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Cameo en “Muertos de Risa” (es decir, mi número Erdös-Bacon es 9)

Hace unos días me topé en eBay con un DVD de “Muertos de Risa” y, ni corto ni perezoso, me lo compré. ¿Por qué? Primero, porque las películas de Alex de la Iglesia me encantan y las tengo casi todas. Segundo, porque hago un cameo en la película:

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En los dos fotogramas se me ve, respectivamente, a la izquierda y en el centro (entre Santiago Segura y El Gran Wyoming). Bueno, ¿y que pinto yo haciendo de extra en “Muertos de Risa”? Como algunos lectores ya saben, yo fui el encargado de la página web oficial de la película, como puede verse en los créditos:

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La página web, por cierto, la podéis ver en http://www.borjanet.com/muertos/. Como notareis, es muy retro 90’s-chic. Eran otros tiempos, cuando la paleta de colores estaba limitada a 256, la resolución de pantalla raramente pasaba de los 640×480, y casi nadie sabía lo que era el Flash… También eran tiempos cuando esto de la “guorl guaid güeb” era todavía un misterio para muchos, y un chaval de 17 años como yo podía trabajar en un proyecto como ese y ser un “experto” en el tema. De hecho, fue de las primeras webs que se hicieron en España para una película, y recibió bastante publicidad porque Alex respondía a las preguntas de los internautas a través de la web y, además, porque organizamos un concurso en el que el premio era pasar un día en el rodaje de la película y aparecer como extra. Ya sé que eso suena a poco hoy en día, pero os recuerdo que esto era 1998… Google estaba en su infancia y era practicamente un desconocido, Yahoo era el buscador más popular (y tenía este aspecto), y las webs en España no eran precisamente un referente de buen diseño o navegabilidad (véanse el Ministerio de Cultura y La Moncloa)

Bueno, habiendo establecido mi vínculo con la película, ¿cómo acabé exactamente en esa escena? En 1998 me pasé agosto entero viviendo en Madrid, donde se rodó la película, mientras trabajaba en la web de la película. Un día, me invitaron al rodaje (que tuvo lugar en los estudios de Antena 3) y, estando ahí, me preguntaron ¿Quieres ser un extra? Y yo evidentemente apenas pude contener mi entusiasmo de diecisieteañero cinéfilo. Me dieron un cuaderno y un lápiz y me dijeron “Eres un periodista, la chica que hay al lado tuyo es tu compañera. Cuando entren Segura y Wyoming, sigueles con la mirada y exclama ‘¡Nino, Bruno!’”. Im. Presionante. En general, todo ese mes trabajando en la web de Muertos de Risa fue muy memorable. Me lo apunto en la lista de posts que tengo que escribir algún día.

Por cierto, todo esto significa que mi número Erdös-Bacon es 9. Como ya comenté anteriormente en el blog, mi número Erdös es 6. Puesto que comparto escena con Santiago Segura (cuyo número Bacon es 2), mi número Bacon es 3 (para el número Erdös-Bacon se relajan un poco las condiciones, y se acepta gente que simplemente haya sido un extra). Por lo tanto, mi número Erdös-Bacon es 9 (al parecer, el mismo número que Carl Sagan)

Indiana Jones

La verdad es que no soy de los que suelen poner en su web “imagenes divertidas encontradas en la web”, pero es que con la siguiente imagen me he descojonado tanto que no puedo evitar divulgarla. Captura a la perfección el personaje de Indiana Jones (uno de mis personajes cinematrográficos favoritos, todo sea dicho), y ya me gustaría que Indiana Jones 4 tuviese este título ;-)

Indiana Jones

Cinefilia

En la última Revista UD, en lugar de mi habitual “Crónica desde EEUU”, nos pidieron a Iñigo C. (ocasional comentarista en BorjaNet con el apodo “Camarada del Frente”, y encargado de la sección “Crónica desde Europa” de la Revista UD) y a mi colaborar en la sección “Homo Sapiens, Homo Ludens”. El tema de esta sección cambia en cada número, y en esta ocasión el objetivo era hablar sobre teatro y cine, pero sin intentar argumentar que uno es mejor que el otro. Iñigo desgranó las virtudes del teatro, y yo las del cine, en una colaboración titulada “Cinefilia”, que reproduzco a continuación.

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Hace dos años, cuando me trasladé a Chicago, me enfrenté al desafío de vivir por mi cuenta en mi primer piso. Descontando unos cuantos muebles esenciales ya incluidos, el piso estaba prácticamente vacío, y mis primeras semanas en Chicago estuvieron dedicadas, casi exclusivamente, a comprar todo tipo de utensilios, comodidades, decoraciones, etc. Al final del proceso, me dí cuenta de que mis prioridades son un tanto peculiares. Tengo un microondas mediocre que tarda una eternidad en calentar comida, una aspiradora de todo a cien, un dormitorio sin ningún tipo de decoración… pero mi salón en cambio dispone de una enorme televisión, un flamante sistema de Home Cinema, y un mullido sillón para poder ver películas cómodamente. Y ahora que me doy cuenta, mi dormitorio sí cuenta con decoración: dos enormes posters de cine. Amigos y amigas, a estas alturas ya debe estar claro que padezco de una condición conocida como cinefilia.

He sido un apasionado del cine desde que era un crío, cuando la actividad de fin de semana por excelencia para nuestra familia era ir al cine, o ver películas clásicas en casa. Mi niñez contó con todas las actividades propias de un chaval (quedar con los amigos, leer comics, hacer deberes, etc.) pero también con una rigurosa introducción a todo tipo de cine, de la mano de un padre cuya cinefilia supera a la mía por varios ordenes de magnitud. Desde la infancia hasta la adolescencia estuve acompañado por Chaplin, Billy Wilder, John Ford, Martin Scorsese, Alfred Hitchcock, Frank Capra, Mel Brooks, Orson Welles, y muchos más. A los 12 años, entre mis películas favoritas ya se encontraban Con Faldas y a lo Loco, Con la Muerte en los Talones, Uno, Dos, Tres, La Princesa Prometida, El Jovencito Frankenstein, Cuenta Conmigo, Ciudadano Kane, y Una Noche en la Opera.

Por aquel entonces, ir al cine dos veces a la semana, y ver otras tantas películas en casa, me parecía lo más normal del mundo, aunque pronto descubrí que no lo era. Recuerdo claramente que, a los diez años de edad (más o menos), intenté hablar con mis compañeros de escuela sobre Los Hermanos Marx y que, a pesar de reconocer a Groucho, nadie había visto sus películas (“Porque son en blanco y negro y eso es aburrido”). Ocasionalmente hacía referencia a mis películas favoritas y siempre recibía miradas de confusión al mencionar a “Rosebud”, al ukelele de Marilyn Monroe, al Milagroso Max o a Frau Blücher.

Pero… ¿qué me atrae tanto del cine? Una de las más importantes razones es sencillamente que el cine, en casi todas sus expresiones, es puro escapismo. Únicamente en los confines de una sala de cine puedo navegar los siete mares a la caza de bucaneros y filibusteros, vivir romances imposibles en la Inglaterra Victoriana, recorrer el cosmos en busca de nuevas civilizaciones, luchar contra los Nazis en la Segunda Guerra Mundial, y adentrarme en los rincones más oscuros de la psique humana. Todo esto puedo hacerlo con un libro o una obra de teatro, pero únicamente el cine consigue ir más allá que mis más vívidas imaginaciones, plasmando realidades imposibles sobre la pantalla plateada con una explosión sobrecogedora de luz y colores.

Otra razón es, sencillamente, que disfruto del cine como forma de expresión artística que es. Evidentemente, se produce mucho cine que dista mucho de ser “arte”, pero hay muchas películas en la que uno puede deleitarse simplemente con la excelente cinematografía, los efectos visuales, o los sutiles matices que introducen el guionista y los actores en los personajes utilizando un delicado pincel. Esto, por supuesto, es una cuestión de gustos. Hay gente que disfruta más con otras expresiones artísticas, como la pintura, la escritura, la música, o el teatro. Aunque yo también las disfruto, todavía no he encontrado nada que me cause tanta impresión como ciertas imágenes inmortalizadas sobre el celuloide. Igual soy un poco rarito, pero no he visto ningún cuadro ni oído ninguna sinfonía que me deje tan boquiabierto como la aparición de Harry Lime en El Tercer Hombre (1949). O igual el problema es que soy un poco cinéfilo.

BSO

Me acabo de encontrar con una cita bastante interesante pero, antes de nada, tengo que explicar por qué me ha parecido interesante. Como ya comenté en el blog, allá por noviembre tuve la ocasión de ver a John Williams dirigir en vivo y en directo a la Chicago Symphony Orchestra, interpretando extractos de sus bandas sonoras. No puedo negar que me encantan las bandas sonoras, especialmente las de Danny Elfman y las de John Williams (pero, ojo, que también me gustan muchos otros géneros musicales). Al susodicho concierto fuimos cuatro amigos. Tres estabamos genuinamente emocionados de poder ver a John Williams en directo. El otro genuinamente no podía entender nuestro entusiasmo, alegando “¡Pero si sólo son bandas sonoras!”. En ese momento no le concedí mucha importancia al comentario, porque a mi me gusta lo que me gusta y no tengo que defenderlo. Pero en un rincón de mi cabecita quedó implantada la noción de que, quizás, “sólo” son bandas sonoras. ¿Son las bandas sonoras un genero musical que el resto de la comunidad musical mira con desprecio? ¿Son la comida basura del panorama musical? La respuesta a estas preguntas, sinceramente, me trae sin cuidado porque yo seguiré disfrutando como un enano escuchando la banda sonora de El Señor de los Anillos de principio a fin y con el volumen a todo trapo, por mucho que me digan que es música subestándar.

El otro día, de hecho, estaba escuchando una recopilación de bandas sonoras de Bernard Herrmann (en concreto, de películas de Hitchcock). La recopilación incluye unas pistas con extractos de una entrevista con Bernard Herrmann y, desde que me compré el CD, siempre ignoré esas pistas porque a mi lo que me interesaba era la música. El otro día, por curiosidad, escuché las susodichas pistas para ver qué tenía que decir el bueno de Herrmann. En la pista “On a composer’s responsibility”, Herrmann se pronuncia sobre la relevancia de las bandas sonoras en nuestros tiempos:

I feel that it is a responsibility of any gifted composer of our time to do a certain amount of creative work in these media [film and television]. I believe that all composers, at all times, have to do music of their times, and meet the music that was needed. After all, Mozart and Haydn were not above writing dinner music while their patrons ate, and they were not above writing music for special singers or instrumentalists. And, on the other hand, Bach certainly thought nothing of writing his weekly cantata for a church service. It’s only a question of the time one lives in. At the present time we live in, it’s cinema and television as the great vehicle for contemporary music. And by contemporary music, I mean that you can have experimentation in both those mediums in the most avant-garde musical techniques and an audience will accept it provided it is compatible with the dramatic situation of the film.

Plas, plas, plas, Sr.Herrmann! Nunca lo había visto así, pero no es dificil ver que los compositores de bandas sonoras de hoy en día son los “compositores clásicos” de la era contemporanea. No me atrevería a decir que están a la altura de Beethoven y Mozart, pero no me extrañaría que, si estuviesen vivos hoy en día, compondrían bandas sonoras…

La quiniela (2)

Bueno, pues hace un par de horas que terminaron los Oscar, y parece que no me ha ido nada mal en la quiniela. He acertado actor, actriz y director. He fallado película animada (me sigue pareciendo una injusticia que no se lo hayan dado a Burton), y en Mejor Película… pues ahí no podía opinar, pero se ha cumplido mi sospecha de que Brokeback Mountain era Oscarizable para el director pero no por la película. Insisto que me gustó, pero en su conjunto no me parece Oscarizable. Eso sí, es interesante comprobar que se ha cumplido el pre-Oscar buzz de que el Oscar a Mejor Película se lo iban a dar a Crash porque (a) el efecto “gay cowboy” ya había pasado y (b) Crash sencillamente debe ser mejor que Brokeback Mountain (me apunto alquilarmela)

En cuanto a la ceremonia, no voy a enrollarme mucho, que después de la ceremonia me he tenido que poner a hacer unos deberes, ahora ya es tarde, y me quiero ir a mimir :-P

  • Jon Stewart, muy bien, aunque también muy comedido porque en los Oscar tampoco puede utilizar el humor que utiliza en su programa de televisión. Donde más se ha dejado ver su peculiar estilo de humor ha sido en los “Anuncios-ataque” de las nominadas a Mejor Actriz y de los nominados a Mejor Sonido. También ha utilizado bastante humor judío, que me temo que se habrá perdido por completo en la traducción simultanea (para aquellos que habeis visto/vais a ver la ceremonia en España). En definitiva, que no lo ha hecho ni tan bien que inmediatamente se le recordará como uno de los “grandes presentadores”, ni tan mal que no le invitarán a presentar algún otro año.
  • La ceremonia, en general, bastante bien. Nadie se ha enrollado demasiado, y este año han procurado poner a bastantes presentadores ‘graciosillos’, en lugar de poner a alguien que sencillamente se limita a poner una cara bonita y a leer del teleprompter. El mejor: Ben Stiller. Mira que me cae mal Ben Stiller, pero lo de la pantalla verde ha tenido su gracia :-)
  • Un poco de verguenza ajena me ha dado que hayan cortado el discurso de los ganadores de Mejor Película. Vale que quieras cortarle el microfono al ganador de Mejor Maquillaje, pero ponerte borde con el limite de 60 segundos con el ganador del premio más importante de la noche… pues es de gilipollas, Sr. Gil Cates :-P

Pues no se me ocurre que más contar… los que hayais visto la ceremonia, comentad que es lo que más o ha gustado o llamado la atención :-)