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Apretando el cinturón

A pesar de todos los recursos que reciben muchos estudiantes de doctorado aquí en EEUU, el presupuesto de un doctorando sigue siendo evidentemente limitado. En mi caso, da para vivir en un piso propio (con dormitorio, salón, y cocina; es decir, no un estudio) con los consiguientes gastos (agua, calefacción, electricidad, y amenidades como Internet y televisión por cable), y algún capricho cada mes, pero poco más (aunque, por lo que tengo entendido, esto es bastante más de lo que se puede permitir un “becario precario” en España). Evidentemente, ahora que me he comprado un coche, esto supone varios gastos adicionales al mes: las mensualidades del préstamo, el seguro del coche, y la gasolina. En previsión de estos gastos, tomé unas cuantas medidas para ahorrar gastos cada mes. En caso de que puedan resultar interesantes (y útiles) a otras personas (sobre todo otros estudiantes viviendo en EEUU), las comento en este post.

El primer ahorro, y bastante importante, fue cancelar mi linea telefónica “tradicional”. Estaba pagando una cantidad indecente de dinero al mes por una linea telefónica que apenas utilizaba e, incluso si la utilizase a menudo, el coste de las llamadas era alto en comparación con la alternativa que acabe tomando: VoIP (Voz sobre IP). En resumidas cuentas, esto significa que realizo todas mis llamadas a través de Internet. Sin embargo, esto no significa que tenga tirar de auriculares y micrófono delante del ordenador cada vez que quiera hacer una llamada. De cara al usuario, y con un equipamiento bastante asequible, VoIP funciona exactamente igual que la telefonía tradicional. Puedes seguir utilizando teléfonos convencionales, conservar tu número de teléfono, llamar a gente que siga en la red telefónica tradicional (y viceversa, la gente que esté conectada a la red telefónica tradicional te pueden llamar a un número de teléfono), etc. Enfatizo esto porque, cuando me hablaron de VoIP, yo también pensaba que significa hacer llamadas de baja calidad en frente de un ordenador, y acabé estando gratamente sorprendido.

Por ejemplo, echadle un vistazo a mi proveedor actual de telefonía VoIP: Callcentric. No estoy afiliado con ellos, ni me darán ningún tipo de recompensa si los visitáis y/o contratáis servicios con ellos. Lo que pasa es que llevo con ellos desde Agosto y estoy tan sumamente encantado con ellos, que no puedo evitar desgranar sus virtudes a bombo y platín. A saber:

  • Pago $1.95 al mes. Las llamadas locales me salen $0.0198 por minuto, y las llamadas a España me salen $0.0209 (o 0.014€) por minuto. Comparese con los $0.08 por minuto que me cobraba mi anterior proveedor. Hay planes con llamadas ilimitadas (tanto nacionales como internacionales) a precios muy asequibles, pero a mi no me merecen la pena puesto que soy un usuario ocasional.
  • La calidad de las llamadas es prácticamente igual que con la red telefónica convencional. A lo sumo, a veces me dicen que suena como si estoy llamando desde un móvil, pero nada más.
  • Al pasarme de mi proveedor anterior a Callcentric, pude conservar mi número actual.
  • La cuenta se gestiona íntegramente a través de su web. No hay que tratar con operadoras insoportables por teléfono. Te resuelven las dudas a través de un sistema de “support tickets” que atienden muy rápidamente. Evidentemente, esto no es apto para no-iniciados, pero para gente técnica me parece ideal.
  • “Call Treatments”. Esto me encanta. En-can-ta. Es básicamente un sistema de filtros para las llamadas (de nuevo, configurables a través de su web). Por ejemplo, cuando mis padres me llaman a casa entre semana y en horario de trabajo, la llamada se transfiere automáticamente a mi móvil. Mis padres pagan el coste de una llamada a un fijo internacional (en lugar de un móvil internacional, que sale un ojo de la cara), y yo pago el coste de una llamada de fijo a móvil nacional (que sale muy barato).
  • En casa puedo seguir utilizando un teléfono normal y corriente (gracias a un adaptador ATA que permite “enchufar” el susodicho teléfono a Internet). Además, cuando estoy de viaje, tengo la opción de hacer llamadas desde mi portátil.

Evidentemente, para que funcione este invento hay que tener una conexión decente a Internet. Al cancelar mi linea telefónica, pasé a tener Internet por cable, que resultó ser aun más rápido que el ADSL que tenía. Eso sí, según el proveedor (yo tengo Comcast), pillar Internet por cable puede salir tan caro como el ADSL si lo contratas a secas, ya que los proveedores quieren que contrates más de un servicio y aplican descuentos importantes si lo haces. Sin embargo, como yo tenía televisión por cable, el coste total de televisión + Internet resultó ser bastante bueno, y mucho menor que si hubiese contratado ambos servicios por separado (y supuso un ahorro con respecto a tener una linea telefónica tradicional + ADSL).

El segundo ahorro fue pasar de móvil de contrato a móvil de prepago (o “de tarjeta”, como a veces se dice en España). Cuando me pillé mi primer móvil en EEUU, ilusamente lo pillé de contrato (tras haber tenido móvil prepago toda mi vida en España) porque me pareció que estaría bien no tener que andar preocupándome de cuantos minutos llevo gastados, andar recargando el móvil, etc. Sin embargo, acabé dándome cuenta de que estaba pagando al mes mucho más de lo que pagaría si tuviese un móvil prepago (de nuevo, esto seguramente no será cierto para aquellos que sean usuarios muy habituales del móvil). Así que me pasé a un prepago. Eso sí, mucho cuidado en EEUU: hay muchas compañías que ofrecen planes prepago, pero no son en absoluto como en España. Por ejemplo, aunque no te cobran una mensualidad, te cobran un “daily access fee” cada día que utilizas el móvil (y luego te cobran por los minutos). En algunas compañías te cobran hasta $0.99, lo que significa que, si haces una llamada breve todos los días, acabas pagando casi $30 al mes. La única compañía que he encontrado en EEUU que tiene un sistema similar al español es T-Mobile. No cobran un “daily access fee” y tienen unos precios bastante razonables. Y, para dorar la pildora, me permitieron conservar mi número de móvil al pasarme de mi proveedor anterior (Verizon) a ellos.

El tercer ahorro es tener un historial de crédito en EEUU. El sistema de crédito en EEUU es un lío tremendo, y no sé si podré resumirlo adecuadamente…. A ver… Hay tres compañías -Equifax, Transunion, y Experian- cuyo propósito es estar al corriente de todas las actividades que pueden impactar el riesgo de crédito de una persona (desde el punto de vista del prestador: “que riesgo hay de que el prestatario no repague su crédito”). Esta información típicamente incluye tu historial de empleo, todos tus créditos en curso y también los que ya has pagado (incluyendo tarjetas de crédito, prestamos, hipotecas, …) , todas las veces que te has retrasado en pagar una mensualidad, si has estado en bancarrota, etc. En base a esta información (que reciben de bancos, instituciones financieras, etc.), estas compañías asignan a cada persona un “credit score“, una puntuación que resume tu “creditworthiness” (el “merecer un crédito”): cuanto más alta, más posibilidades de que te concedan un crédito y con mejores condiciones.

¿Y por qué resulta esto una medida para ahorrar? Pues porque cuanto mejor sea tu “credit score”, menor será el interés en tus prestamos (incluyendo el préstamo del coche). Además, esta puntuación se está empezando a utilizar en ámbitos no-bancarios, como en las aseguradoras ya que, al parecer, tener una buena puntuación de crédito es un indicador de que vas a ser un conductor responsable. Por tener una “credit score” buena, mi aseguradora me rebajó mi mensualidad unos $40 (que parece poco, pero cuando estás presupuestando cada dolar, pues cualquier ahorro es bueno). Otro ejemplo: al comprar un móvil con contrato, miran tu historial de crédito para ver si pagas todas tus mensualidades. Cuando me compré mi primer móvil en EEUU, todavía no tenía un historial de crédito, y la compañía telefónica me cobró $400 en concepto de deposito de seguridad (que me devolvieron al cabo de un año).

Lo jodido del sistema de crédito en EEUU es que para obtener una buena puntuación primero tienes que endeudarte y demostrar que puedes pagar esa deuda. Esto es un circulo vicioso: para mejorar mi puntuación tengo que endeudarme, pero nadie me concederá un crédito si no tengo una buena puntuación. Por ejemplo, durante mis primeros dos años en EEUU, a pesar de estar empleado y con un sueldo, ningún banco quería darme una tarjeta de crédito (ojo: no tenían ningún problema en darme una tarjeta de débito, el tipo que se carga directamente en tu cuenta corriente). Otro banco me denegó un préstamo pequeño para comprarme un ordenador durante mi primer año. Todo ello porque no tenía ningún historial de crédito. Al final, un banco se “arriesgó” y me concedió una tarjeta de crédito con un limite absurdamente bajo ($400) y un interés desorbitado (27%). Sin embargo, al utilizar la tarjeta y pagar todas mis mensualidades religiosamente, fui construyendo mi historial de crédito y mejorando mi puntuación, con lo cual el banco fue incrementando el límite y rebajando el interés.

Resumiendo, el consejo: si sabes que vas a vivir en EEUU durante unos cuantos años, es recomendable empezar a construir tu “creditworthiness” lo antes posible obteniendo una tarjeta de crédito (o dos). Ni siquiera hay que utilizarlas a menudo, simplemente hay que tenerlas (aunque te suelen recomendar que, para mejorar tu puntuación aun más, tienes que mantener un balance de 35% en tus tarjetas de crédito). Si no tienes un historial de crédito y en algún momento quieres plantearte comprar un coche o simplemente pillar un préstamo para un gasto inesperado, es muy probable que el banco te lo deniegue, o imponga unas condiciones muy desfavorables. Y, como he comentando antes, el tener una buena puntuación también acabará afectando otros gastos, como seguros, contratos a largo plazo, etc.

En fin, ahí quedan esas medidas de ahorro. No sé si le servirán a más gente pero, a mi por lo menos, me han permitido comprarme un coche y todavía llegar a fin de mes sin agobios (algo que no podría decir si todavía tuviese que pagar por la linea telefónica, el movil de contrato, o tuviese un interés más alto en el prestamo de mi coche).

Habemus vehiculum (y 3)

En la anterior entrega de Habemus vehiculum relaté como me había pasado un sábado entero yendo de concesionario en concesionario buscando un coche decente. Como conté entonces, el Borjamóvil fue uno de los primeros coches que vi, pero no quise ponerme a negociar el precio cuando todavía nos quedaban tantos concesionarios por ver. Veamos pues, en esta última entrega, lo que pasó cuando volví al concesionario al lunes siguiente para negociar la adquisición del Borjamóvil.

Llegué al concesionario justo cuando abrieron sus puertas el lunes, para evitar sorpresas del tipo “uy, que ya se lo hemos vendido a alguien”. El vendedor que me atendió el sabado estaba justo en la entrada, y le pregunté a ver si los coches que vi el sabado seguían estando disponibles. Lo consultó en el ordenador, y me dijo que sí. Pregunté por ambos coches porque no quería desvelar de inmediato que me interesaba principalmente el Borjamóvil, ya que de lo contrario el vendedor iría directo a la yugular. Durante unos cuantos minutos le hice preguntas sobre los dos coches que vi el sábado, y finalmente dije “Pues el Honda Civic 2002 tiene muy buena pinta, pero uyyyy que caro sale!”, y empezaron las negociaciones.

Antes de hablar sobre la negociación sobre el precio, tengo que mencionar que en EEUU no solo hay una industria montada alrededor de la compra/venta de coches usados: hay una industria montada alrededor de la valuación de coches usados. Hay varias webs (algunas de las cuales requieren pagar una cuota mensual) en las que es posible encontrar el fair price (“precio justo”) de un coche usado basado en su edad, millas, accesorios, etc. Las principales son Consumer Reports, Kelley Blue Book, y NADA. Es imprescindible investigar estos precios antes de ir a un vendedor de coches usados porque, de lo contrario, te la pueden meter doblada. Yo me miré estas webs religiosamente (aprovechando que un amigo había comprado un coche recientemente y estaba suscrito a Consumer Reports), y determiné que el precio justo de mi coche era X dólares. Esto se salía ligeramente de mi presupuesto, pero todavía era factible. Cuando visitamos el concesionario el sábado, la pegatina en el parabrisas del coche indicaba que el precio del coche era de X + $7,000. A-co-jo-nan-te, sobre todo teniendo en cuenta que por ese precio podría comprarme un coche nuevo (de la gama más baja posible, pero nuevo no obstante).

En fin, volvamos a la negociación con el vendedor. En cuanto desvelé que estaba al corriente de los precios justos de este coche, el vendedor rebajó, de golpe, el precio hasta X + $1,000. ¡Un descuento de $6,000! Al parecer, esto no es demasiado raro, ya que saben que la gran mayoría de la gente está al corriente de los precios justos del coche y, aunque es habitual pagar algo más que el precio justo, un coste adicional de $7,000 es suficiente para mentar al vendedor a la madre que lo parió. Sin embargo, me imagino que no es mala táctica poner precios desorbitados en los coches, para el 1% de la población que es lo suficientemente pardilla como para pagar ese precio. Alguno seguro que acabará mordiendo el anzuelo, y de vez en cuando te llevas una jugosa comisión…

Evidentemente, el precio de X + $1,000 todavía era un poco excesivo, aunque había unos cuantos factores que jugaban en mi contra. Lo más importante es que, hasta hace poco, ese coche no estaba categorizado como un “coche usado” sino como un “coche certificado”. Esto significa que era un coche usado que el fabricante (no el vendedor) había inspeccionado, certificando que estaba en perfectas condiciones. Es decir, que tienes la tranquilidad de que no te están vendiendo un coche al que se le va a caer el radiador tras un par de días de uso. Sin embargo, aunque estaba inicialmente categorizado como “certificado”, nadie lo compró y el coche recientemente se recategorizó como “usado” (puesto que un coche certificado -al menos los de Honda- no puede tener más de 5 años de edad).

A estas alturas, seguro que más de uno se está preguntando: ¿Pero cómo sabes que todo el rollo de la certificación es cierto? ¡Igual es un trasto medio destrozado al que le han aplicado un par de capas de pintura para que parezca presentable y te están contando un cuento digno de los Hermanos Grimm! Bueno, pues resulta que en EEUU también hay una industria montada alrededor de la auditoría de coches. En concreto, hay varias compañías que recopilan información sobre todo lo que le pasa a un coche durante su vida (basandose en informes de mecánicos, etc.), y luego venden esa información por un precio razonable. La principal compañía es CARFAX y, al igual que la investigación de los precios justos, es imprescindible ir al concesionario con el informe de CARFAX en mano para asegurarse de que no te están dando gato por liebre (de hecho, los concesionarios generalmente te proporcionarán el informe ellos mismo, y suele ser sospechoso si no te lo quieren dar). En fin, a través de CARFAX pude verificar que el coche (1) había tenido un único dueño, (2) fue vendido al concesionario, y pasó la certificación de Honda, a finales de 2007, y (3) fue recategorizado como un coche usado en Febrero. Por supuesto, en el concesionario también les pedí que me enseñasen los papeles de la certificación de Honda, que tenían pinta de ser auténticos y de estar en regla.

Bueno, ¿dónde estaba? Ah, si: X + $1,000. El hecho de que solía ser un coche certíficado complicaba la negociación, pero me olía que igual podía rebajar el precio un poco más. Le dije al vendedor que estaba dispuesto a pagar X + $500. Llegados a este punto, el vendedor tiene que “discutirlo con [su] gerente”. Me deja en su cubiculo durante un rato, y vuelve diciendome “No le ha gustado esta oferta. No le ha gustada en absoluto”. Llegados a ese punto, empiezo a citar números concretos de los informes de precios justos, y le digo que me explique por qué tengo que pagar $1,000 extra por un coche que está valorado en sólo X dólares. El vendedor no responde la pregunta y, en cambio, de la nada, aparece el gerente (por lo que me han comentado, no es raro que los vendedores tengan el teléfono con una linea abierta al gerente, sin que tu te des cuenta, para que pueda seguir las negociaciones). El gerente me explica que ellos compraron el coche por X + $500, que tienen que venderlo por más dinero para que sea una venta beneficiosa, me muestra los libros, el papeleo que (supuestamente) demuestra que eso es lo que ellos pagaron por el coche. Les digo que resulta un poco difícil de creer que un concesionario acabe pagando más que el precio justo, cuando suele ocurrir todo lo contrario. Me suelta un rollo macabeo sobre como hay mucha demanda para coches pequeños que consumen poca gasolina, porque la gasolina está muy cara, que el concesionario está en un barrio donde hay muchos polacos (¿lo cualo?) que conducen coches con marchas, con lo cual la demanda es incluso más alta, que la abuela fuma en pipa, etc.

Al final, no había manera de que bajasen de los X + $1,000. Sin embargo, era innegable que era un coche bastante bueno, previamente certificado por Honda, que conducía de maravilla, y que iba a ser dificil encontrar un coche de marchas similar por estos lares. Por otro lado, X + $1,000 se salía completamente de mi presupuesto, y únicamente me lo podía permitir con una inyección de capital y con un prestamo que tenga buenas condiciones (ya tenía pensado coger un prestamo para financiar parte del coche, pero este precio significaba que sólo iba a ser factible si encontraba un prestamo con condiciones superlativamente buenas). Llegados a este momento, les digo que tengo que hablar con mi gerente. Es decir, con mis padres, porque no voy a comprometerme a algo tan importante sin primero consultarlo con gente que tiene bastante más experiencia en estos temas que yo. Al final decidimos seguir adelante con la compra, pero con la condición de que tienen que compensarme el coste extra de alguna manera.

Así que les digo: “Estoy dispuesto a pagar X + $1,000 por este coche, pero me tenéis que buscar un préstamo cojonudo e incluir algo extra para que no salga de aquí pensando que me habéis tomado el pelo.”. Por “prestamo cojonudo” me refería a dos cosas: (1) Las mensualidades tienen que ser lo más bajas posibles y (2) debe ser un prestamo que me permita pagar la deuda pendiente, parcialmente o de golpe, cuando me de la gana (hay prestamos que, cuando dicen “a N años”, se refieren estrictamente a eso; si intentas pagar el prestamo a la mitad de esos N años, te seguirán cobrando el interes que habrías acumulado si hubieses mantenido esa deuda durante N años). Estas condiciones vienen motivadas porque ahora mismo tengo un presupuesto mensual bastante limitado (con un sueldo de estudiante de doctorado), pero eso dejará de ser un problema cuando me doctore. Es decir, ahora mismo quiero pagar lo mínimo posible al mes (aunque suponga sacar un prestamo con una duración desorbitada), con vistas a pagar el resto del prestamo, de golpe, cuando pase a tener un trabajo que pague mejor (es decir, cuando me doctore). Hay una cierta cantidad de riesgo en esta decisión: si no me doctoro, estoy jodido, aunque me parece que no llegaré a ese extremo.

Tras decir esto, añadí el siguiente ultimatum: “De lo contrario, me levanto y me marcho”. Esta es otra sugerencia que te dan al comprar un coche: siempre tienes que estar dispuesto a romper las negociaciones de golpe, aunque sea el coche de tus sueños. No sé si fue porque las condiciones que les ofrecí les parecieron aceptables, o por enfrentarse a perder una venta de X + $1,000 dolares, o una combinación de ambos factores, pero el resultado final fue que aceptaron estas condiciones. Ya quedaba menos para ser el dueño de mi primer coche…

Una vez que se ha establecido que tienes un trato, lo siguiente es hablar con el gerente financiero para establecer los términos exactos del préstamo y discutir servicios opcionales para el coche. Leí en varias páginas web que esta experiencia suele ser más agradable que tratar con el vendedor, con el que evidentemente existe una relación antagónica porque el vendedor cobra una comisión proporcional al precio al que te vende el coche. El encargado de las finanzas, en cambio, no tiene ninguna agenda oculta. En mi caso, tratar con el gerente financiero fue una gozada. De entrada, me preguntó a ver de cuanto tiempo disponía. Le dije que, si era necesario, podía reservar el día entero para comprar el coche. Se mostró visiblemente sorprendido, y me explicó que, una vez se ha alcanzado un trato con el vendedor, muchos compradores quieren salir del concesionario lo antes posible, con lo cual le dan muy poco tiempo al gerente financiero para que encuentre un buen préstamo. Yo le dije que se tomase todo el tiempo que fuese necesario hasta encontrar un préstamo que cumpliese mis condiciones. Al final, se tiró una hora al teléfono hablando con bancos negociando condiciones para un préstamo. Tengo que admitir que el tío se lo curró bastante. Al final, me presentó un préstamo que, no solamente se ajustaba a mi presupuesto mensual (y cumplía la condición de poder liquidarlo cuando me diese la gana), sino que además incluía una garantía de 2 años (por parte del fabricante, no del concesionario) y un dispositivo LoJack, un sistema antirrobo bastante efectivo (si me roban el coche, se activa un transmisor oculto en el coche que notifica a la policía, que generalmente puede localizar el vehículo en un par de horas; solamente funciona en grandes ciudades, algo aceptable teniendo en cuenta que principalmente me moveré por Chicago).

Tras firmar los papeles del prestamo, por fin pude salir del concesionario con mi flamante Borjamóvil. Dos semanas después de la compra, puedo decir que (de momento) estoy muy contento tanto con el coche como con el trato que alcancé con el vendedor.

Bueno, finalmente, y para los lectores más motorheads, aquí van unas cuantas especificaciones técnicas del bólido:

  • Largo: 4.43m
  • Ancho: 1.69m
  • Alto: 1.39m
  • Motor: 1.7L I4 SOHC 16V FI (no tengo ni idea de lo que significa esto; que alguien me lo explique, porfa! :-D )
  • Caballos: 127
  • Capacidad del tanque de gasolina: 49.96L
  • Consumo de gasolina (en mpg, la medida estándar en EEUU): 32 millas por galón (en ciudad), 37 millas por galón (en autopista)
  • Consumo de gasolina (en unidades métricas): 13.62 km/L (en ciudad), 15.75 km/L (en autopista)
  • Miscelanea: Techo solar, ABS, sistema anti-robo, aire acondicionado, airbags, dirección asistida, …

Más especificaciones aquí.

Habemus vehiculum (y 2)

El post anterior fue bastante escueto, y ahora me siento tranquilamente a escribir más sobre la aventura de comprar un coche por estos lares. Antes de empezar, para los que no han seguido el relato desde el principio, este es un buen momento para leer el post Objetivo: Coche, escrito hace casi un año, donde expliqué mi motivación para sacarme el carnet y conseguir coche propio, y el resto de los posts en la categoría coche.

Resumiendo brevemente los acontecimientos más recientes: A finales de noviembre, me saqué el carnet de conducir, y a lo largo de diciembre acumulé bastantes millas en coches automáticos (principalmente en mi road trip navideño). Sin embargo, para poder conducir coches en mis visitas a España, tenía pendiente aprender a conducir con marchas (y, de hecho, mi intención ha sido siempre comprarme un coche manual). Tras unas cuantas lecciones, cortesía de una compañera del departamento, llegué al punto en el que me sentía cómodo conduciendo en tráfico y con marchas (aunque todavía no le había pillado al 100% el tranquillo al embrague). Así pues, hace una semana y pico recluté a un compañero de clase para ir a visitar concesionarios de coches, en busca del Borjamóvil. Encontré varios coches prometedores por Internet (aquí hay varias webs que recopilan la información de casi todos los concesionarios locales; no sé si habrá algo similar en España), aunque varias personas también me recomendaron que mantuviese mis opciones abiertas y que, además de ir a concesionarios que tengan un coche que haya encontrado por Internet, que vaya a concesionarios varios por si acaso tienen alguna ganga. Por lo tanto, nos planificamos para pasar medio día viendo los coches que encontré por Internet, y el resto del día yendo a grandes concesionarios. Eso sí, lo que tenía claro es que la marca que más me molaba (en base a lo que había leido, recomendaciones, etc.) era Honda y, más concretamente, el Honda Civic.

Empezamos el día en un concesionario oficial de Honda, donde (según su página web) tenían un Honda Civic del 2000 por un precio bastante razonable. Lo probé, y resultó ser bastante trasto. Olía a coche viejo y tenía un embrague muy cascarrabias. Sin embargo, justo al lado de ese coche había un Honda Civic del 2002, de dos puertas, que tenía muy buena pinta. De hecho, este es el coche que, un par de días después, se convertiría en el Borjamóvil. Pero todo en su debido tiempo… Lo probé, y resultó ser una gozada de coche. El amigo que me acompañaba, y que lleva varios años conduciendo con marchas (y, por lo tanto, mejor criterio que yo para estas cosas), también lo probó y no podía contener su entusiasmo por lo bien que se manejaba. Tras probar los dos coches, nos sentamos con el vendedor, que me hizo una oferta para ambos coches. El 2000 podía permitírmelo sin problemas, y el 2002 se salía (aunque no demasiado) del presupuesto que tenía previsto. Puesto que era el primer concesionario que visitábamos, tampoco queríamos ponernos a negociar, así que nos largamos, para ver si encontrábamos algo mejor y/o más barato en otro concesionario.

Nos dirigimos al siguiente concesionario, donde tenía fichado otro Honda Civic 2002, aunque con el doble de millas que el del anterior concesionario. Sin embargo, al llegar me informaron de que lo habían vendido hace una hora. No fue un revés muy grande, porque el concesionario resultó tener muy mala pinta. Y, a pesar de haber “vendido el coche”, sigue listado en su página web… mal rollito.

Tras esos dos concesionarios, decidimos que lo más productivo sería ir a algún sitio con una alta concentración de concesionarios, para poder visitar varios de golpe. Ese lugar resultó ser Orlando Park, un suburbio Chicaguense, donde había una carretera en la que podían discernirse concesionarios hasta el infinito y más alla. Fuimos a concesionarios de Honda, Acura, Toyota, Nissan, y Subaru, y no hubo suerte. En algunos concesionarios, incluso me miraban con cara de bicho raro en cuanto soltaba las palabras “transmisión manual”.

Al final del día, los coches que vimos en el primer concesionario parecían los más prometedores, aunque comprar el Honda Civic del 2002 requeriría mirar cuidadosamente mis finanzas y negociar un precio más barato. El lunes siguiente volví al concesionario, pero dejo el relato de cómo conseguí adquirir el Borjamóvil para el post siguiente, y de momento os dejo con mi principal impresión al final del día: Los vendedores de coches usados son exactamente como los pintan en las películas. Manipuladores, maquiavelicos, sicofantes, y dispuestos a hacer lo que sea por vender un coche. En cuanto ven cualquier posibilidad de venderte un coche, se aferran a ti y, por mucho que les digas que no te interesa ninguno de los coches que has visto, siguen dándote la brasa. Para que os hagáis una idea, muchas de las conversaciones que mantuve con vendedores fueron más o menos así:

Borja: Hola, me preguntaba si tenéis coches pequeños usados y con transmisión manual.
Vendedor: ¿Coches con transmisión manual? Sí, tenemos alguno, pero tenemos muchos más coches con transmisión automática. ¿Seguro que no prefieres uno de esos? ¡Son mucho más sencillos de conducir!
B: No, la transmisión manual es condición sine qua non.
Vendedor: Vale, ¿cuanto tienes pensado gastar en este coche?
B: No más de X dólares.
Vendedor: No tenemos coches manuales a ese precio.

[Por lo que a mi respecta, eso significa el final de la conversación. Sin embargo...]

V: ¿Has pensado en comprar un coche nuevo? ¡De esa manera, no tendrás problemas en conseguir un coche con transmisión manual!
[Un coche nuevo, incluso los modelos más baratos, cuestan entre 1.5 o 2 veces más de lo que tengo pensado gastar]
B: Oiga, que le he dicho que no quiero gastar más de X dólares. Un coche nuevo se sale completamente de mi presupuesto.
V: ¡Puedes financiarlo con un prestamo!
B: Para la cantidad X ya estoy teniendo en cuenta que parte del coste tendré que financiarlo. Si me compro un coche nuevo, me endeudaría hasta las cejas y no puedo permitírmelo.
S: ¿Y qué tal un contrato de leasing?

En fin, llegados a ese punto, casi quería gritarles: “¿Acaso no entiendes lo que estoy diciendo? U-SA-DO. Quiero un coche U-SA-DO de marchas. Y si no lo tienes, YO-ME-VOY.” Eso sí, al parecer no hice más que tocar la punta del iceberg. Algunos de mis compañeros (americanos) de clase, que han tenido que padecer a vendedores de coches usados más veces, los describen como “la escoria más inmunda del planeta”. Porque, en cuanto muerdes el anzuelo, utilizan todo tipo de estratagemas y trucos para conseguir que pagues lo máximo posible por el coche. Pero, lo dicho, eso lo dejo para el siguiente post.

Habemus vehiculum

Sin más dilación, os presento al Borjamóvil, un Honda Civic 2002 EX:

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Más detalles en un post futuro.

Conduciendo, que es gerundio

Tan solo cuatro días después de sacarme el carnet de conducir, me ha tocado ejercer como conductor a tope. Me explico. En junio pasé dos semanas en Colombia para impartir un curso de computación grid y, durante dicha visita, establecí contacto con un grupo de investigadores Colombianos que están involucrados en la creación de GridColombia, la grid nacional de Colombia. En base a ese contacto, en Argonne National Laboratory se decidió invitar a una delegación de investigadores Colombianos a Chicago para que pudieses reunirse con todos los gurus de grid que tenemos aquí, para que estén bien informados a la hora de crear GridColombia. En fin, la visita se planificó para la semana pasada, y me tocó organizarla a mi (por cierto: si alguna vez os proponen organizar una visita oficial de una delegación de investigadores, pensaroslo bien… es muchísimo más curro de lo que parece).

Bueno, ¿y que tiene todo esto que ver con conducir? Pues como era el organizador de la visita, una de mis responsabilidades era el tema del transporte. Moverles en taxi de un lado a otro era demasiado caro, así que en el laboratorio decidieron que lo mejor era que alquilase un coche y estrenase mi flamante carnet de conducir para poder llevar a los visitantes de un lado a otro. Ya sé que suena mucho a chofer, pero no lo es, ya que yo tenía que ir a bastante de las reuniones que les organicé. En fin, me puse a mirarlo y pensaba que con un coche normalito bastaría (solo venían tres investigadores), pero en el laboratorio me dijeron que no, que mejor alquilar un “minivan” o un SUV por si acaso había que llevar a más gente a comidas, cenas, etc. Al final, en la agencia de alquiler de coches me dieron un Toyota Sienna, un coche bastante más grande que a los que estaba acostumbrado.

Así que me tiré toda la semana conduciendo un buque insignia por Chicago. Tras siete días, y un total de 1,000 kilómetros, tengo las siguientes observaciones sobre la conducción “de verdad”:

  • En Chicago, los limites de velocidad no son más que una sugerencia. En algunas autopistas urbanas, iba a más de 10-15 millas por encima del limite de velocidad, y todavía era “el lento” al que todos los coches adelantaban. Mis amigos chicaguenses me aclararon que, en las autopistas urbanas, hay que “ir con el flujo del trafico”, sin prestar mucha atención al limite de velocidad. De hecho, si vas demasiado lento (es decir, justo a la velocidad “máxima”) puedes causar un accidente. Otra cosa interesante es que la señal de giro se la pasan por el arco del triunfo. Una cantidad preocupante de gente cambia de carril en las autopistas sin señalizar y, más de una vez, he visto a coches que pasan del carril más izquierdo al carril más derecho de una autopista de 4-5 carriles a toda pastilla y sin señalizar.
  • Escogí la peor semana posible para empezar a conducir “de verdad”. Esta ha sido la semana de las primeras tormentas de nieve del invierno, con lo cual me ha tocado conducir con nieve, lluvia, y hielo en las carreteras. Para colmo, ahora que los días son tan cortos, también me he curtido en conducción nocturna. Eso sí, cabe destacar que Chicago es una ciudad que está hiper-preparada para el mal tiempo, con lo cual la nieve y el hielo en las autopistas los retiran muy rapidamente. En mi barrio, en cambio, algunas carreteras tenían una capa de hielo encima de ellos. No recuerdo haber estado jamás en un coche en el que el ABS haya actuado en tantas ocasiones en tan poco tiempo…
  • No vuelvo a conducir un “minivan” de nuevo en mi vida. Una cosa es conducir un coche normalito, y otra cosa bien distinta conducir semejante mastodonte. Estar al tanto de lo que ocurre detrás tuyo y a tus lados es más complicado, y aparcar el coche en paralelo es poco menos que imposible. De entrada, es difícil encontrar espacio para el coche en la ciudad. Además, no es tan fácil maniobrarlo como un coche pequeño. La primera vez que intenté aparcarlo, no había manera, y pensaba que en tan solo unos pocos días ya se me había olvidado como aparcar un coche. Afortunadamente, varios amigos me aseguraron que no es que yo fuese un inepto al aparcar, sino que esos coches son bastante complicados de aparcar. Al final, mis opciones de aparcamiento se limitaron a espacios donde pudiese meterlo cómodamente sin casi maniobrar.

Pero bueno, mirando el lado positivo, he conducido durante siete días y 1,000km sin ningún incidente, en ciudad y autopista, con buen tiempo y con mal tiempo, y con los conductores agresivos de Chicago. Me han asegurado que, si sabes conducir competentemente en Chicago, estás sobradamente preparado para conducir en cualquier otro lado. Me pregunto si cuando conduzca en España me parecerá coser y cantar…