Archive for the 'Life in Chicago' Category

El doctorado está bien, pero…

Ayer estuve en la Universidad de Deusto para dar mi ya habitual charla de julio. A lo largo del día hablé con la ínclita R (comentarista ocasional del blog) que, tras ponerle al día de cómo me iba todo en EEUU, me dijo que en el blog doy una visión muy romántica y optimista del doctorado en EEUU: muchos más recursos que en España, un sueldo digno, aventuras científicas, congresos, vivir la vida universitaria americana, charlas de investigadores famosos, etc. Todo eso es cierto, pero también tiene su lado negativo, al que sólo he aludido en una ocasión. Aunque suelo ser una persona generalmente optimista reconozco que, como me dijo R, puede haber gente que lee el blog y se imagina que lo del doctorado en EEUU es una gozada de principio a fin. Pues bien, para variar un poco, voy a ponerme pesimista y hacer un repaso de las cosas malas sobre hacer un doctorado en EEUU (al menos las que sufro y padezco yo; a otras personas seguro que le incordian cosas distintas)

  • Es mucho trabajo. La respuesta breve estandar a “¿Cómo es el doctorado en EEUU?” suele ser “Está muy bien, te exigen mucho y hay que trabajar mucho, pero está muy bien”. Sin embargo, me da la impresión de que a veces ese “hay que trabajar mucho” no termina de calar. Así que para ser claros: trabajo en mi tesis 10-12 horas al día, 6-7 días a la semana. Raramente tengo un fin de semana “entero” libre, y las vacaciones son contadisimas: las vacaciones más largas que me he pillado en los cuatro años que llevo en EEUU no exceden la semana de duración, y siempre en navidades. El resto del año de vez en cuando me concedo el capricho de pillarme un fin de semana de 3 o 4 días. Puede sonar a explotación laboral, pero no lo es, porque prácticamente todo ese trabajo me beneficia a mi, porque estoy trabajando en mi tesis (es decir, que el jefe, o “explotador”, vengo a ser yo). No hay un contrato que me diga que tengo que trabajar eso (o menos), ni hay un sindicato de estudiantes porque sinceramente no nos sentimos explotados. Es sencillamente la cantidad de trabajo que hay que meter para doctorarse aquí. Y punto.
  • El mundo científico no es el mundo del colegueo. Cuando llegué a EEUU, yo me imaginaba que el mundo de la ciencia era un club de colegas donde un montón de científicos cogidos de la mano trabajaban por el bien de la humanidad. No niego que, para muchos de nosotros, esa sea nuestra motivación abstracta, pero en la práctica el mundo de la ciencia es igual de competitivo (o más) que el mundo empresarial. Por ejemplo, hay que producir artículos, hay que presentarlos en las mejores conferencias (léase: las más competitivas), y hay que tenerlos listos para ayer. ¿Por qué? Por un lado, porque hay que convencer al gobierno de que te dé dinero para investigar, y para ello tienes que haber publicado más artículos y en mejores conferencias que el resto de grupos que se presentan para la misma beca. Por otro lado, tú mismo querrás conseguir un buen trabajo después de doctorarte, y para eso cuentan bastante las publicaciones y otros méritos donde habrás tenido que competir contra otras personas. Las publicaciones no son el único criterio, pero si uno muy importante y donde más se nota la competición.
  • La vida personal suele quedar en segundo plano. Yo soy de los que creen que hay que encontrar un balance entre la vida profesional y la personal, y que no se puede sacrificar una por otra. Sin embargo, tengo que admitir que es muy jodido mantener ese balance cuando tu trabajo consume tanto tiempo. Estos dos últimos años he visto como varios amigos de Bilbao ya se han casado (o están co-habitando con su pareja), y alguno incluso ya tiene un crío en camino. Yo me siento como que me estoy quedando atrás en ese sentido (aunque, como me corrigió un amigo en Bilbao, “ya, pero te estás adelantando en muchas otras cosas”), y que tendré que pillar carrerilla cuando me doctore…
  • Y la de cosas que me han pasado que no cuento en el blog… Como saben los lectores “de toda la vida”, el blog tiene sus límites y todas las cosa de naturaleza personal se quedan fuera (estos lectores lo saben porque son los amigos de toda la vida con lo que tengo ocasión de quedar en persona para contarles todo lo que no cuento aquí). Sólo diré que en el doctorado me ha tocado pasar por situaciones muy intensas (e incluso por cabronadas de espanto). Gustosamente se lo cuento a la gente que quiera escucharme en persona :-)

En fin, en este post estoy siendo negativo a propósito. Reitero que hacer el doctorado en EEUU es, para mi, un verdadero privilegio a la que pocas personas pueden acceder, y que no me arrepiento ni una iota de haber decidido, hace cuatro años, de dejar Bilbao para irme a vivir a Chicago. De hecho, estoy seguro que muchos doctorandos en España se cambiarían conmigo sin pensarselo dos veces. No olvidemos que, en España, los doctorandos generalmente ni se les paga un sueldo digno, ni pueden trabajar a tiempo completo en su tesis, ni se les proporcionan los recursos adecuados para su investigación. Todo lo que he dicho arriba no es para quejarme de vicio, sino para que no quede duda de que, a pesar de todas las ventajas que supone hacer el doctorado en EEUU, también tiene su coste (y si estás pensando en hacer el doctorado en EEUU, ten muy claro en qué te estás metiendo).

Post invitado en el blog de Google Code

Como mencioné en un post anterior, hace un par de semanas el ACM Student Chapter de la Universidad de Chicago organizó una visita a las oficinas de Google en Chicago. Como co-organizador de la visita, y mentor de Google Summer of Code, la gente de Google me pidió que escribiese una crónica de la visita para el blog de Google Code (más concretamente, el que versa sobre temas open source). El susodicho post invitado ha sido publicado hoy: The University of Chicago Meets Google.

Visitando Google

Me parece que nunca lo he mencionado en el blog, pero desde hace unos meses soy el secretario del ACM Student Chapter de la Universidad de Chicago (secretario en el sentido ejecutivo, no en el sentido “¡Sónsoles, traigame un café!”). La razón por la que me involucré con la asociación de estudiantes fue por la misma razón por la que me involucré con el e-GHOST cuando estaba en Deusto: para ayudar a organizar eventos interesantes, formativos, y libres que beneficiasen a toda la comunidad universitaria (aunque especialmente a la comunidad estudiantil). De hecho, una de las cosas que me “decepcionó” de la Universidad de Chicago (y lo digo entre comillas, porque aquí en Chicago me han pasado tantas cosas buenas que las decepciones sólo vienen en dosis pequeñas) era que no había ningún equivalente al e-GHOST. Ningún grupo de hackers, geeks, frikis, y/o hacktivistas con ganas de liarla (en el buen sentido de la palabra). Sin embargo, hace un año, un grupo de estudiantes se animó a resucitar el “student chapter” de la ACM (que llevaba unos años latentes), y yo me ofrecí voluntario para encargarme de los temas administrativos (algo que, al parecer, se me da bien; seguro que hay más de un fantasmiko que recuerda las batallas épicas que tuve con la Deustocracia, o todas las movidas que tuvimos durante la primera visita de Stallman a Bilbao xD ).

Desde que se resucitó el grupo, bajo el liderazgo de Cord Melton y Karl Norby (estudiantes de pregrado en ciencias de la computación), hemos estado organizando todo tipo de eventos, como participar en el concurso de programación ICPC, montar LAN-parties cada 2-3 semanas, y un “evento grande” cada trimestre. Este año, nuestros “eventos grandes” fueron un panel sobre inteligencia artificial (en el otoño) y mi charla de introducción a la Computación Grid (en el invierno). Cuando llegó el trimestre de primavera, se nos ocurrió que en lugar de hacer un evento tipo charla/panel/mesa redonda/etc., igual podríamos organizar una “excursión” fuera de la universidad (¡chupiguay! ¡cómo en la escuela!). Alguien (sólo recuerdo que no fui yo) lanzó la idea de proponer a Google una visita a sus oficinas de Chicago (sí, tienen una oficina en Chicago llena de ingenieros).

Como secretario, me tocó mover hilos y, tras contactar con unas cuantas personas, los Google-eros Chicaguenses acordaron recibirnos un día en sus oficinas. Eso sí, que nadie piense que esto fue el fruto de hábiles y arduas negociaciones. Google suele venderse como una compañía de buen rollo, y tengo que admitir que no es una cortina de humo para quedar bien. La gente de Google con la que contacté estuvo inicialmente entusiasmada por la idea de recibir a varias docenas de estudiantes de pregrado y postgrado en sus oficinas. Me parece que en el segundo o tercer e-mail que me mandaron ya dijeron “Por nuestra parte, esto ya está en nuestra agenda”, comprometiéndose a organizar la visita. A ver, entiendo que para ellos es una manera de “impresionar” a estudiantes que pueden acabar trabajando para ellos (que ya se que en todas las casas se cuecen habas), pero organizar una visita también es un curro considerable y ellos se encargaron de prácticamente todo, mostrando siempre entusiasmo y buen rollo. A saber, nos organizaron una visita con:

  • Comida gratis a mansalva
  • Una sesión de “charlas relámpago” en la que hablaron ingenieros de Google y estudiantes de la universidad admitidos a Google Summer of Code
  • La oportunidad después de la charla de hablar con los ingenieros tranquilamente (fuera de un turno de preguntas) mientras nos zampábamos la comida
  • Todo tipo de mercancía Google incluyendo, no es coña, barra de labios “cacao” marca Google.

Al final acabamos yendo el pasado jueves unas 30 personas de la universidad, y fue una visita memorable. Las charlas fueron muy interesantes, conocimos a gente fascinante, y pudimos ver el interior de una oficina de Google (que es tan colorida e informal como las pintan). Karl tiene un relato más completo en su blog, y en mi galería podéis ver unas cuantas fotos.

Extranjero. Soy un ex-tran-je-ro.

Por aquí no les entra en la cabeza que soy extranjero. Poco después de mudarme a Chicago, el gobierno americano va y me enlista en la reserva militar, tras lo cual tuve que enviar una amable carta indicando que no soy ciudadano americano, y eso de pertenecer a la reserva americana… pues mire señora, casi mejor no. Hecho eso, pues me imaginé que igual se habían dado por aludidos, sobre todo teniendo en cuenta que todavía me hacen esperar en la cola de extranjeros en el control de inmigración del aeropuerto.

Pues no. Hoy al llegar a casa me encuentro con un sobre en el que pone prominentemente “OFFICIAL JURY SUMMONS”. Efectivamente: ¡me han convocado para formar parte de un jurado! ¡Como en las películas! Eso sí, a pesar de lo muchísimo que me gustaría estar en un auténtico y genuino jurado americano, en plan Doce Hombres Sin Piedad, pues es algo que evidentemente está reservado únicamente a ciudadanos americanos. Me toca llamar para aclarar (de nuevo), que no, que no soy ciudadano americano, leñe.

¿Cómo pueden cometer un error tan garrafal? Sencillo: Aquí en EEUU les gusta la descentralización de la administración pública. A diferencia de España, los distintos niveles administrativos (federal, estatal, de condado, y municipal) mantienen bases de datos totalmente separadas y estancas. Y, aunque el gobierno federal sabe de sobra que soy un extranjero (porque la inmigración es competencia del gobierno federal), y también lo sabe el nivel estatal (porque quien me expidió el carnet de conducir fue el Estado de Illinois, e indiqué que soy extranjero al sacarmelo), pues el condado de Cook County (en el que se sitúa Chicago, y el nivel responsable de organizar los jurados para los juicios) todavía no se ha enterado. Me huelo que el gobierno municipal de Chicago tampoco se ha enterado, y que me convocarán para formar parte de una mesa electoral en Noviembre…

¡Terremoto!

Impresionante. Ha habido un terremoto en Illinois de magnitud 5.2, que ha llegado a sentirse en Chicago. El temblor ha ocurrido a las 4:37am, y fue lo suficientemente intenso como para despertarme. Cuando ocurrió, sentí que mi cama estaba temblando ligeramente pero, estando medio-dormido, ni se me ocurrió que podía ser un terremoto. Yo que sé… igual era un avión (vale tendría que estar volando muy bajo para causar ese efecto), o los vecinos (cuyo dormitorio está al otro lado de la pared de mi dormitorio) estaban involucrados en actividades… ajem… conducentes a ese tipo de temblores. Pero bueno, me levante, bebí un poco de agua, y me volví a la cama. Y, al despertarme, me encuentro con varias noticias hablando del terremoto, y varios amigos chicaguenses online diciéndome que ellos habían sentido el temblor, y a ver si yo también.

Por cierto, los terremotos en Illinois no son tan tan raros (aunque este es el primero que padezco yo aquí). El estado de Illinois (y muchos estados contiguos), están a merced de la Falla de Nuevo Madrid que, aunque no tan inestable como la Falla de San Andrés en California, todavía provoca bastante actividad sísmica (aunque la mayoría es imperceptible por el ser humano).