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Crónica de un día en el CERN

Ahora que ya me quedan unas pocas horas -laborables- en el CERN (vuelvo a Bilbao el domingo), voy a dedicar un poco de tiempo al weblog. Bastantes personas me han comentado antes del viaje, o durante el viaje, que no se imaginan como debe ser el día a día en un lugar en el CERN. ¿Te pasas el día entero acelerando particulas? ¿Venden tarros de neutrinos en la tienda de regalos? ¿Están las distorsiones en el espacio/tiempo al orden del día? La verdad es que el CERN es un lugar increible, pero la rutina cotidiana tampoco es de ciencia-ficción. Para aclarar todo esto, voy a realizar una crónica de lo que es (para mí) un día normal en el CERN, con abundancia de enlaces y fotos.

El día comienza más o menos sobre las 7:30. No me he traido despertador ni aprovecho la alarma del móvil. Realmente no me hace falta porque sobre esa hora es cuando mi reloj biológico pone en marcha toda la maquinaria. Además, no tengo que ‘fichar’ a ninguna hora concreta. Siempre y cuando realice diligentemente mi trabajo, puedo entrar a las 10:00 si me da la gana.

Me levanto. Miro por la ventana. Desde mi habitación en el hostal del CERN (edificio 39 del CERN) tengo una vista bastante buena de las montañas Jura. Una ducha rápida. Sin prisa pero si pausa, voy a desayunar al Restaurante 1 (edificio 501 del CERN), a escasos metros del hostel. Un croissant y una napolitana después, subo rapidamente al hostal, cojo el portatil, y emprendo el camino hacia mi puesto de trabajo, pasando por varias calles con nombre de físicos famosos (como la Calle Albert Einstein o la Calle Isaac Newton).

Lo bueno de hospedarte dentro del CERN es que puedes ir andando a trabajar. En unos diez minutos puedo plantarme en el edificio 600, mi base de operaciones durante estas tres semanas. Además, en el paseo hasta el susodicho edificio tengo unas vistas aun más impresionantes de la montañas Jura. En esta epoca del año todos los picos están nevados, a diferencia de septiembre, cuando no había nieve por ningun lado. Me doy cuenta en esos momento que la Suiza que vi en septiembre fue una Suiza descafeinada y sin nieve, y me alegro de poder contemplar estas impresionantes montañas en toda su gloria y esplendor. De hecho, el primer día que las vi cubiertas de nieve, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “Joder, parecen las almenaras de Gondor“. Algunas mañanas casi te esperas ver una hogera en alguno de los picos (momento en el cual, por supuesto, ¡acudiría al auxilio de Gondor!)

Llego al edificio 600, que más que un edificio es más bien un barracón situado al lado del edificio 31 (uno de los principales edificios de la división de Information Technologies del CERN). Entro en mi despacho, compartido con varias personas. Me siento en mi sitio y enchufo el portatil. Primera tarea todas las mañanas: “apt-get update” seguido de un “apt-get dist-upgrade -u”, todo ello a unos 300KB/s, una velocidad bastante normalilla teniendo en cuenta que he llegado a bajarme cosas a 800KB/s por estos lares. Miro el correo. Leo EL CORREO DIGITAL para ver si pasa algo interesante en el distante hogar. Y me pongo a trabajar, por ejemplo, en la nueva version de The Globus Toolkit 3 Programmer’s Tutorial.

La mañana transcurre sin muchas novedades y, además, termina pronto, porque aquí se come a las 12:30. Estos helvecios están majaretas, como diría Obelix. Pero bueno, “While in Rome, do as the Romans”. Suelo ir a comer con dos programadores del CERN de mi edad, uno portugues y otro austriaco, al Restaurante 2 (edificio 504), convenientemente situado a 60 segundos del edificio 600. Curiosamente, la frontera franco-suiza pasa por la carretera que hay que cruzar desde el edificio 600 al edificio 504. Puedo alardear de cruzar la frontera todos los días para comer “porque sirven mejor comida en el pais de al lado”. La comida del Restaurante 2 está bien, pero se echa de menos un poco de variedad. En este restaurante tienen mucha afición por los platos rimbombantes y, siendo una persona de gustos sencillos (eufemismo para ‘quisquilloso a la hora de comer’), opto por platos más estandares (salchichas, pizzas, lasagna, etc.). Después de comer, un cafelito. Desgraciadamente, aquí no saben lo que es el ‘café con leche’, y siempre acabo tomando algo con demasiado café o demasiada leche. Menos mal que un día estuve en la cafetería del edificio Atlas y pude degustar un café con leche hecho y derecho, gracias a la presencia de camareras españolas que saben la proporción exacta de café y leche (¡y de espuma, muy importante!) que debe tener el café con leche.

Tras el cafelito, vuelta al trabajo sobre las 13:30. Joder, a esa hora estaría yendo a comer en Deusto, y no volvería hasta las 15:30. Es verdad que lo que se echa de menos siempre son las cosas pequeñas… En fin, la tarde también transcurre sin muchas novedades. Eso sí, poco después de volver de comer suelo notar como mi mente empieza a proyectarse hacia dimensiones alternativas. A mi cuerpo no le ha bastado con el horrible brebaje que han intentado colarme como café y pide cafeina. Ni corto ni perezoso, me dirijo a la máquina de Coca-Cola más cercana, situada en el Centro de Calculo del CERN (edificio 513). En el pasillo que une el edificio 31 y el edificio 513 me encuentro siempre con una curiosa broma que han colocado los informáticos. Aprovechando que estoy en el Centro de Cálculo, a veces me paso por la galería de visitantes, desde la que se puede ver la impresionante sala principal del centro de cálculo, lleno de clusters, supercomputadores, y routers y switches.

Como he dicho, la tarde no da mucho sobre lo que hablar. Sigo trabajando hasta que me de la gana. El edificio está abierto hasta muy tarde, y tengo llave del despacho (y, si lo solicitase, podria utilizar mi tarjeta del CERN para acceder al edificio en horas intempestivas). A veces me vuelvo pronto al hostal, y a veces me quedo en el despacho hasta muy tarde porque no quiero irme sin antes haber terminado lo que estaba haciendo. Al no afrontar una vuelta a casa en metro, puedes plantearte volver cuando te dé la gana.

Cuando estoy plenamente satisfecho con lo que he echo ese día, o sencillamente he acabado hasta los cojones y quiero irme, recojo mis cosas y, antes de irme, compruebo que la papelera siempre está llena de Coca-Colas y de vasos de café… ¿por qué será? Me dirijo al hostal, dejo las cosas en mi habitación, y bajo al Restaurante 1 para cenar. Me toca cenar sólo, porque no conozco a nadie que se quede a cenar en el CERN. Por lo menos este restaurante me gusta más que el Restaurante 2. Hay más variedad, tienen yogures de limón, y además tienen ’semanas temáticas’ (durante la semana texmex me forré a pollo a la barbacoa y a chili con carne). En el Restaurante 1, durante la cena, puedes ver a todo tipo de curiosos personajes. Gente con pinta de haber estudiado bachillerato con Einstein, al típico novato que no sabe como funciona el restaurante del CERN y no encuentra dónde dejar la bandeja (me recuerda a mi primer día en septiembre), a un tipo que parece sacado de Matrix (gabardina negra de cuero incluida), etc., etc. Una de las cosas que más presencio durante la cena es a físicos discutiendo (a veces acaloradamente) sobre Física, dibujando improvisados diagramas en servilletas para apoyar su punto de vista.

Concluida la cena, me dejo caer brevemente por el User’s Office (edificio 61) para utilizar uno de los terminales públicos y navegar un poco por Internet, visitar weblogs, y mirar el correo una última vez antes de ir a dormir. Concluida la sobremesa en Internet, me dirijo a mi habitación. A veces me meto directamente al sobre. A veces me veo un episodio o dos de Futurama (tuve la previsión de traerme unos cuantos episodios en DVD para combatir el aburrimiento). Y tras dormir un mínimo de ocho horas (bastante profundamente, por cierto), comienza un nuevo día en el CERN…

Evidentemente, no todos los días son exactamente así. Casi todos los días hay alguna novedad, alguna particularidad, que diferencia el día un poco de los demás. Por ejemplo, la primera semana estuvo aquí la inefable Lisa Childers, una de las máximas autoridades del Globus Toolkit. Tuve ocasión de reunirme varias veces con ella, e incluso de ir a cenar al exclusivo Café de Paris en Ginebra. Esa misma semana también pululaban por el CERN gente que conozco del CSIC, por lo que por lo menos tuve alguien con quien hablar en castellano. La segunda semana iba a venir Ian Foster (”el padre de la Grid”), con quien ya tenía acordado reunirme para hablar sobre la Universidad de Chicago (Ian Foster es catedrático ahí). Sin embargo, se puso malito en el último momento y no pudo venir. Bueno, por lo menos vino más gente del CSIC y pude seguir ejercitando el castellano. La tercera semana no ha tenido ninguna novedad espectacular, aunque fue la semana en la que aprendí DocBook y lancé una nueva versión de The Globus Toolkit 3 Programmer’s Tutorial basada en DocBook (un lenguaje que mola, mola mazo).

Así que, ya veis, estar en el CERN tampoco es como vivir entre las páginas de una novela de Asimov, pero sigue siendo una experiencia increible que no dudaría en repetir en cuanto se me presentase la oportunidad. Y eso a pesar de que no me dejan jugar con los neutrinos del acelerador de particulas

Bohemian Rhapsody en Montreux

El fin de semana pasado por fin me escapé del CERN para hacer un poco de turismo. El sabado me di un par de vueltas por Ginebra, y la verdad es que ese día transcurrió sin mayor novedad. Lo realmente importante, lo que realmente fue una experiencia religios, fue lo acontecido el domingo.

El año pasado cometí una neglicencia imperdonable, y el domingo por fin pude enmendarla. Durante mi estancia de septiembre, visité el agradable pueblo de Montreux (concretamente, para visitar el Château de Chillon), y no cai en la cuenta de que, de todos los agradable pueblos de la riviera suiza, es precisamente en ese donde pasaba largas temporadas Freddie Mercury. Precisamente ese en el que se encuentra la famosa “Estatua de Freddie Mercury junto al lago“.

¿Cómo no pude darme cuenta? ¿Cómo pude pasar por alto una oportunidad de rendir respeto y pleitesía a uno de los grandes músicos de este siglo? Esto no puede quedar así, me dije a mi mismo, la próxima vez que vaya al CERN voy a ver la estatua, caiga quien caiga.

Empeñado en enmendar el agravio, me compré un billete de tren para Montreux (una hora desde Ginebra) para poder llevar a cabo la tan esperada peregrinación…

Al bajar del tren en Montreux, andé unos escasos 50 metros hasta llegar a la orilla del Lago Leman. Miro hacia la izquierda. No, ahi no está la estatua. Miro hacia la derecha. No, ahí tampoco. Maldición, por qué no compré un puñetero mapa. Me lo juego a cara o cruz, y emprendo el camino de la derecha. La suerte me sonrie, porque al poco de seguir la orilla del lago, ahí está. En toda su gloria y esplendor. Una imponente estatua de Freddie Mercury, totalmente en plan wiwolwiwolroquiu. Siento en mis entrañas ese extraño cosquilleo que se manifiesta cuando uno está ante un momento especial.

Sin embargo, algo como esto no puede quedarse en “Pues es bonita la estatua, que bien…”. Vengo preparado con el reproductor de MP3 lleno a rebosar de canciones de Queen. La primera que escucho delante de Freddie, por supuesto, es Bohemian Rhapsody. Es en ese momento cuando me percato de lo extravagante del momento: Estoy en la riviera suiza, sentado en la orilla del Lago Leman, escuchando Bohemian Rhapsody delante de una estatua de Freddie Mercury. Si me lo llegan a decir hace un año, no me lo creo.

Pero claro, tampoco podía pasarme hora y pico escuchando MP3 delante de Freddie. Aparte de hacerle fotos a la estatua desde todos los angulos imaginable (ver galeria), decido pasear por Montreux durante un par de horas. La verdad es que las vistas del lago, y de las montañas que rodean el lago, son impresionantes (fotos).

En fin, después de saciar mi afán paseador, vuelvo a la estatua y escucho una última canción con Freddie como único acompañante. We Are The Champions. Y en el tren de camino a Ginebra, más canciones de Queen.

Impresionante. ¿Qué más puede pedir un fan de Queen?

¿Qué tal en Suiza? Frio…

Todo el mundo me está preguntando a ver que tal por Suiza, y a todo el mundo le respondo lo mismo: frio. Sinceramente, no hay mucho más que contar, porque me estoy dedicando principalmente a trabajar, trabajar, trabajar. Y es que con el frio (temperaturas bajo cero) que hace ahora mismo en Ginebra, lo de salir a dar un paseo y hacer turismo no apetece mucho (con lo bien que se está en la habitación del hotel…) El fin de semana pasado lo pase entero en el CERN, simplemente por la pereza de no ir a pasar frio en las calles de Ginebra…

Es lo bueno (y malo) del CERN. Es como un catalizador de trabajo. Cuando estás aquí te sientes animado y entusiasmado por trabajar, y en las últimas dos semanas he hecho lo que normalmente me habria tomado dos meses (¡hoy he sacado una nueva versión beta del tutorial de programación de Globus!). Y digo que eso es lo ‘malo’ del CERN porque tampoco hay que pasarse… esto está bien en pequeñas dosis… no sé que le podría pasar a mi salud si estuviese aquí durante dos meses.

Eso sí, como parece que el tiempo ya empieza a mejorar (se supone que el domingo ya se acaban las temperaturas bajo cero), este fin de semana voy a ver si consigo aprovechar para hacer un poco de turismo. El sabado voy a patearme Ginebra y voy a ver si visito un par de museos interesantes (el sabado seguirá haciendo frio… mejor hacer turismo ‘de interiores’). Y el domingo, a Montreux, ¡a ver la estatua de Freddie Mercury! (el año pasado ya estuve en Montreux y cometí el imperdonable error de no darme cuenta de que es en esa ciudad suiza donde está la estatua de Freddie Mercurie).

Vamos, que espero tener cosas más interesantes que contar el lunes (espero que con abundantes fotos).

De nuevo en el CERN

Bueno, el lunes regrese al CERN, donde ya pase un par de semanas el anyo pasado (me estoy conectando desde un ordenador ’suizo’, asi que ni enyes ni acentos…) Sigo alucinando y flipando con este lugar. Es increible el buen ambiente de trabajo que hay, y lo bien organizado que esta todo. Esta vez voy a quedarme tres semanas y, aun asi, se me van a hacer cortas…

Al igual que la ultima vez, estoy aqui para investigar en temas de grid. Estare haciendo un poco de todo… trabajar en mi tutorial de programacion con Globus, intentar sacar adelante otros proyectos, reunirme con gente, etc, etc.

Bueno, no voy a escribir nada mas… ahora mismo estoy un pelin molido despues de un duro dia de trabajo (eso si, sarna con gusto no pica :-P ) Despues de lo que paso el domingo, estaba con ganas de escribir un laaargo articulo sobre la victoria socialista y sobre el efecto del ‘voto castigo’ (y, de paso, haciendo hincapie en que a Aznar le van a echar de menos cuatro gatos y el apuntador…). Pero no se si voy a tener ni tiempo ni ganas…

Eso si, espero poder tomarme un poco de tiempo para escribir sobre esa noticia que tengo guardadita desde hace tiempo (la noticia por la que lleve pastelitos a la uni…) porque hace poco me la confirmaron de manera totalmente oficial. Ah, y tambien ire colgando fotos en cuanto tenga oportunidad de recorrer algun paraje suizo.

P.D.-Joer, pero como mooooola el CERN! :-D