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Licenciado

No, no es que me haya sacado otro título universitario… es que ya tengo “licencia” para conducir:

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Efectivamente, ¡ya me he sacado el carnet de conducir! ¡Albriquias, alegrata, me late el cardiotripa!

Esta mañana (bueno, técnicamente a la hora a la que estoy escribiendo esto debería decir “ayer por la mañana” :-P ) realicé el examen práctico y lo aprobé sin problemas. Sin embargo, antes de hablar sobre el examen práctico, tengo que relatar lo que aconteció antes del examen. Remontémonos a septiembre, cuando empecé las clases prácticas con una academia de conducir que me habían recomendado varias personas. Mi instructor, un tío joven y muy majo, pronto me ayudó a sentir cada vez más confianza en mis habilidades conductoras. En las primeras lecciones me sacaba pegas a casi todo (naturalmente), pero en las siguientes lecciones solamente me ponía pegas al realizar ejercicios “avanzados” (aparcar en paralelo, etc.), mientras que el resto ya se daba por supuesto que lo sabía. Es decir, tras seis lecciones, y bastantes excursiones conduciendo con compañeros de clase que me dejaron conducir sus coches, pues al girar el coche ya no pensaba en términos de “este giro es un giro cerrado en el que tengo que girar el volante de tal manera, acelerar en tal momento, etc.” sino que giraba y punto. Y lo mismo para frenar, cambiar de carril, etc. Llegado un cierto punto, este tipo de cosas ya te salen naturalmente.

En fin, el día del examen práctico me levanto pensando que no voy a tener ningún problema en aprobarlo. Ningún estrés pre-examen. Y no lo digo por ser un creído, sino porque tanto mi instructor como mis amigos me dicen que seguramente estoy demasiado preparado para el examen (que, como describiré más adelante, no es muy complicado). Puesto que tienes que traer tu propio coche para hacer el examen, el plan es sencillo: el instructor me viene a recoger a casa sobre las 10:30 con un coche de la academia, vamos juntos al centro donde te examinan, y listos (el examen no lo imparte la propia academia, la tiene que impartir un empleado del gobierno del Estado de Illinois). Única pega: en la academia me han avisado que mi instructor habitual no está disponible esta semana, y que tengo que ir con otro instructor. En principio, aunque me repatea un poco el no poder ir con mi instructor habitual, tampoco me preocupa demasiado porque, total, lo único que vamos a hacer es ir a que me examinen, hacer el examen, y volver.

Por supuesto, Murphy intervino, y esto resulto ser una putada. Grande.

El instructor que vino a recogerme resultó ser un señor un tanto mayor que, por ponerlo levemente, tenía un toque de cabrón hijoputa. De camino al examen, me puso pegas a todo lo que hacía, e insistió en que “practicásemos giros” antes del examen, como si esta fuese mi primera lección de conducir. Y claro, lo que antes hacía con naturalidad, empecé a hiper-analizar en cada instante, porque si no Matusalén se picaba y me decía que si el giro lo he hecho un pelín ancho, que si he parado en la señal de stop dos segundos, en vez de los tres segundos reglamentarios, o que si tengo que empezar a frenar un poco antes. Que conste que yo no estaba haciendo nada que fuese imprudente (ni mucho menos peligroso o ilegal). Yo simplemente estaba conduciendo como he estado conduciendo estas últimas semanas con mi instructor habitual o con mis amigos. Pero claro, este instructor se empeñó en que tenía que volver a conducir ultracorrectamente. Ese estilo de conducción me parece adecuado para las primeras lecciones, pero poco apropiado cuando ya tienes más experiencia. Joder, a estas alturas me toca un poco las narices que me insista en que tengo que empezar a girar exactamente cuando el salpicadero de mi coche esté alineado con la calle a la que quiero girar, o que me diga que soy poco previsor por no ponerme en el carril izquierdo con dos bloques de antelación a un giro a la izquierda (y no olvidemos que un bloque de edificios aquí en EEUU es bastante grande). No señor, no es que sea poco previsor: es que no soy gilipollas y ya sé cambiar de carril con solo medio bloque de antelación, sobre todo cuando apenas había otros coches en la carretera.

El problema de todo esto es que el tener que sobreanalizar todo lo que hago empezó a incrementar mi antes inexistente nivel de ansiedad, y los nervios empezaron a jugarme malas pasadas, y sí acabé haciendo giros y frenadas bastante lamentables que no había perpetrado desde mi primera lección de conducir. El instructor incluso me pregunta “Oye, ¿seguro que tu instructor habitual te dijo que estabas listo para hacer el examen práctico?”. Yo le digo que sí, y le explico que llevaba ya dos meses entre lecciones con instructor y conduciendo con amigos y, aun así, cuando llegamos al centro donde te hacen el examen práctico, va y me suelta la siguiente perla en cuanto aparcamos:

Pues no me parece que tú estés listo para hacer el examen práctico.

Cagate lorito. Mi primer instinto es responderle “Mira, especie de ciruela motorizada, si no me hubieses tratado como un conductor principiante, dándome la brasa con detalles insignificantes durante una hora seguida, no estaría tan nervioso. Mi instructor habitual, que me conoce bastante mejor que tú, me ha dicho que estoy listo, y yo aquí he venido a hacer el examen práctico y lo voy a hacer”, pero me conformé con algo mucho más diplomático: “Uy, es que yo me pongo muy nervioso siempre antes de un examen, debe ser eso, la culpa es mía y solo mía, jijiji”. Claro, la putada es que a esas alturas estaba nervioso (y de semejante mala leche) que empecé a preguntarme si por culpa del este mamarracho iba a acabar suspendiendo el examen práctico.

En fin, tras un poco de papeleo, al final me encontré en el coche yo solito con un examinador (no puede haber nadie más en el coche, lo que significa que el abuelo no puede venir conmigo durante el examen). En ese momento, se partieron los cielos. Sin la voz de un carcamal de fondo, y con una examinadora cordial y educada, todo cambió. Salimos del aparcamiento, conducimos un poco por el barrio. Dejé de sobreanalizar lo que hacía (porque la examinadora no puede darte ningún feedback, únicamente puede darte instrucciones), y conduje como siempre. En tan solo 10-15 minutos, la examinadora me dijo que había aprobado. Hubo un mini-momento de pánico porque pensaba que un examen tan corto sin duda significaría que había metido una gamba tremendisima y había suspendido (y la única gamba que cometí fue que en un stop no paré exactamente en la linea blanca, sino cruzandola un poco, algo que la examinadora observó). Más adelante, un amigo me comentó que lo que más valoran los examinadores es que conduzcas con confianza. Si te notan que le has pillado el tranquillo, el examen es breve y ni se molestan en hacerte aparcar (yo no tuve que hacerlo) ni a realizar otras maniobras más complicadas. Sin embargo, si ven que andas perdido, que pides clarificaciones cada dos por tres, etc. pues entonces es cuando se ceban y acaban examinándote durante media hora.

Cuando regresamos al aparcamiento, entré en unas oficinas y me dieron in situ mi carnet de conducir. El retorno a mi barrio (unos 20-30 minutos en coche) fue un pelín incomodo, porque yo estaba conduciendo, y el instructor seguía dándome la brasa con pequeños detalles, a pesar de que había aprobado el examen. Fue también durante este viaje cuando el instructor perdió puntos cuando (no sé exactamente cómo) acabamos hablando sobre Japón, y yo hice un comentario anodino sobre la cantidad de gente que vive “en unas isla relativamente pequeña”, a lo que él responde “¿Japón está en una isla?”. Inicialmente, pensé que se refería a que Japón está situado en unas islas, y me corregí rápidamente. Sin embargo, el puntualizó “Vaya, no sabía que Japón eran una serie de islas”. Im. Presionante. Y cuando nos despedimos, me soltó la “enhorabuena” más falsa que he oído en mucho tiempo. En serio, he visto a gente mostrar más entusiasmo tras una patada en los mismisimos.

Pero bueno, si olvidamos al “Driving Instructor from Hell”, toda la experiencia de sacarse el carnet ha sido bastante entretenida. Ahora, a conseguir coche propio.

P.D.- Como podéis observar a la izquierda de mi foto, estoy registrado como donante de organos en Illinois. Al parecer, en Illinois hay que registrarse previamente como donante, a diferencia de otras regiones donde todo el mundo es donante por defecto, salvo que se oponga la familia o el propio fallecido antes de morir (mirando por Internés, veo que este es el caso en España, si bien uno puede sacarse un “carnet de donante” para que la familia del fallecido no pueda oponerse a la donación). En fin, si vivís en un país o región donde no te registran por defecto como donante, os animo a que os apuntéis. De poco van a servir vuestros órganos pudriéndose en un ataúd, o tostándose en una incineradora :-)

¡Brum brum!

Retomo un tema que empezó hace varios meses, y que he tenido bastante abandonado: conseguir un carnet de conducir aquí en EEUU. En resumidas cuentas, nunca he tenido carnet de conducir (ni aprendí a conducir en España a los 18 años) y me lo quiero sacar aquí en EEUU. Empecé el proceso en marzo de este año, y ese mismo mes aprobé el examen teórico. Lo siguiente, evidentemente, era practicar con un coche y aprobar el examen práctico, una tarea que he estado retrasando y retrasando… hasta ayer.

Ayer fue la primera vez, en toda mi vida, que he conducido un coche. En concreto, fueron dos horas al volante con un instructor de una autoescuela. Vino a recogerme sobre la una de la tarde, y me pidió que me sentase en el asiento del pasajero. «Estupendo,» pensé, «seguramente me va a llevar a algún parking o a algun lugar apartado para que primero pueda acostumbrarme a manejar el coche». Una vez en el coche, el instructor empieza a explicarme los distintos componentes del coche: como señalizar, como ajustar los retrovisores, etc. «Vale, en cuanto termine de explicar esto nos iremos a un parking o algo así.». Entonces me dice que me siente en el asiento del conductor. «¿Ein?» Me pide que le repita todo lo que acaba de explicarme, para verificar que lo he entendido. «Ah, es que simplemente quiere que pueda decírselo desde el asiento del conductor. Seguro que en seguida nos vamos al parking.» En fin, tras repetir como se encienden las luces, cómo señalizar a la derecha, etc. me dice «Vale, pues vamos a conducir un poco por el barrio. Pon el coche en marcha.»

«¿Lo cualo?»

Así, sin ninguna experiencia al volante, sin nunca haber manejado un trasto de semejante envergadura, el instructor quería que me pusiese a conducir en el alocado tráfico de Chicago (aunque en nuestro barrio, afortunadamente, es un poco menos alocado). Me tranquilizó diciéndome que él tenía su propio pedal para frenar, por si acaso, y que si me iba por donde no debía, que el agarraría el volante. Aun así, la idea de compartir la carretera con otros vehículos, sin ninguna práctica previa en algún entorno más aséptico, me acojonaba bastante. Pero, qué diantres, a veces hay que lanzarse y, si algo sale mal, el instructor estaba ahí para prevenir cualquier estropicio.

La primera media hora fue la más peliaguda, principalmente porque había muchas cosas sobre conducir un coche que, evidentemente, no sabía, ni te explican en los manuales de conducir. De entrada, no tenía ni idea que el acelerador era tan sensible. Yo me imaginaba que había que presionarlo con ganas para empezar a moverse y no, resulta que es bastante sensible. Y tampoco me imaginaba que el freno también era tan sensible… yo me imaginaba que el freno era algo binario: o frenas o no frenas, y punto. Con esa idea preconcebida, pues la primera vez que llegué a una señal de STOP, los frenazos fueron de película… Poco a poco ya me acostumbré a acariciar el freno, incrementando la fuerza con la que se presiona poco a poco hasta llegar a una parada suave.

Pasado el acojone con tareas tan sencillas como acelerar y frenar, pues ya pudimos practicar con todo tipo de giros, a ir por carreteras principales, entrar en callejones y luego retroceder marcha atrás, etc. Y la verdad es que, durante la segunda hora, ya me sentía bastante a gusto conduciendo, aunque todavía pegaba de vez en cuando unos acelerones y unos frenazos bastante guapos :-) Al final el instructor dijo que todavía tengo que mejorar mis giros y estar más al loro de todo lo que pasa a mi alrededor pero que, teniendo en cuenta que nunca he conducido un coche en mi vida, que lo hice bastante bien.

En fin, lo siguiente es recibir unas cuantas lecciones más al volante (aparcar en paralelo, conducir en autopista, conducir en el centro de la ciudad, etc.) y luego hacer el examen práctico. Varios amigos chicaguenses me han comentado que con 8-10 horas de lecciones con un instructor, y practicando luego por libre con amigos, fácilmente se puede sacar uno el examen práctico. A este ritmo, tendré mi carnet de conducir dentro de nada :-)

Por cierto, seguro que más de uno se está preguntando si el coche era automatico o manual. Era automático, ya que la autoescuela unicamente ofrece clases con coches automáticos. Sin embargo, mi objetivo es aprender a conducir primero con un automático, y sacarme el carnet con un automático, pero luego aprender a conducir con marchas antes de comprarme un coche. De hecho, quiero comprarme un coche con marchas, para que luego cuando visite España no sea un cateto al volante.

Teórico aprobado

Como comenté en un post anterior, voy a aprender a conducir y a sacarme el carnet de conducir en EEUU. Esta mañana he hecho el examen teórico, que ha resultado ser absolutamente irrisorio. Tras empollarme el manual Illinois Rules of the Road, casi todas las preguntas estaban sacadas de las preguntas-ejemplo que proporciona el propio manual. En concreto, había 20 preguntas tipo test y 15 preguntas de identificación de señales de tráfico. Para aprobar hay que responder correctamente, por lo menos, 28 preguntas (se permiten siete fallos). Evidentemente, he aprobado el examen, y ya dispongo de un “permiso” (que no “licencia”) de conducir. Es decir, en teoría, estoy autorizado para conducir un coche siempre y cuando vaya acompañado de un mayor de 21 años con un mínimo de 1 año de experiencia al volante. Por supuesto, lo primero que tendré que hacer será aprender a manejar un coche ;-)

Por cierto, no tengo ni idea de cómo se realiza el examen teórico en España, pero por lo que me comentaban amigos en España antes/después de hacerlo, me da la impresión de que aquí en EEUU es un proceso bastante más rápido (y sencillo). Esto es lo que he hecho esta mañana:

  • 8:15 – Llego a las oficinas centrales del equivalente Illinoisense de la Dirección General de Tráfico. Al llegar, muestro mi identificación e indico que quiero hacer el examen teórico. Me dan un número, y voy a una sala de espera.
  • 8:20 – Cantan mi número, y me atiende una funcionaria que introduce unos datos en su ordenador, me hace unas preguntas de rigor (“¿Entiende usted que el permiso de conducir es un privilegio y no un derecho?”, “¿Tiene alguna condición médica que le impida conducir?” etc.). Me da un impreso ya rellenado, lo firmo, y me indica que vaya a la cola marcada “Cajero”.
  • 8:25 – Pago $20 a la cajera (las tasas para hacer el examen escrito). La cajera me indica que me ponga en la cola “Examen escrito”.
  • 8:26 – Presento toda la documentación a otra funcionaria. Me entrega un examen, un boli rojo, y me indica que me siente en una silla-mesa disponible (ni siquiera en una sala aparte… ahi mismo, en plena vista de todo el mundo que está haciendo otros tramites), haga el examen, y se lo devuelva.
  • 8:35 – Devuelvo el examen a la funcionaria. Saca una plantilla, lo corrige in situ, y sin decir ni una sola palabra, me entrega mi “Instruction Permit” y me suelta un sequísimo “You’re done”.

Vamos, me suena que en España el examen escrito ni puedes hacerlo “on the fly” (sin cita previa) ni en tan poco tiempo… ¿alguien puede aclarar cómo funciona en España?

En fin, ahora a encontrar a algun pardillo… errr… amigo que me lleve a un aparcamiento vacío para practicar con un coche. Después, me imagino que también caeran algunas clases en autoescuela para aprender los aspectos más complicados de conducir (p.ej., conducir en autopista) con supervisión adecuada. Pero, por lo que me han comentado, las autoescuelas son bastante razonables comparadas con las autoescuelas tipo “robo a mano armada” que hay en España. Ya iré contando por aquí que tal me va…

Objetivo: Coche

El título ya lo dice todo. Por fin, y con ocho años de retraso, me voy a poner en serio a aprender a conducir, sacarme el carnet, y comprar mi primer coche (usado, por supuesto). Me parece que, antes de explicar los motivos detrás de esta decisión y, ya de paso, explicar el proceso que se sigue aquí en EEUU para estos menesteres, merece la pena abrir el baúl de los recuerdos y mencionar por qué nunca me animé, en mi tierna adolescencia, a sacarme el carnet.

Los 18 años es esa edad especial en la que adquirimos multitud de derechos en España, entre los que se incluye el derecho a sacarnos el carnet de conducir. Cuando alcancé el número mágico en 1998, la idea de poder conducir… pues no me emocionaba demasiado. Objetivamente, podía ver que era una habilidad que merecía la pena tener, pero no había absolutamente nada que me motivase a sacarme el carnet. Siempre he sido un fan no sólo del transporte público sino también de andar de un lado a otro. Y estos dos modos de transporte ya eran suficiente para satisfacer prácticamente todas mis necesidades. Ir la universidad, de Las Arenas a Deusto todas las mañanas, era sencillo con una combinación de metro y paseo. Los fines de semana, quedar con amigos en Bilbao era, de nuevo, sencillo con el metro. Ir al cine, generalmente en sitios a los que no llegaba el transporte publico (como centros comerciales), no era un problema porque mi padre (siendo crítico de cine), iba al cine en coche. Y para viajes más largos (Madrid y Barcelona eran destinos habituales en mis años universitarios), pues eran tan poco frecuentes que merecía el coste de ir en avión o tren. En resumen: no necesitaba un coche y, si lo hubiese tenido, lo habría utilizado más bien poco. A esto hay que añadir el hecho de que sacarse el carnet en España es (1) caro y (2) un coñazo. Todo esto me infundía en mi una enorme vagancia. Pasar por el proceso de sacarte el carnet sencillamente no podía compararse con la comodidad de mi fantástico pase anual del metro.

Antes de mudarme a EEUU, estaba convencido de que, una vez ahí, tendría que ponerme las pilas y aprender a conducir lo antes de posible, so pena de no poder ir a lugares tan básicos como el supermercado, mi oficina, etc. Me temía que la Universidad de Chicago sería una de esas universidades en el quinto pino, lejos de cualquier centro urbano. Afortunadamente, el campus está en plena ciudad de Chicago, y la ventaja de vivir en una ciudad grande como Chicago es que las distancias son relativamente cortas (mi apartamento está a 15 minutos andando de mi despacho) y hay supermercados, tiendas, etc. a la vuelta de la esquina (tengo un supermercado enorme a dos bloques de mi apartamento). Para todo lo demás, el transporte público es bastante bueno, con autobuses y trenes que te permiten ir de la universidad al centro de la ciudad (“downtown”) en 30 minutos (o 20 minutos, si todos los planetas se alinean perfectamente).

Así pues, el primer año en Chicago ni me plantee aprender a conducir. De hecho, la oficina de Asuntos Exteriores de la universidad nos recomendaba enfáticamente a los estudiantes extranjeros que ni nos planteásemos tener coche en EEUU. Estaba más contento que unas castañuelas con la cercanía a mi despacho y el supermercado. Y como todos mis compañeros de clase también vivían en la universidad, pues quedar con alguien requería un sencillo paseo de 10 minutos. Pero, poco a poco, sobre todo durante mi segundo año, me dí cuenta de que el barrio de Hyde Park (en el que se encuentra la universidad) se queda rápidamente corto. No hay cines (el cine más cercano está a 1h en transporte público), solo hay un par de restaurantes buenos, apenas hay zonas por las que pasear, y en periodos vacacionales (sobre todo navidades y en verano), el barrio está tenebrosamente vacío. Hyde Park es un barrio ideal para evitar distracciones, pero pésimo cuando necesitas un poco de entretenimiento.

Claro, una solución es moverse con transporte público. Ya he mencionado que el centro de la ciudad está a 30 minutos en autobús, que es bastante razonable. Pero otra cosa que descubrí tras pasar una temporada en Chicago es que al centro de la ciudad sólo merece la pena ir si eres turista o si eres rico. El centro siempre está aglomerado (hasta el punto de resultar incomodo tener que moverse entre el mar de gente, casi todos turistas) y todas las tiendas, restaurantes, y cines suelen ser bastante caros.

¿Y donde podemos encontrar una gran variedad de tiendas, restaurantes, y cines a precio asequible? Pues en la zona norte de Chicago (“The North Side”). Problema: Mínimo 1h para llegar de Hyde Park a la zona norte por transporte público. Y no hay conexión directa: primero hay que tomar un autobús, y luego pillar un tren. Puede parecer que me quejo de vicio, pero también hay que tener en cuenta que en la vida del doctorando (en EEUU, por lo menos) hay muy poco tiempo libre. Si quiero ir a ver una película, y voy a perder dos horas en tránsito, pues no merece la pena. Y, precisamente por eso, he pasado de ir al cine dos veces a la semana en España, a ver sólo cinco películas en todo el año 2006. Evidentemente, esto no es sólo cuestión de poder ir al cine o de compras. En los dos años y medio que llevo en Chicago, he hecho bastantes amistades, y muchos de mis amigos viven en la zona norte. A veces, quedar con un amigo para algo tan sencillo como tomar un café, ver una película, ir a cenar, requiere un viaje de 1h30m. Para que nos hagamos una idea, es como si todos los fines de semana (estando en Bilbao) quedase con amigos en Burgos. Y volviese en el mismo día. Un coñazo, señora, no me lo niegue.

Y, aparte de razones puramente sociales, hay una larga lista de otros motivos que se han ido acumulando desde que llegue:

  • A menudo tengo que visitar el Laboratorio Nacional de Argonne (a 45km de la universidad), donde trabaja mucha de la gente involucrada en investigación Grid por estos lares, y estoy a la merced de un autobús que solo hace cuatro viajes en el día desde la universidad al laboratorio (y el último autobús de regreso sale a las 17:30).
  • Cuando voy a una conferencia, evidentemente no puedo alquilar un coche para moverme a mis anchas, y tengo que depender de taxis todo el rato (luego me los reembolsan, pero es un rollo).
  • La inefable Lisa Childers, co-autora de mi libro, vive en los suburbios de Chicago. Quedar para cenar en su casa, o atender la ocasional juerga con la gente de Globus, es toda una aventura. Si voy en tren, tardo unas dos horas en llegar desde Hyde Park. Y como es un tren de cercanías con una frecuencia irrisoria (cada 1 o 2 horas) pues hay que planificar el viaje con antelación. Y, siendo lo que son las distancias en EEUU, pues el tren de cercanías no me deja “cerca” de la casa de Lisa. Hay que venir a recogerme, y a la vuelta hay que llevarme de vuelta a la estación (o, el fin de semana, cuando la frecuencia es incluso peor, hay que encontrar a alguien que me lleve de vuelta a Hyde Park).
  • Los alrededores de Chicago están rodeados de lugares que me encantaría visitar, sobre todo varios parques naturales y el observatorio Yerkes. Pero, sin coche, imposible. A esos lugares no te lleva ni el tren de cercanías.
  • Desde que vine a EEUU, tengo ganas de hacer un auténtico y genuino road trip americano (a ser posible, con los 4 magníficos; ya sabéis quienes sois y espero que recordéis que esto lo hablamos en una ocasión :-D ). Pero para hacer un road trip pues hace falta saber conducir y tener coche.
  • Etc., etc., etc.

Por lo tanto, como ya he dicho al principio, me he decidido a aprender a conducir y a comprar mi primer coche. Sacarse el carnet en EEUU es, en general, bastante sencillo, aunque varía en cada estado. En Illinois, el coste del carnet de conducir es $10 (7.5€ al cambio). Esto incluye el examen teórico, el práctico, las pruebas médicas, etc. Ambos examenes (el teórico y el práctico) se hacen el mismo día y sin cita previa (los resultados del teórico se saben instantáneamente y, si apruebas, pasas a hacer el práctico). En mi caso es un poco distinto, porque primero tendré que hacer el teórico para disponer de un permiso provisional que me permite conducir con otra persona (es decir, no es posible realizar clases prácticas sin el permiso provisional). Cuando ya me sienta cómodo detrás del volante, pues podré hacer el práctico. Y después de eso, a buscar coche, seguro para el coche, etc.

Pero bueno, todo eso ya lo iré contando aquí. De momento, lo más inmediato es sacarse el examen teórico, que seguramente haré la semana que viene. En el estado de Illinois basta con empollarse las Illinois Rules of the Road para el teórico y, de momento, no lo veo muy complicado… En fin, ya os contaré aquí que tal me va en el examen :-)

P.D.- Visto lo que he dicho en este post sobre las distancias en Chicago, y lo que se tarda en llegar de una punta de la ciudad a la otra punta, me parece un buen momento para recordar que Chicago es una ciudad muy grande. Tiene un área de ~600km² (Bilbao tiene ~40km², el Gran Bilbao tiene ~500km², y Madrid tiene ~600km²). La ciudad tiene, estrictamente, “sólo” 2,8 millones de habitantes (menos que Madrid), pero el área metropolitana de Chicago, denominada “Chicagoland” (de la misma manera que nos referimos a Bilbao y alrededores como “Gran Bilbao”) tiene una población de casi 10 millones (el Gran Bilbao tiene una población de ~900,000 habitantes). Para que nos hagamos una idea, Chicagoland tiene más población que los 10 estados menos poblados de EEUU juntos (Wyoming, Vermont, Dakota del Norte, Alaska, Dakota del Sur, Delaware, Montana, Rhode Island, Hawaii, y New Hampshire), y más habitantes que países como Suecia, Austria, Suiza, o Israel.