más noble para las riquezas que acumulamos es mejorar la vida de los que nos rodean, sin esperar recibir nada a cambio. Salvo, quizás, la gratitud de su nieto.

Sed buenos los unos a los otros.

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2 Responses to “Wanderlust”


  • Grande tu abuela, Borja. Las personas permanecen gracias a la memoria de aquellos en los que han dejado huella. Bonito tributo.

  • En las inmortales palabras de Dorothy, nada como el hogar. Pero a mi me gustan más las inmortales palabras de Baroja: el nacionalismo se cura viajando. Y decidir viajar es el primer paso de todo viaje.

    Gran homenaje a tu abuela, Borja. Que el 2014 sea tan gran año como te mereces.

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